La joyería se ha convertido en una protagonista inesperada en el torneo de Roland Garros celebrado estos días en París. Y todo gracias a la tenista bielorrusa Aryna Sabalenka, actual número 1 del mundo. Sabalenka, quien fue eliminada de la competición en cuartos de final tras perder contra Diana Shnaider, ha normalizado llevar joyas de diamantes durante sus encuentros deportivos. Hace solo unas semanas ocupaba titulares de todo el mundo al jugar con un impresionante doble collar de granates y diamantes, una pieza que combinó con unos pendientes de a juego, un conjunto que ha sigo llevando hasta su despedida del torneo. La elección del granate como piedra preciosa no fue casual, sino un guiño a la tierra batida de Roland Garros, de color rojo arcilloso. Solo los pendientes tienen un precio de 12.500 dólares. La cuantía del collar solo está disponible bajo petición, como suele suceder con la alta joyería más lujosa. El caso de Aryna Sabalenka es quizá el más llamativo, pero lo cierto es que la joyería lleva tiempo presente en el mundo del deporte de élite. En el famoso consultorio de moda Ask Vanessa, donde la crítica y periodista de moda de The New York Times Vanessa Friedman contesta dudas de los lectores, uno de los temas a tratar recientemente fue precisamente la presencia creciente de joyas entre tenistas profesionales. Una tendencia que se extrapola también a atletas de otras disciplinas. “He notado en los últimos dos años que las jugadoras de tenis han empezado a llevar más joyas en la pista, y eso parece ser una tendencia cada vez más popular entre atletas en general. Siempre pensé que las joyas estorbaban para hacer deporte pero ahora parece que cuanto más brillantes, mejor. ¿Qué ha cambiado?”, se preguntaba una de las lectoras del diario. Los diamantes de Sabalenka no solo responden a su amor por las joyas, también a un contrato con la firma de joyas Material Good. La propia bielorrusa, conocedora del interés que despiertan sus apariciones en la pista, compartió en sus redes sociales varias imágenes en las que anticipaba las lujosas piezas que tenía planeado llevar en Roland Garros. En el Master de Tenis de Roma y Madrid o en el grand slam de Australia tampoco renunció a llevar jugar con piedras preciosas. Sabalenka no es la única que lleva diamantes poderosos en la pista. En España, la tenista Paula Badosa también suele decantarse por piezas llamativas, como pendientes largos o gargantillas. De hecho, en mayo de 2025 lanzó una firma propia de joyas, llamada Aces by Paula Badosa, en colaboración con The 1916 Company. El nombre es una clara referencia al mundo del tenis, donde un ace es un saque válido en el que el contrincante no puede tocar la pelota con la raqueta. Durante estos meses, Badosa ha sido la mejor embajadora del sello y ha jugado en la pista con varias piezas de la marca, como unos pendientes de oro y diamantes con detalles de raquetas, disponibles en dos tamaños desde 1.210 euros. Y entre las atletas españolas, en el exitoso equipo de relevos (conocido como las Golden Bubbles), corredoras como Blanca Hervás o Daniela Fra también suelen competir con sus joyas puestas. “La verdad, siempre llevo joyitas y además siempre son las mismas. De hecho, mi collar de los Juegos Olímpicos lo llevo todos los días puesto y los pendientes son siempre los mismos, son mis pendientes de competición, solo los uso para competir. Me los regaló mi madre y no me los quito en ninguna competición”, cuenta a S Moda Blanca Hervás. “Me gusta competir con joyas porque me parecen que son una parte fundamental de mí. (…) El momento de la competición es el momento del show, el atletismo es un deporte en el que se trabaja mucho todos los días y cuando llega la competición, pues un poco el atleta se quiere lucir y yo creo que, en general, tanto los hombres como las mujeres llegan a la competición y sacan un poco sus mejores galas”, añade la atleta. “Durante mucho tiempo las joyas estuvieron asociadas a momentos especiales, pero hoy forman parte de la identidad de quien las lleva