El pasado 5 de mayo, la Casa Real difundió fotografías y vídeos de Leonor de Borbón vestida de piloto militar y caminando junto a un caza F-5 tras realizar varios vuelos de instrucción en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier (Murcia). Las imágenes parecían extraídas directamente de Top Gun: mono de vuelo verde oliva, sonrisa serena, planos heroicos, reactores de combate de fondo y la heredera avanzando hacia la cámara con la misma iconografía visual que convirtió a Tom Cruise en mito global del cine de acción en 1986. Apenas 11 días después se cumplían 40 años del estreno de la película de Tony Scott, paradigma de la alianza entre espectáculo audiovisual y propaganda militar. El pasado martes, la heredera saltó en paracaídas desde un C-212 Aviocar y las imágenes y el vídeo corrieron también por las redes y los telediarios.PublicidadLa coincidencia épica y estética con la cinta de Scott resulta demasiado precisa para parecer casual. Como ocurrió con Top Gun y el aumento del reclutamiento de pilotos de combate en Estados Unidos –y en el resto del mundo– tras su estreno, la monarquía española parece haber comprendido el poder emocional de ciertas imágenes para generar adhesión pública. La diferencia es que el objetivo no es reclutar aviadores, sino simpatía generacional hacia una institución envejecida y que parte de la población percibe como corrupta. Leonor no aparece ya sólo como futura jefa del Estado sino como protagonista de una película cuidadosamente diseñada para Instagram, Youtube y X, las redes oficiales que utiliza la Casa Real. En ellas ya no se comunican únicamente actividades institucionales, sino que se producen escenas cinematográficas.Para Víctor Sampedro, catedrático de Comunicación Política y Opinión Pública de la Universidad Rey Juan Carlos, esa construcción visual responde a una estrategia muy concreta: "El tratamiento de la figura en redes de Leonor está pensado para diseñar la imagen de una heredera que toma los mandos, que pilota, que nos defiende en primera línea, pero consiguiendo que esa agresividad belicista no devore al personaje".Monarquía popDesde hace años, la Corona trabaja en la composición pública de Leonor como su principal activo reputacional tras el desgaste provocado por los escándalos de su abuelo, en una operación de reconstrucción simbólica de la monarquía: una princesa que estudia, hace deporte, se entrena con militares, habla idiomas, sonríe con naturalidad y aparenta llevar una vida razonablemente normal. Aunque esa normalidad transcurra entre fragatas, academias castrenses, recepciones diplomáticas y cazas supersónicos. Quiere ser, o intenta parecerlo, la imagen de una monarquía pop.La transformación de la Casa Real en una moderna maquinaria de comunicación digital ha sido especialmente visible desde la crisis sanitaria por la covid. Como si la institución, tradicionalmente rígida y opaca, hubiera entendido desde la pandemia que las redes sociales no son sólo canales de difusión de información sino herramientas de forja emocional. Como si hubiera advertido que no sólo debe competir en legitimidad política, sino también en capacidad para producir imágenes virales que fomenten adhesión. Leonor, por edad, imagen y biografía, es el rostro perfecto para ese objetivo.PublicidadLa cuenta oficial de la Casa del Rey en X mezcla mensajes institucionales clásicos con imágenes cuidadosamente seleccionadas de la princesa: ejercicios militares, encuentros con jóvenes, sonrisas espontáneas, vídeos de maniobras, fotografías aparentemente naturales y una puesta en escena muy distinta de la solemnidad borbónica tradicional. En Instagram, donde las cuentas del Ejército del Aire y la Armada también postean a Leonor, la estrategia se vuelve todavía más evidente: vídeos dinámicos, música épica, planos cortos y fotografías pensadas para circular como contenido aspiracional más que como documentación institucional.En Youtube, la narrativa adquiere formato cinematográfico. Zarzuela ya no distribuye simples piezas de archivo, sino que produce microrrelatos: Leonor pilotando aeronaves, navegando en el Juan Sebastián Elcano, entrenando junto a compañeros de academia, saludando entre risas a otros cadetes... Una especie de NO-DO dominado por el algoritmo, en el que la heredera se mueve entre dos universos simultáneos: el de una joven aparentemente cercana y el de una protagonista de ficción institucional. Una chica de su generación pero que vive una vida imposible: una estudiante universitaria en potencia que, al mismo tiempo, aterriza en bases aéreas, embarca en buques militares y participa en ejercicios de supervivencia. La estética tampoco es inocente: impolutos uniformes de las fuerzas armadas, ropa de deporte informal pero a la moda, disciplina física, aventuras militares, planos heroicos, escenarios espectaculares...PublicidadFigura bélicaSampedro considera que la elección de ese imaginario tampoco es casual. "Han optado por un dibujo bélico de la figura de Leonor, de guerra; no por el de una joven de concordia, pacifista, que se esfuerce en trabajos de cooperación...", señala el catedrático.El fenómeno