Estoy hecho un lío, yo pensaba que León XIV venía a Madrid a dar diez actuaciones en el Metropolitano. Luego me enteré de que no, que sólo va a ofrecer una en el Bernabeu. No soy el primero que confunde a Bad Bunny con el papa, debe de ser porque el papa a veces habla en castellano mientras que Bad Bunny siempre canturrea en latín. También es casualidad que se junten dos de los grandes referentes de la izquierda mundial en Madrid, en las mismas fechas y casi en el mismo estadio de fútbol. Sólo por los colores, tenía que haberme dado cuenta de mi error; sin embargo, en su espectáculo de la Super Bowl, vi que Bad Bunny iba de blanco inmaculado, guantes incluidos, como si le hubieran nombrado cardenal y estuviera a la espera del báculo y la tiara.PublicidadComo el blues, como el tango, como el flamenco, el reguetón fue primero escarnecido por su mal gusto, por su apología explícita del machismo y de la violencia, para después ser elevado al canon, a la radio y a los conservatorios. "Te di un tortazo pa’ que no te fíes / y una patada pa’ que no volvás" cantaba Carlos Gardel entre los aplausos del público. Bad Bunny también decía cosas por el estilo en sus primeros discos, pero últimamente le ha dado la vuelta a la tortilla y se dedica a la justicia social, defendiendo a inmigrantes, transexuales y otros colectivos marginados. Aparte de taponarse los oídos, inmigrantes, transexuales y demás colectivos marginados, pobrecillos, no pueden hacer mucho para defenderse de Bad Bunny. A diferencia del blues, del tango o del flamenco, el reguetón tiene mucho más mérito porque no disfraza sus letras de buena música y además se tararea con la nariz.Esta canonización del reguetón a través de lo políticamente correcto ha llevado a Bad Bunny a proclamarse líder espiritual en el Metropolitano de un modo similar al de James Brown oficiando de reverendo a base de góspel en The Blues Brothers, pero sin necesidad de cantar. Noche tras noche, un rayo de luz cae desde las nubes y baña a un crítico descreído que se convierte a gritos en la nueva fe. Uno de los principales conversos ha sido Pedro Sánchez, quien reivindicó al portorriqueño en el Congreso y por poco no se pone a dar saltos mortales desde la tribuna como John Belushi en la iglesia de James Brown.Que Sánchez haya tenido que aliarse con el Sumo Pontífice y con el reguetonero de moda explica bastante bien los movimientos tectónicos de la política nacional e internacional a estas alturas del milenio. Normal que Ayuso lo haya tachado de farsante, ya que el cristianismo bien entendido consiste en enviar a los inmigrantes de vuelta a sus países de origen y en aplaudir a los predicadores evangélicos, ésos que creen que Dios viene impreso en los billetes de cien. La derecha tradicional ha basculado tanto hacia la ultraderecha que ahora el Vaticano parece situarse a la izquierda. Qué tiempos aquellos en los que Juan Pablo II le tiraba de las orejas a Ernesto Cardenal por comunista y por predicar a los pobres. Estamos a dos papados de que nombren Obispo de Roma a un clon de Anthony Quinn que liquide todos los bienes de la Iglesia católica para dar de comer a los hambrientos del mundo mientras él se va a tocar la guitarra a la Piazza di Spagna o a la Puerta del Sol.De momento, Bad Bunny ha montado su propia versión del Vaticano dentro de la zona VIP del estadio, una Casita exclusiva donde recibe a influencers, youtubers, futbolistas, pijos, pijas, sordos y gente guapa en general. Le han criticado un montón por clasista, sin entender que, como decía Jesucristo en las Bienaventuranzas, los últimos serán los primeros en el reino de los cielos, de manera que, según vayan transcurriendo los conciertos, empiece a llegar a la Casita una nutrida representación de mendigos, parados, enfermos, desfavorecidos y gente fea en general. El último de todos bien podría ser León XIV de la mano de Pedro Sánchez, aunque tal vez sería más lógico que el papa recibiera a Bad Bunny en el palco del Bernabeu. La izquierda cada día cae más alto y la hostia va a ser la hostia, por decirlo en reguetón.
El papa en La Casita de Bad Bunny
es casualidad que se junten dos de los grandes referentes de la izquierda mundial, el papa y Bad Bunny, en Madrid y casi en el mismo estadio de fútbol















