R. D. MadridActualizado Jueves,
junio
20:51No brillaba como un qu�sar, no devoraba gas con una violencia visible ni lanzaba se�ales f�ciles de reconocer por los cient�ficos. Estaba casi apagado, escondido en el centro de una galaxia rojiza y deformada por la gravedad. Aun as�, un equipo internacional de astr�nomos ha logrado medirlo.El hallazgo, publicado en Science, sit�a el agujero negro dormido m�s lejano detectado hasta ahora en el coraz�n de MRG-M0138, una galaxia observada cuando el universo ten�a apenas unos 3.000 millones de a�os. Su masa ronda los 6.000 millones de soles.La cifra impresiona por s� sola, pero la verdadera revoluci�n est� en c�mo se ha conseguido detectar. Los agujeros negros no emiten luz, de modo que solo suelen delatarse cuando la materia que cae hacia ellos se calienta y libera una radiaci�n enorme. Esa actividad convierte a algunos en faros c�smicos.Aqu� ocurr�a justo lo contrario. El monstruo central de MRG-M0138 no estaba aliment�ndose de forma apreciable. No hab�a un disco brillante que se�alara su presencia ni un n�cleo activo f�cil de detectar. Para encontrarlo, los investigadores tuvieron que mirar el comportamiento de las estrellas de alrededor.Como detectives llegaron a una conclusi�n concreta. Si las estrellas del centro de una galaxia se mueven m�s deprisa de lo esperable, algo muy masivo est� tirando de ellas. Midiendo esas velocidades, pueden calcular la masa del objeto invisible que gobierna la regi�n central."Al estudiar c�mo se mueven colectivamente las estrellas en el n�cleo de esta galaxia lejana, hemos podido medir la masa de su agujero negro supermasivo, que de otro modo ser�a indetectable", afirma Richard Ellis, profesor de F�sica y Astronom�a en la University College London (UCL) y uno de los autores del descubrimiento.Para saber m�sEsta t�cnica, conocida como din�mica estelar, ya se ha usado para estudiar agujeros negros cercanos, incluido el del centro de la V�a L�ctea. Lo extraordinario es haberla aplicado a una galaxia situada a m�s de 10.000 millones de a�os luz, una distancia que hasta hace poco parec�a fuera de alcance para este tipo de mediciones.El salto ha sido posible por una combinaci�n poco com�n: el telescopio espacial James Webb y una lupa natural fabricada por el propio universo. Entre la Tierra y MRG-M0138 hay un c�mulo de galaxias cuya gravedad curva y amplifica la luz de la galaxia lejana, multiplicando su imagen.Ese efecto, llamado lente gravitacional, funciona como un telescopio c�smico. En este caso, agrand� la imagen unas 30 veces, lo suficiente para que Webb pudiera estudiar detalles internos que de otro modo habr�an quedado mezclados en una mancha roja, demasiado peque�a y borrosa.Imagen captada por el telescopio espacial James WebbNASA/JWSTCon el instrumento NIRSpec del James Webb, los investigadores analizaron c�mo se mov�an las estrellas en distintas zonas de la imagen ampliada. No estaban viendo el agujero negro, sino su huella en el cosmos: el modo en que su gravedad aceleraba las estrellas dentro de su esfera de influencia.El resultado cambia el terreno de juego. Hasta ahora, la galaxia m�s lejana estudiada con una t�cnica comparable estaba a unos 700 millones de a�os luz. MRG-M0138 est� unas 15 veces m�s lejos, lo que permite mirar una etapa mucho m�s temprana de la historia c�smica.Tambi�n plantea una pregunta inc�moda para la f�sica actual: �c�mo pudo crecer tanto un agujero negro cuando el universo todav�a era tan joven? Seis mil millones de masas solares a los 3.000 millones de a�os del cosmos sugieren una infancia acelerada, quiz� marcada por una fase anterior de qu�sar muy luminoso.El monstruo que apag� su propia galaxiaLa propia galaxia parece contar esa historia. MRG-M0138 no solo contiene un agujero negro dormido; tambi�n est� pr�cticamente apagada en t�rminos de formaci�n estelar. Apenas fabrica nuevas estrellas. Eso encaja con una idea cada vez m�s s�lida: algunos agujeros negros no solo crecen dentro de las galaxias, tambi�n pueden ayudar a alterarlas es ete nivrl tan dr�stico.Cuando un agujero negro supermasivo se alimenta con rapidez, libera energ�a capaz de calentar, dispersar o expulsar el gas que las galaxias necesitan para seguir formando estrellas. Es como si el motor central hubiera tenido una etapa feroz y, despu�s de consumir o barrer su combustible, hubiera dejado una ciudad c�smica envejecida.Este caso adem�s ofrece otra rareza: un agujero negro supermasivo inactivo en el universo temprano. Los qu�sares son llamativos y relativamente f�ciles de encontrar; los agujeros negros dormidos, en cambio, se esconden mejor y pueden dar una imagen m�s completa de la poblaci�n real.Si el Webb y futuras observaciones encuentran m�s cuerpos as�, los astr�nomos podr�n comparar agujeros negros activos y apagados en distintas �pocas. Eso ayudar�a a reconstruir cu�ndo crecieron, cu�ndo dejaron de alimentarse y hasta qu� punto participaron en el final de la formaci�n estelar de sus galaxias.










