En Buenos Aires, el poder tiene sus propios rituales de iniciación. Uno de ellos es aparecer en la mesa correcta, rodeado de las personas correctas, en el momento exacto en que el rumor ya no puede más con su propio peso. Mauricio Macri lo sabe mejor que nadie: lleva décadas navegando esa zona donde la política y el mundillo social se tocan, se superponen y se alimentan mutuamente. Por eso no fue casualidad que el blanqueo definitivo de su relación con Dolores "Lola" Teuly no ocurriera en una conferencia de prensa ni en un posteo estudiado, sino en una cena íntima organizada por el relacionista público Gaby Álvarez en Don Julio, la parrilla de Palermo que desde hace años funciona como uno de los escenarios preferidos de la alta sociedad porteña y sus celebraciones.

Don Julio no es solo el mejor restaurante de América Latina, como consagró la lista 50 Best en 2024. Es también un código. Quien reserva en sus mesas de Guatemala al 4699 sabe que está eligiendo un espacio donde la carne y el vino de autor conviven con la visibilidad controlada: lo suficientemente exclusivo para blindar la intimidad, lo suficientemente visible para que la foto circule. Gaby Álvarez, el RRPP de trayectoria legendaria que supo manejar los megaeventos del jet set en Punta del Este y que hoy sigue siendo un articulador nato de los círculos VIP porteños y madrileños, conoce ese equilibrio como pocos. Sus cenas son siempre una operación de ingeniería social: la lista de invitados nunca es inocente, los encuentros que propicia tampoco.