NoticiaHace algunos años, el cantante fue diagnosticado con Síndrome de Parkinson. Así fue su vida y obra.Indio Solari Foto: LA NACIÓN05.06.2026 08:54 Actualizado: 05.06.2026 08:56 PERIODISTA05.06.2026 08:54 Actualizado: 05.06.2026 08:56
Hay artistas que reflejan su época y hay otros, escasísimos, que la inventan. Carlos Alberto Solari, “El Indio”, pertenecía a esa estirpe de creadores que no se limitaron a musicalizar el subsuelo de una nación, sino que tradujeron sus dolores, sus cinismos y sus secretas esperanzas en un evangelio de masas. Este viernes, 5 de junio, murió el cantante miembro fundador y cantante de los grupos Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y El Míster y los Marsupiales Extintos. Tenía 77 años y padecía Parkinson. Su muerte no solo cierra una página dorada del rock en español; clausura el último gran misterio de la cultura popular argentina. Desaparece un letrista críptico y un vocalista formidable, pero también el creador de un fenómeno socio-cultural inédito a nivel global. El hombre que se rehusó a las reglas de la industria y terminó fundando su propia mitología.Según supo LA NACION, se montó un operativo en su domicilio, en la localidad bonaerense de Parque Leloir, donde los médicos declararon su muerte. No se señalaron otras causas de muerte que no sean el Parkinson. Indio Solari Foto:LA NACIÓNEn febrero, sus allegados y familiares habían desmentido, a través de su cuenta de Instagram, que el cantante hubiera sufrido un ACV y aclararon que se estaba sometiendo a chequeos de rigor.Fue en 2015 cuando el Indio Solari contó que lidiaba con una enfermedad. “No es cáncer ni sida”, dijo en Vorterix. En ese espacio, el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota también comunicó que alejaba de los escenarios por tiempo indefinido. “Hay días en que me quiero matar y hay días que ni se nota. Hay dolor, hay malhumor... Es la vida. Y esto es una cagada: he visto sufrir a la gente de una manera inmerecida. No tengo miedo. La curiosidad es más grande que el miedo”, sumó entonces.El 12 de marzo del año siguiente, durante un recital en Tandil, anunció frente a su público: “Se dice por ahí que tengo una enfermedad. Sí, es verdad, Mr. Parkinson viene pisándome los talones. Pero bueno. Así es la vida”.Con el paso de los años, el músico se refirió al tema en distintas ocasiones. En 2022, en el marco de la gira española de su banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en la que participó de forma virtual, brindó una entrevista a la radio Rock FM y fue claro: “Se nota la progresión del mal de Parkinson”, admitió y explicó que mitigaba los efectos distrayéndose con actividades como la pintura o la escritura, que le permitían “apartar de su cuerpo el dolor”.Solari describió la enfermedad como una dolencia que “es muy jodida e invalidante”, aunque reconocía que contaba con tratamiento: “Por el camino se va notando la progresión, el éxito que va teniendo el profesor Parkinson con mi vida, pero tengo la posibilidad de hacer un tratamiento que me mantiene hace como siete años”.Indio Solari Foto:LA NACIÓNEn relación a su día a día, detallaba: “Estás todo el tiempo contracturado. A mí no se me da por temblar, me agarra alguna contractura que quedo como de yeso. Es una de las problemáticas sociales, pero me da por pensar lo que pasa con un tipo que tiene la misma enfermedad que yo y que no tiene kinesiólogo ni pileta de agua tibia para hacer sus gimnasias de elongación. Debe ser un sufrimiento mayor”.Sobre el impacto anímico del Parkinson, expresó: “Los amigos me dicen que estoy bien y sinceramente me siento bien. Me abstraigo mucho con el trabajo. Es la manera de apartarme del dolor de esas contracturas. Es una enfermedad jodida, pero no me impide de momento en absoluto hacer lo que decidí hacer desde hace 50 años”.Nació en Paraná, Entre Ríos, el 17 de enero de 1949. Junto a Skay Beilinson y la mítica “Negra” Poli, fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Su voz se convirtió en la banda de sonido de una Argentina herida y desencantada. El gran triunfo del Indio Solari radicó en una paradoja insólita: logró que las multitudes más fervorosas del planeta corearan las letras más herméticas de la música contemporánea.La mitología de Carlos Alberto Solari no comienza en los sótanos del rock, sino en el cruce de la geografía y el mandato familiar. Su temprana mudanza a La Plata configuró el verdadero escenario de su formación. Hijo de un jefe de correos —de quien heredó el respeto por la disciplina del oficio y cierta distancia observadora—, el pequeño Carlos creció en un hogar donde los libros y la radio era una ventana. Su juventud estuvo marcada por la búsqueda y una temprana necesidad de autonomía.No era ajeno a la política. En los últimos años le manifestó su apoyo a la expresidenta Cristina Kirchner y criticó la decisión de la Justicia de condenarla a seis años de prisión por la causa Vialidad. “Yo pocas heces vi operativos, en circulación exigida, como los que sufrió en otros momentos, pero en este momento han pasado una línea muy… Estoy hablando de la Justicia. Ha pasado algo muy grave: que no le han dejado derecho a defenderse, a su defensa, y esto es gravísimo”, planteó “El Indio” Solari en un audio que envió a la cadena televisiva C5N.Su primer empleo formal, lejos de las luces y los escenarios, fue al frente de un pequeño taller de estampados y como artesano en telas, un oficio manual que le permitió subsistir en los complejos años setenta, y que también sembró en él esa rigurosa ética de la independencia y el control estético que luego aplicaría, de manera implacable, en cada aspecto de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.Indio Solari Foto:LA NACIÓNHablar de las letras del Indio Solari implica ingresar a uno de los universos más singulares de la canción popular argentina. No solamente por la densidad metafórica de sus textos, ni por esa extraña mezcla de lunfardo, literatura beat, imaginería suburbana y filosofía callejera que convirtió a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en un fenómeno cultural irrepetible, sino porque detrás de cada canción existe una mirada feroz sobre el deseo, el poder, la marginalidad y la decadencia moral de la Argentina contemporánea.