“Hablé con el presidente y le comuniqué que voy a ejercer mi derecho a la objeción de conciencia respecto del retiro del pliego de la Dra. Michelli a jueza federal”, dijo la senadora Patricia Bullrich para justificar su voto negativo al retiro del pliego de la candidata a jueza en un Tribunal Oral Federal de La Plata, María Verónica Michelli. Su aprobación, luego de que el Ministerio de Justicia y el Presidente enviaran al Senado su pliego como postulante para integrar ese tribunal, era un hecho basado en los excelentes antecedentes profesionales y académicos de la magistrada, que termina siendo víctima del despotismo con el que suele manejarse la superpoderosa hermana del presidente, Karina Milei, que, al enterarse de que se trataba de un familiar de Hugo Alconada Mon -uno de los periodistas que más y mejor investiga la corrupción en todos los gobiernos, como lo está haciendo en el caso $LIBRA, donde los hermanos Milei están bajo sospecha- decide retirar su postulación cuando ya había una mayoría, con firmas incluidas, en la Comisión de Acuerdos para darle el visto bueno. Ayer, el Presidente avaló un mensaje en las redes del exjuez Ricardo Manuel Rojas en el que se jacta de su poder para frenar la nominación de la aspirante a jueza, dando por entendido que no dará marcha atrás con la medida. Los Milei suelen manejar el poder y tomar decisiones a gusto personal, sin tomar en cuenta la responsabilidad institucional que cae sobre cada una de esas disposiciones. No es la primera vez que actúan castigando a terceros o familiares de ese modo. En febrero de 2025 el presidente Javier Milei decidió despedir a Sonia Cavallo Runde de la embajada argentina ante la Organización de Estados Americanos (OEA) tras una serie de críticas y cuestionamientos públicos que venía realizando su padre, el exministro Domingo Cavallo, sobre el rumbo de la política económica. Un año antes, el Presidente le pidió la renuncia al cordobés Osvaldo Giordano, en ese entonces jefe de la Anses, que en solo 61 días de gestión investigó y expuso un negocio poco claro con las pólizas de seguro en el ámbito estatal que terminó con Alberto Fernández y con exfuncionarios y empresarios allanados y procesados por la Justicia. Fue una decisión adoptada por los hermanos Milei porque su esposa, Alejandra Torres, diputada del peronismo cordobés, había votado en contra de la Ley Ómnibus. Importó más castigar a un funcionario que destapó un caso de corrupción hasta ese momento oculto, como represalia y una manera de tomar revancha por la decisión política de su esposa. Son algunas de las prioridades que se adoptan cuando el andar caprichoso se impone a la calidad de una gestión. La paciencia y la tolerancia que tienen los Milei con su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que aún no presentó su Declaración de Bienes, no la tuvieron ni la tienen con otros funcionarios que fueron eyectados solo por razones personalesUn detallado reporte realizado por el politólogo Pablo Salinas demuestra que, desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023, más de 250 altos funcionarios dejaron sus puestos en la administración nacional, a razón de uno cada 3,5 días. Todos fueron reemplazados -por lo que no se trató de un achique del organigrama- y, lo que pocos confirman públicamente, muchos se fueron por su cuenta por no tolerar la permanente intromisión de Karina Milei y los primos Menem en las áreas a su cargo. Es lo que contaba Diego Spagnuolo en el audio que desató el escándalo de la Andis que involucró a la secretaria general de la Presidencia en un caso de coimas con un sistema organizado de recaudación ilícita. Sirve citarlo como ejemplo cuando esta semana la justicia le pidió a Spagnuolo que aporte un registro de voz para analizar la veracidad de los audios en cuestión. Adorni, cuando presentó el informe de gestión en el Congreso de la Nación Soledad AznarezLa paciencia y la tolerancia que tienen los Milei con su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que aún no presentó su Declaración de Bienes a pesar de que el mismo Presidente dijo hace tres semanas que “ya la tenía lista para presentar”, no la tuvieron ni la tienen con otros funcionarios que fueron eyectados solo por razones personales. Y esto a pesar de que sobre Adorni -que fue denunciado por algunos legisladores como Marcela Pagano, que lo acusa de ser “el cajero de