La toma israelí del castillo de Beaufort en el sur del Líbano, 44 años después de su primera conquista en 1982, no sólo tiene un fuerte componente simbólico, sino que se trata de un paso decisivo en lo que será una ocupación prolongada del sur del Líbano. El castillo de origen cruzado, un amasijo de piedras y arena resultado de infinitas guerras y conquistas, sigue siendo, sin embargo, un puesto elevado de vigilancia privilegiado.Castillo de Beaufort, fortaleza medieval que domina el sur del Líbano Israeli Military / ReutersIsrael esgrime como argumento para la ocupación del sur del Líbano y del castillo de Beaufort, los ataques de Hizbulah (ahora más letales gracias a drones que están causando bajas casi diarias en las tropas israelíes) y la falta de voluntad del gobierno libanés de acometer su desmilitarización. Todo el mundo sabe en Oriente Medio que el ejército libanés no puede, aunque quiera, acabar con la milicia armada, sin provocar un enfrentamiento civil. Hizbulah es el principal partido en la comunidad chiita, mayoritaria en el Líbano y dispone de un enorme arsenal y miles de combatientes.Los ataques a Beirut buscan el máximo dolor y el rechazo popular a HizbulahEl Líbano es un país que destaca por muchos motivos, entre ellos la falta de censos y encuestas fiables que permitan conocer la opinión de sus ciudadanos o su filiación religiosa, ya que ello podría quebrar todavía más los frágiles equilibrios del país. El Líbano es un castillo de naipes confesional presto a derrumbarse en cualquier momento. Ahora bien, se palpa un gran hartazgo hacia Hizbulah de todas las confesiones y partidos con la excepción de parte de la comunidad chiita. Cristianos, sunitas y drusos coinciden en que es un enorme factor de inestabilidad que ha arrastrado al país hacia conflictos cada vez más cercanos en el tiempo y que Israel aprovecha para impulsar su agenda exterior.A sabiendas de la incapacidad del gobierno libanés para acabar con Hizbulah y amparado en la impunidad que le permite la administración Trump, todo parece indicar que Netanyahu pretende convertir el sur del Líbano, en una nueva zona de seguridad y no-vida al estilo de la franja que separa Siria de los altos del Golán ocupados por Israel. Tierra quemada, deshabitada y controlada por su ejército. Ahora bien, Israel sabe también que, a diferencia de lo ocurrido con las invasiones del Líbano en 1978 y 1982, que consiguieron acabar con buena parte de los ataques palestinos contra Israel desde territorio libanés, la invasión actual no impedirá que prosigan los ataques de Hizbulah si esto es lo que el Partido de Dios quiere.La ocupación israelí acompañada de bombardeos sobre el sur de Beirut, suspendidos temporalmente por orden de Trump, en realidad, responde a tres objetivos: infringir el máximo dolor posible al Líbano, con tal de que confesiones y partidos no chiitas aborrezcan todavía más a Hizbulah; mejorar la seguridad del norte de Israel alejando al partido de Dios de su frontera norte y consumar el sueño de los imperialistas sionistas que pretenden avanzar hacia el gran Israel que comprendería, al menos, partes de Palestina y Siria (ya conquistadas) y el Líbano.Y podrían estar cerca de lograrlo con la connivencia occidental, que hace oídos sordos a las matanzas indiscriminadas de civiles en Gaza, Cisjordania y, ahora, el Líbano.