La cadena privada estadounidense CBS despidió este martes de forma fulminante al presentador y principal reportero del emblemático programa de actualidad 60 Minutes, Scott Pelley, un día después de que este criticara en una reunión interna a la nueva dirección del medio. En la superficie es un despido que la CBS ha tratado de justificar como disciplinario por pérdida de confianza en Pelley. En realidad, esconde una dinámica perversa que está carcomiendo la credibilidad de la compañía desde que en agosto pasado su matriz, Paramount, fue adquirida por un devoto partidario del presidente Donald Trump. La línea de puntos que une ambos hechos es difícil de ignorar. Todas las alarmas saltaron en el ecosistema de los medios de Hollywood cuando David Ellison adquirió Paramount. El inversor es hijo de Larry Ellison, fundador de Oracle, uno de los hombres más ricos del mundo y apoyo de Trump en Silicon Valley incluso antes de que otros magnates se convirtieran al trumpismo. Era imposible desligar lo que parecía una mera operación empresarial de la obsesión del presidente por acallar las críticas en los medios, a quienes en la peor tradición autoritaria ha llamado “el enemigo del pueblo”. Los cambios en CBS comenzaron inmediatamente. El más conspicuo fue el fin del legendario late night de Stephen Colbert, mordaz comentarista de la actualidad. Trump lo celebró en redes con la grosería habitual. El programa 60 Minutes, abanderado del periodismo de calidad desde los años sesenta, era el siguiente en la fila de la guillotina. La nueva directora editorial, Bari Weiss, cambió al veterano equipo de productores del programa y colocó al frente a un periodista sin experiencia. Tres de los cuatro presentadores dejaron el programa. Pelley, en la reunión por la que ha sido despedido, se quejó de “incompetencia y falta de profesionalidad”. Cualquiera que sea el futuro, 60 Minutes no volverá a ser lo que era. La prensa de EE UU es un reducto único en el mundo de libertad de crítica, con un altísimo nivel de protección constitucional cimentado por 250 años de jurisprudencia. Trump ha dejado claro que su ego no lo soporta. Desde que es presidente, ha demandado a CBS, ABC, BBC, The New York Times, The Wall Street Journal o The Des Moines Register. Siempre lo hace por supuestos ataques a su reputación, con argumentos muy débiles y peticiones exorbitantes de indemnización. El objetivo de esas demandas no es reclamar daños, sino instigar el miedo y que se instale entre los periodistas un clima de prudencia o incluso deferencia del que no disfruta ninguna otra figura en el país, y mucho menos un político. Ante la abdicación de responsabilidad de las principales instituciones públicas para frenar el autoritarismo de Trump, la entereza de los medios y sus periodistas para ignorar las amenazas del presidente es más necesaria que nunca. Lo ocurrido en la CBS es un aviso a navegantes.
Acoso a la prensa de Estados Unidos
El asalto de Trump a los medios se traduce en una intimidación que afecta incluso a grandes instituciones periodísticas