no termina en las cuentas oficiales. En torno a Leonor han proliferado perfiles oficiosos y cuentas fan en Instagram dedicadas exclusivamente a amplificar esa misma narrativa. Canales como @leonor.de.borbon, @leonor.borbon, @princesaleonorhd o @princesaleonor_, reproducen constantemente fotografías institucionales, vídeos de actos oficiales y montajes musicales que presentan a la heredera como icono juvenil, elegante y cercano. No existe evidencia alguna de vinculación orgánica con la Casa Real, pero lo cierto es que esas cuentas refuerzan de forma sistemática la narrativa visual y emocional impulsada por los canales oficiales, difuminando esa frontera entre comunicación institucional, fandom digital y propaganda monárquica.La estética de muchas de esas cuentas recuerda más a perfiles dedicados a celebridades o estrellas del pop que a una futura jefa del Estado. Leonor aparece editada con filtros, música y montajes que mezclan imágenes militares con planos sonrientes y comentarios admirativos. El resultado es esa princesa híbrida, mitad influencer aspiracional y mitad comandanta en formación, mezcla de disciplina y glamur, institucionalidad y juventud, cercanía y excepcionalidad. Las redes consumen esos contenidos como caramelos: la foto de Leonor vestida a lo Tom Cruise ya tiene cerca de 56.000 "me gusta" en Instagram. El corte de ese día acumula cientos de miles de visitas en el canal de Youtube de la Casa del Rey y en los de los medios de comunicación que lo difundieron. En apenas unas horas, el vídeo en la cuenta de X de la Corona con la heredera entrenando para su salto en paracaídas sumaba el pasado martes más de 182.000 visualizaciones.Público se ha dirigido a la Casa Real para saber si Leonor de Borbón maneja cuentas personales en redes sociales, cuáles son y si, en ese caso, se encarga ella misma de nutrirlas de contenido o éste se decide en Zarzuela. A la hora en la que se terminó de redactar este artículo, este diario no había obtenido respuesta.Cuestionamiento de la monarquíaEl contexto político explica buena parte de la estrategia. España sigue siendo uno de los países europeos con mayor nivel de cuestionamiento hacia la monarquía, especialmente tras la crisis reputacional abierta por Juan Carlos de Borbón. Pero, según varios estudios recientes, Leonor obtiene niveles de valoración mucho más altos que el resto de miembros de la familia real, especialmente entre los jóvenes.Para Sampedro, esta apuesta comunicativa forma parte de una operación más amplia de reconstrucción de la imagen de la institución. "La monarquía está en una ofensiva dirigida a recuperar el terreno perdido por los escándalos de Juan Carlos, la imagen de un señoro pollavieja cuyo recuerdo no saben cómo borrar".PublicidadUn informe de la Universidad de Murcia reveló el mes pasado que la heredera es el miembro de la Corona mejor valorado por los españoles y el que genera menor rechazo entre los más jóvenes. La Casa Real parece haber detectado ahí una oportunidad para sustituir el viejo relato monárquico de la transición por uno nuevo centrado en la juventud, el supuesto mérito, la preparación y la modernidad estética.Algunos expertos en comunicación política señalan que las monarquías europeas sobreviven hoy menos por tradición institucional que por capacidad para asentar un argumentario emocional, afectivo, sensitivo. Ya no basta con heredar la Corona, hay que protagonizar ese relato atractivo. Y en ese terreno las redes sociales son decisivas. Parecería que la formación militar de Leonor está diseñada desde esa lógica, porque cada etapa —Zaragoza, Marín, San Javier, el Juan Sebastián Elcano o los vuelos en un moderno caza de combate— proporciona recursos audiovisuales para esa construcción simbólica mezcla de liderazgo, sacrificio y compromiso.PublicidadFeminismo impostadoLa dimensión de género también forma parte de esa representación. La futura jefa del Estado aparece asociada a valores de modernidad e igualdad, pero Sampedro cuestiona ese encaje: "La Casa Real pretende visibilizarse como feminista, pero es un feminismo liberal, contradictorio, impostado y de cara a la galería. Porque la institución de la Corona es profundamente patriarcal, empezando por la preferencia constitucional por el varón en el acceso a la Jefatura del Estado. Si Leonor o sus padres quieren dárselas de feministas, deberían empezar por reclamar un cambio en la Constitución".En las redes sociales de la Casa Real, la heredera siempre está haciendo cosas. Nunca está quieta. Nunca se aburre. Y nunca, nunca, aparece solemne en exceso. Pero siempre se hace viral. Una princesa que pilota cazas, navega océanos, hace maniobras militares, salta al vacío desde un avión militar y sonríe a las cámaras, vestida de manera idéntica y en la misma exacta pose que el protagonista de Top Gun.
La princesa 'Top Gun': la estrategia de la Zarzuela para blindar a Leonor ante el desgaste de la Corona
La imagen de la heredera diseñadaen las redes sociales de la Casa Real mezcla Hollywood, propaganda institucional y cultura influencer en una operación de reconstrucción emocional de la monarquía.














