El excandidato vicepresidencial Juan Daniel Oviedo (Bogotá, 49 años) no da vueltas cuando se le pregunta cómo está. “Bien. Aunque, ¡qué totazo tan tremendo el que nos dieron el domingo!”, responde. Su fórmula con Paloma Valencia sufrió una derrota contundente en la primera vuelta: apenas obtuvo el 6,9% de los votos, frente al 43,7% del ultraderechista Abelardo de la Espriella y el 40,9% del izquierdista Iván Cepeda. El electorado le dio la espalda a su propuesta de una “unión entre distintos” —él se identifica de centro; ella es uribista—. “Ahora tengo claro que el país todavía no está preparado para amalgamar una conversación entre la derecha institucional y mis ideales”, señala Oviedo.Valencia anunció en la noche electoral su apoyo a De la Espriella para derrotar al “neocomunismo”. Su compañero de fórmula la miraba con un rostro adusto. Ha evitado definirse. En su oficina en el centro de Bogotá, cuelga una pizarra en la que su equipo ha resumido su dilema. “No tragables: ADLE - Dignidad, IC - Amenazas constituyentes”, se lee. Al lado, “autenticidad”. El economista celebra que este jueves haya desaparecido la principal línea roja contra la izquierda: Cepeda y el presidente Gustavo Petro han desistido de impulsar una asamblea constituyente. Pero aclara que aún no se define. “Tenemos que ver si De la Espriella dice que va a cuidar a las poblaciones que se sintieron violentadas por su discurso”, comenta Oviedo, que es abiertamente gay y sufrió comentarios homofóbicos del ultra durante la campaña. Pregunta. Usted reconoció en un video que su mensaje de “sumar entre distintos” fracasó. ¿Qué nos dice eso de Colombia?Respuesta. Sí, fracasamos. El Gobierno de Gustavo Petro convirtió la política en una enfermedad: a la gente le afecta amanecer y saber qué escribió en X el presidente. Entonces no salieron a votar por un político, sino por un médico que les quitara ese mal. No les importó si el médico era infiel en la casa o de dónde venía la plata. Segundo, el Gobierno apagó el futuro de Colombia: la gente no votó por una propuesta de futuro, como la que hicimos para reducir la informalidad o la desigualdad, sino por un presente supremamente contaminado con los odios del pasado. Fue difícil disociarnos de eso. P. Ustedes ya sabían eso, pero aun así apostaron por ese mensaje. R. Estábamos en un escenario en el que Colombia lo había pedido. Los medios de comunicación decían hace un año que para qué tantos candidatos, que eran como 105, que nos uniéramos. Y eso hicimos. El resultado de todo ese proceso fue La Gran Consulta, que definió que Paloma Valencia debía liderar y yo acompañarla como vicepresidente. Yo creí que juntar dos cicactrices, con Paloma con el ‘no’ al acuerdo de paz y Oviedo con el ‘sí’, iba a ser un criterio de reconciliación. P. El académico Yann Basset comentaba hace unos días a este periódico que el colapso del centro muestra que a los colombianos les gusta la polarización, el enfrentamiento entre los extremos. R. Tiene razón, les gusta porque nuestro pasado es violento: han sido 70 años de matarnos por pensar distinto. Pero quizá, más que gustarnos, hemos interiorizado la polarización como criterio de decisión. El Gobierno nos quiso hacer ver la telenovela de que los ricos también lloran, algo que le gusta a mucha gente. Y le salió otra, la de Abelardo, de que todo se soluciona con un milagro. La fobia a Petro le dio un espacio a la derecha populista.P. Algunos uribistas lo critican por haber cuestionado públicamente a Valencia durante la campaña y lo señalan como responsable de la fuga de votos hacia De la Espriella. ¿Qué responde? R. Es tremendo cómo, en Colombia, no estar de acuerdo es convertirse en “anti”. No estar de acuerdo con que Álvaro Uribe fuese ministro de Defensa me convertía en antiuribista. No puede ser así. Aprendí que todavía cuesta mucho la suma entre distintos en Colombia. La izquierda aprovechó que hubiéramos metido a Uribe en esta dupla para decir que nos regresábamos 20 años. P. Entonces, ¿en su próxima candidatura no se mete con Uribe?R. Ya quedó claro que, si la suma entre distintos es difícil, primero tenemos que escalar nuestro capital político. Por eso, seguramente vamos a participar en las regiones territoriales del año que viene. Si queremos recuperar la confianza de la gente, hay que hacerlo con hechos: mostrarles la capacidad de gobernar. Las actitudes, de seriedad y respeto, no son suficientes. P. ¿Los votos que se fugaron fueron los de Valencia o los suyos?R. Nuestros sondeos internos no preveían este escenario a cuatro días de la campaña; los uribistas se fueron al final a donde Abelardo. Y hay análisis de que hubo votantes de centro que me apoyaron en la consulta, pero que luego se fueron con [Sergio] Fajardo. Le copiaron esa posición moralizante de él, de que jamás se iba a sentar con algunos políticos, y también empatizaron con que fuera su última aspiración.P. ¿Cuál fue su mayor desacuerdo de campaña con Valencia?R. Que ella pensara que yo la contradecía cuando me opuse a que trajera a Uribe al Gabinete. Su reacción fue: “No me contradigas, la presidenta soy yo”. Todo el mundo pensó que estábamos peleando, generó la duda entre los centristas de si íbamos a tener voz. Y