La calle Dardo Rocha no se parece en casi nada a Puerta de Hierro, la sede histórica del exilio de Perón. Ubicada en el corazón de Barrio Parque, zona de embajadas, de museos como el Malba y de alto poder adquisitivo, en esas cuadras exclusivas viven desde Susana Giménez, Pampita, Mirtha Legrand a Mauricio Macri. Sin embargo, en el último mes llegó un nuevo vecino y la zona empezó a cambiar. Es que ahora se ven, casi a diario, a distintos popes del círculo rojo desfilando por la casa del recién desembarcado Peter Thiel, en lo que parecería una versión tecnodistópica de lo que sucedía en las afueras de Madrid durante los años del General.
Uno que podría dar fe es ni más ni menos que Juan Grabois. El dirigente peronista entró a la mansión que el dueño de Palantir pagó en alrededor de 12 millones de dólares el miércoles 3 a las 9 y 10 de la mañana. Dos semanas antes León XIV, el Papa que sucedió al mentor del invitado, había presentado su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, en la que abiertamente planteaba “desarmar la IA, sustraerla de la lógica de la competencia militar e impedirle el dominio sobre lo humano”. Por si el destinatario de esa declaración no había quedado del todo claro, el Sumo Pontífice le agregó una cita del “Señor de los Anillos” a su obra: la empresa de Thiel, que tiene multimillonarios contratos con el Pentágono y la CIA, debe su nombre a las “piedras videntes” del clásico de Tolkien. De hecho, la obsesión del nuevo residente porteño llegó al punto tal de que a poco de llegar a Barrio Parque mandó a empapelar los cuartos de sus dos hijos con imágenes de esa película.