“Lo que se quiere decir está implícito en las letras; ni bien termino de escribir una letra soy un testigo más, son momentos, son impresiones que uno vomita casi sin saber cual es el motivo, uno es un vehículo de eso... y después las mira y tiene interpretaciones. Inclusive después la gente las interpreta de otra manera y te las cuenta y son tan ricas como la tuya. Yo creo que la parte fundamental de la poesía es ese estímulo que te da, es lo más cercano a la música, es casi pura forma, es como la interpretación de la música. Es un poquito menos porque aparece la palabra que esclaviza un poco más, pero en la poesía la interpretación debe ser eso el logro es ese, que vos seas un estímulo para la imaginación de alguien, para la sensibilidad de alguien", dijo El Indio en entrevista con La Nación.Y concluyó: "en el último de los casos lo que termina de confirmar, y eso ya está uno lejos de lograrlo, es la capacidad de profetización que tiene, por el mismo mecanismo de funcionamiento de la poesía y que no tienen otros textos. La prosa no lo tiene porque te esclaviza al concepto y a lo que vos crees en el momento que lo escribís, y eso varía. Varía con el tiempo, varían las circunstancias y todo puede dejar de tener valor; la poesía, por ese carácter que tiene, tiene esa importancia casi profetizadora. Y uno puede darse por contento al escribir una letra o una poesía de ese tipo, y después volver a cantar esa canción quince o veinte años después que la compusiste y ver que no ha perdido vigencia, que no ha estado atada a visiones muy particulares de un momento determinado y que quince años después uno pueda cantarla y todavía haya gente que resuene con ella”.Indio Solari Foto:LA NACIÓNComo suele ocurrir con la casi totalidad de los temas más populares de un grupo o solista, “Ji Ji Ji” no es ni de cerca el mejor de los Redondos, aunque sí es uno de los más conocidos y emblemáticos. Por algo ha sido durante largos años el encargado de cerrar la fiesta ricotera como último tema, dando paso (como bien definiera el Indio) a “el pogo más grande del mundo”, y piedra libre para explotar a todos esos chicos que “son como bombas pequeñitas”. El tema -que con el tiempo y lentamente fue cobrando otra entidad e importancia para sus seguidores- nació como una más de las nueve gemas que contenía “Oktubre”, disco que pinta como pocos la otra cara de los ochentas post Malvinas y sangrienta dictadura.Con los hedonistas fulgores del regreso a la democracia comenzando a velarse ante decepcionantes “felices pascuas” y fatídica hiperinflación, la fiesta parecía terminarse temprano, más allá de la traicionera instauración de la cocaína como la pálida reina de los “que no duermen por la noche.” Sin duda que la poesía de Charly Garcia y el Indio Solari fueron las encargadas de retratar con mayor sinceridad y vuelo esta infausta moda ochentosa.“Ji Ji Ji” es como una especie de guión de película (o de comic a la Frank Miller) que nos describe una pesadilla fruto de la paranoia cocainómana. El propio Solari señalaría años más tarde que “hubo una etapa de la década del ochenta en la argentina, durante la cual tomar cocaína, el menos en ciertos círculos, resultó casi una exigencia social.” Si bien las alusiones a la droga, tanto metafóricamente o con jerga: “en blanca noche”, “la cueva del perico”, “tipos que no duermen por la noche”, “los ojos ciegos bien abiertos”, son numerosas y constantes, la canción no es una apología de la misma, sino una descripción de su abuso.Indio Solari Foto:LA NACIÓNEl “tema” aquí no es la cocaína sino la paranoia, la psicopatía que produce su consumo. El imaginario roquero de los sesentas y setentas tenía como trasfondo (aunque sea ideal) un escape hacia lo bucólico, lo campestre y natural: “Una casa con 10 pinos”, “Campos verdes”, “El oso” “Mañanas campestres”, “Que sea al sol”, etc.Si el “Indio” público era una figura expansiva y magnética, el Solari íntimo era un hombre que hizo del misterio y el resguardo familiar su trinchera más sagrada. Este equilibrio tiene un nombre fundamental: Virginia, su compañera de vida y esposa, con quien consolidó una relación basada en la complicidad absoluta y el alejamiento deliberado del ruido mediático. Juntos construyeron un búnker de serenidad, primero en la mística de las sierras y luego en el oeste del conurbano bonaerense. Ese universo privado encontró su centro definitivo con la llegada de su único hijo, Bruno.La paternidad transformó la perspectiva del artista, obligándolo a trazar una línea divisoria aún más nítida entre el torbellino de los estadios y la calma del hogar. En sus últimos años, la batalla contra el Parkinson —ese “míster Parkinson” al que plantó cara con una entereza conmovedora— lo alejó de los escenarios físicos, pero no de su laboratorio creativo. Desde la penumbra de su estudio en Parque Leloir, siguió pariendo discos de una sofisticación tecnológica apabullante y textos que mantenían la lucidez del francotirador. Carlos “El Indio” Solari se marcha invicto, habiendo cumplido la máxima de no vender su propia solemnidad y manteniendo intacto ese pacto de fidelidad inquebrantable con su público. Hoy, el rock argentino se queda un poco más a oscuras, pero en algún rincón del viento, ese pogo infinito seguirá latiendo para siempre.LA NACIÓN ARGENTINA Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










