Como no era capitán, pasaba desapercibido entre los líderes fotogénicos. Como existía el chileno Ureña, creíamos que no era el que más corría, condición primera -diría que única- para jugar en este club. Y como ponía la otra mejilla ante las críticas, las aguantaba, nadie reparó en sus ojeras ni en su cara triste cuando hizo ese gol en el clásico del Apertura, más consciente que nadie que era el último que jugaba. Martín Pérez Guedes se va de la U, se retira del fútbol y en su adiós definitivo hay una lección que deja dando vueltas, carcomiendo: qué atroz es la competencia en el fútbol que siempre anda buscando el crack por fichar, antes que al héroe que se mata a diario y hasta sin hablar es ejemplo.