y acompañan todo tipo de momentos. Han dejado de reservarse para grandes eventos y han pasado a formar parte de la rutina diaria”, reflexiona sobre esta moda Alicia Pérez-Agüera CEO y directora creativa de la firma española de joyas Paulet. Para Marisa Hernández, fundadora de eme Jewels, las joyas permiten además subrayar la individualidad de cada uno: “En el deporte, especialmente en disciplinas como el tenis, donde existe una imagen muy cuidada y cierta uniformidad en la vestimenta, las joyas permiten expresar personalidad, diferenciarse y reforzar una identidad propia”. La tenista estadounidense Amanda Anisimova es otro ejemplo dentro de esta tendencia. En agosto de 2025, coincidiendo con el Open de Estados Unidos, la deportista de origen ruso colaboró con Tiffany&Co para lucir la colección Hardware de la firma. En la pista llevó la famosa pulsera de eslabones de oro amarillo, los pendientes y uno de los collares de esta línea. Y si hablamos de tenistas y joyas es imposible no recordar a Anna Kournikova jugando con su gigantesco anillo de compromiso en un torneo benéfico en octubre de 2004. Se trataba de un llamativo diamante talla pera en color rosa con un valor estimado por aquel entonces en 2,5 millones de dólares. Las hermanas Serena y Venus Williams también son mención obligada en lo referente a joyas y deporte. Durante toda su carrera profesional, han llevado grandes joyas durante sus partidos, y sin estar sujetas a contratos publicitarios. Entre sus elecciones, se repetían con frecuencia los pendientes de tamaño considerable hasta los collares convertidos en talismanes, como el que Venus prestó a su hermana Serena en Wimbledon en 2010. Joyas y tenis, la polémicaLas posibilidades de la pista de tenis como escaparate ha impulsado las colaboraciones de firmas joyeras con primeras figuras del deporte, pero lo cierto es que siempre ha habido tenistas que han jugado con este tipo de complementos. Tanto es así que una anécdota ocurrida durante un partido de tenis en los años ochenta ha dado nombre a una de las piezas de joyería más populares: la pulsera tenis. Esta sencilla pulsera formada por una discreta hilera de diamantes y un cierre fue rebautizada a partir de 1987. Todo sucedió cuando la tenista estadounidense Chris Evert, poseedora de 18 títulos de grand slam, mandó parar un partido de tenis en el US Open al darse cuenta de que su pulsera de diamantes se había abierto y caído al suelo. Desde entonces, se conoce a la pulsera con este curioso sobrenombre. Por supuesto, Evert tuvo que lidiar con las críticas, igual que Sabalenka, tachada de ostentosa por lucir diamantes y otras piedras preciosas en la pista de tenis. Sin joyas o con ellas, los comentarios negativos hacia las tenistas son habituales cuando se desmarcan de lo convencional. El debate se remonta casi hasta el mismo origen de este deporte. En 1931, la polifacética tenista española Lilí Álvarez fue pionera a la hora de llevar falda pantalón -diseñada por Elsa Schiaparelli- en la pista de tenis, primero en Roland Garros y más tarde en Wimbledon. Con este gesto desafió el código de vestimenta imperante del torneo londinense, que obligaba a las mujeres a llevar medias y falda larga en la competición, y desató feroces críticas. Serena Williams y Naomi Osaka se han enfrentado también al escrutinio público por sus elecciones estilísticas dentro de la pista. Frente a los comentarios vertidos contra los carísimos diamantes de Sabalenka conviene recordar que el tenis mantiene una estrecha relación con la moda y el lujo. En concreto, con la relojería más exclusiva. Sin ir más lejos, el español Rafa Nadal, por citar un ejemplo conocido, lleva años jugando con los prestigiosos relojes de Richard Mille. La casa suiza ha creado varios diseños exclusivos a medida para el mallorquín, realizados con tecnología puntera para soportar los impactos y las exigencias en la pista. El precio del reloj, según se ha hecho eco la prensa, alcanza el millón de euros, una cifra muy superior a la joyería de la tenista bielorrusa.