NoticiaUna acción humanitaria permitió realizar una cirugía cuyo costo superaba los 20 millones de pesos.La niña junto con su familia. Foto: CortesíaSUBEDITOR DE JUSTICA05.06.2026 15:56 Actualizado: 05.06.2026 15:56
Durante dos años, la vida de Luz María Orozco Guerra estuvo marcada por una enfermedad que alteró su rostro y puso a prueba la fortaleza de toda su familia. Mientras la menor crecía con un tumor en el lado izquierdo de la cara, sus padres enfrentaban una carrera contra el tiempo para encontrar una solución médica que parecía cada vez más lejana.Manuel Orozco y Julieta Guerra recuerdan con claridad el nacimiento de su hija, hoy de cuatro años. Lo que comenzó como una infancia normal cambió en 2024, cuando detectaron una anomalía física que encendió las alarmas. Tras recorrer consultorios y someter a la niña a diferentes exámenes, recibieron un diagnóstico que transformó su realidad: Luz María necesitaba una intervención quirúrgica especializada para tratar el tumor.A partir de ese momento comenzó una lucha distinta. Más allá de la enfermedad, la familia tuvo que enfrentar los obstáculos para acceder al procedimiento médico. La situación se agravó por las dificultades económicas del hogar y por la condición de desplazamiento que los obligó a abandonar Magangué, Bolívar, debido al recrudecimiento de la violencia, para comenzar una nueva vida en Medellín.La niña a su saldia el centro médico Foto:CortesíaCon el paso de los meses, las opciones parecían agotarse. Sin recursos para asumir una cirugía de alta complejidad y sin respuestas concretas que permitieran acelerar el proceso, Manuel y Julieta se aferraron a la esperanza de encontrar ayuda. Según relatan, mantenían la convicción de que en algún momento aparecería alguien dispuesto a tenderles la mano.Ese apoyo llegó desde una institución inesperada. Profesionales Oficiales de la Reserva del Batallón de Apoyo de Acción Integral y Desarrollo N.° 7 y del Batallón de Infantería N.° 10 conocieron la situación de la menor y decidieron intervenir para buscar una alternativa que hiciera posible el tratamiento.La historia de Luz María fue presentada ante la Fundación SOS y el Hospital San Vicente Fundación. Tras conocer el caso, ambas entidades articularon esfuerzos para gestionar una intervención quirúrgica bajo la modalidad probono, eliminando la principal barrera que enfrentaba la familia: el costo del procedimiento.La niña con uno de los médicos que la atendió. Foto:CortesíaEl 14 de mayo llegó el día esperado. En el Hospital San Vicente, Centro Especializado, ubicado en Rionegro, Antioquia, un equipo médico llevó a cabo la cirugía que permitió corregir la alteración facial que afectaba a la menor. La intervención marcó el final de una espera que se prolongó durante cerca de dos años.De acuerdo con las entidades participantes, el procedimiento se desarrolló bajo protocolos médicos especializados y contempló un manejo integral en las fases preoperatoria, intraoperatoria y postoperatoria. Además, Luz María continuará bajo seguimiento clínico para monitorear su evolución y recuperación.Especialistas consultados durante el proceso señalaron que una cirugía reconstructiva de estas características puede alcanzar costos cercanos a los 20 millones de pesos. Para una familia como la de Luz María, cuyo sustento depende del trabajo de su padre como vigilante mientras su madre permanece dedicada al cuidado del hogar, asumir una suma de ese nivel resultaba imposible. LEA TAMBIÉN Detrás de la operación hubo un despliegue de capacidades técnicas, infraestructura hospitalaria y personal médico especializado que permitió realizar una intervención de alta complejidad. La articulación entre instituciones públicas, fundaciones y profesionales de la salud fue determinante para materializar el procedimiento.“Esta intervención no solo responde a una necesidad médica urgente, sino que representa una oportunidad para restituir condiciones dignas de vida a una menor y a su familia, cerrando brechas de desigualdad en el acceso a la salud”, destacó el mayor Enrique Camilo Diago Benavides, comandante del Batallón de Apoyo de Acción Integral y Desarrollo N.° 7.Hoy, la familia reside en el sector El Playón de los Comuneros, en Medellín, una zona donde habitan numerosas personas desplazadas por la violencia. Allí continúan construyendo un nuevo proyecto de vida, ahora con la tranquilidad de haber superado una de las etapas más difíciles que les ha tocado enfrentar.La historia de Luz María refleja cómo una gestión humanitaria logró conectar necesidades sociales, capacidades médicas y voluntad institucional para resolver un caso que durante años permaneció sin solución. Detrás de los uniformes, los quirófanos y los diagnósticos, quedó el testimonio de una niña que recuperó una oportunidad que parecía inalcanzable.Redacción JusticiaJusticia@eltiempo.com Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