luego el café con Fajardo. Ella quería que hiciéramos una invitación conjunta, y yo no estuve de acuerdo. No era el momento de abrirle un espacio reivindicatorio a él. Yo ya sabía, por las conversaciones que tuvimos el año pasado, que nunca iba a hacer equipo con el uribismo. Me dolió muchísimo cómo la trató, aunque ella estuvo muy bien y creo que, en realidad, salió mal para él.P. ¿Cómo está su relación con Valencia ahora? ¿Son amigos?R. Siempre, aquí se construyó una relación personal: ella confió en mí y yo en ella. Voy a seguir yendo a comer con ella, viendo a Amapola [su hija] y Tomás [su esposo]. La relación política tal vez se rompe porque ahora tengo claro que el país todavía no está preparado para la amalgama entre la derecha institucional del Centro Democrático y mis ideales. Para ellos, salir de una a apoyar a Abelardo no implica el costo de poner en riesgo los derechos de las minorías históricamente discriminadas. Para mí, sí.P. Aún evita definir a quién apoyar en la segunda vuelta...R. Tenemos que intentar que esto se desradicalice en las próximas semanas, ver qué hace cada uno. Yo me voy a definir. Quiero decirle al país, cuando lo defina, cuál de las tres opciones [De la Espriella, Cepeda, en blanco] voy a votar el 21 de junio.P. Si enfatiza la defensa de los derechos de las minorías, ¿hay tres opciones o realmente solo son Cepeda o en blanco?R. Hay tres. La pregunta de si vamos contra la Constitución o contra los derechos ya empieza a resolverse; Cepeda y Petro han renunciado a la idea de una asamblea constituyente, que era un riesgo muy importante para la estabilidad del país. Ahora tenemos que esperar si De la Espriella dice que va a cuidar a las poblaciones que se sintieron violentadas por su discurso hasta ahora. Podría decir que va a preservar los principios del Ministerio de la Igualdad. P. Su principal barrera para votar a Cepeda se cayó este jueves. ¿Qué falta para definir su apoyo por él?R. Hay otras barreras, como el tema de nuestro capital minero-energético. Si no lo aprovechamos, no vamos a tener la plata para resolver la deuda de infraestructura social: vías terciarias, acueductos, alcantarillado. También quisiera un compromiso para desuribizar los próximos cuatro años. En la primera vuelta, Cepeda solo hablaba de Uribe. Tenemos que dar señales de grandeza para una juventud que quiere poder votar por algo que responda a sus necesidades. P. ¿No está al menos un poco más cerca de votar a Cepeda?R. No. Que se vayan las sombras de la constituyente es cheverísimo, gana Colombia, pero necesitamos escuchar más, que vayan a debates y hablen de frente. Necesitamos algo más que votar por quitarnos la enfermedad de Petro o por evitar que los ricos vuelvan al poder, que es lo que la gente dice en la calle. P. ¿Cree que De la Espriella se comprometerá a proteger los derechos de las minorías, como usted pide?R. Espero que lo haga, por Colombia. Si Cepeda apagó el extremo populista de una constituyente, tenemos que poder escuchar a Abelardo: que nos explique cómo va a proteger a las mujeres, los campesinos, los negros, los indígenas, los migrantes, las víctimas, la población LGBTI. Este Gobierno deja muchas crisis abiertas: seguridad, salud, corrupción. P. ¿Y le creería a De la Espriella?R. Hay que creer, así como hay que creerle a Cepeda sobre la constituyente. Aunque la diferencia es que armar una constituyente lleva mucho tiempo. Si retiran hoy el comité promotor, ya no van a poder meternos los dedos en la boca y convocarla en el próximo Gobierno. Tendría que ser en el siguiente. P. Usted señaló la homofobia y el machismo de De la Espriella...R. Todo el mundo piensa que estoy resentido, que mi voto va a ser con odio, que voy a votar por Cepeda porque Abelardo me trató mal como marica. Y no, ese no es mi sentimiento. Le escribí a Paloma cuando me invitó a un café para convencerme de que no vote por Cepeda y le dije: “Amor, ¿quién te dijo que voy a hacer eso?”.P. Con Valencia sí aceptó ir en una fórmula pese a que ella está en contra de la adopción entre personas del mismo sexo...R. Porque eliminarla no era una causa de ella, no iba a convocar un referendo constitucional para prohibir la adopción. Abelardo, en cambio, nos quiere sacar de las Naciones Unidas, lo que implica perder protecciones para las mujeres, la diversidad sexual, la población trans.P. La mayoría de sus compañeros de La Gran Consulta se ha decantado por De la Espriella, sin esperar ningún compromiso. ¿Qué opina?R. Bien por ellos, los respeto. De pronto son la expresión de que Petro es la enfermedad más grave, y comparto el riesgo que implica seguir con esa deriva institucional. Pero Colombia no está para poner en la misma balanza el respeto a la Constitución y el progreso económico contra los derechos de las minorías. Es un dilema muy fuerte, muy costoso. Los colombianos no merecemos eso. P. Usted y su equipo han estudiado el perfil de sus votantes, según dijo después de La Gran Consulta. ¿Qué privilegiarían ellos? R. Mi votante es proderechos. Y yo quiero a ese votante, y no le voy a fallar, porque no me voy a fallar a mí mismo.P. Entonces no va a apoyar a De la Espriella...R. Puede hacer compromisos todavía, como no retirarnos de la ONU.