Karina y Javier Milei”- existe la firme sospecha de que en realidad se trata un engranaje importante de un entramado indebido y más complejo. Sería esa lealtad cómplice donde se basa su fortaleza, aún a cuenta de un costo político desmedido. El caso de María Verónica Michelli es distinto, no se trata de una funcionaria del Poder Ejecutivo, lo que lo hace aún más grave, porque termina siendo una pésima señal para todos los funcionarios judiciales que hacen carrera en la justicia formándose, procediendo con transparencia, haciendo honor al mérito profesional, porque ahora deberán saber que en la actualidad su suerte puede estar atada a la actividad profesional de algún familiar, siendo más importante y definitorio esto que todas sus cualidades y experiencia. El gobierno, tarde y de modo confuso, apunta a darle una salida al conflicto señalando que analiza la posibilidad de retirar más pliegos que, como Michelli, ya tienen acuerdo en el Senado. La idea sería confundir más, intentar de demostrar que no se trata de un castigo por una vinculación familiar con un periodista que incomoda al poder, sino que es una decisión mucho más amplia, dándole “letra” a los suyos para que salgan a defender tal decisión. Apela así a una estrategia política tan vieja como inmoral: “La mejor manera de esconder un elefante no es ocultándolo en un lugar pequeño, sino rodeándolo de una manada de otros elefantes”. El resultado sería infinitamente más perjudicial, podrían quedar nulas las designaciones de varios magistrados que demostraron su probidad, para disfrazar una decisión también basada en el “desquite” personal. Cristina Kirchner y Miguel Pichetto en el Senado el 10 de agosto de 2005Argentina tiene una larga tradición de desencuentros entre presidentes y sus vice, hoy estamos asistiendo a uno de ellos. Pero hay que buscar muy detalladamente en la historia política argentina, y costaría encontrarlo, a algún presidente del bloque de senadores oficialistas que contradiga y desobedezca, exponiendo su falta de autoridad, al presidente de la Nación. Un claro ejemplo fue Miguel Ángel Pichetto que, aún con grandes diferencias -que discutía en la intimidad del poder- jamás le dio la espalda a los Kirchner. Durante los doce años de mandato de Néstor y Cristina Kirchner, fue un muy buen ejecutor en el Congreso de todas las políticas oficiales mientras presidió el bloque del Frente Para la Victoria, cumpliendo un rol clave en debates y leyes trascendentales, a pesar que años después se diferenció diciendo que la Resolución 125 fue un “grave error”. Sin embargo, un viejo radical, con malicia, recordaba al senador Carlos Maestro, que presidía el bloque de la UCR en 2001, cuando dejó abandonado a su suerte al presidente Fernando de la Rúa: “Presidente, no hay más alternativa que la renuncia” le dijo a través de una llamada telefónica la tarde del tristemente recordado 20 de diciembre. “Si no me defiende el jefe de mi bloque en el Senado me tengo que ir”, dijo el presidente radical antes de redacta su carta de renuncia. La situación es incomparable, no existe el menor peligro de un quiebre institucional, pero, exceptuando aquel de 2001, éste debe ser el primer y único desencuentro donde un presidente de bloque de senadores oficialista desaira públicamente a su presidente en este período democrático moderno. No es un dato menor, y sí una muestra de fortaleza, que Bullrich haya conseguido el apoyo de otros senadores aliados al oficialismo y, así como lo hizo con la situación de Manuel Adorni, la senadora se despega de esta decisión polémica y poco republicana sobre la no designación de una jueza federal. Pero además sube la apuesta, poniendo la renuncia a disposición como jefa del bloque, dejando así un fuerte mensaje: por un lado desnuda que la de ellos es una “relación por conveniencia” y por otro que, para ella, Javier y Karina Milei no son sus jefes, son sus socios políticos. Toda esta situación esconde mucho más de lo que muestra. En el gobierno acusan a Bullrich de actuar así porque no la consultaron a la hora de designar candidatos a jueces: “generó un ruido innecesario que ahora va a tener que aplacar”, dicen. Por ahora el mensaje llegó y ayer hubo foto entre Karina y Patricia. Pero no termina siendo inocuo que la principal aliada al gobierno desafíe a los hermanos del poder en su nervio más sensible: su autoridad. Los que los conocen, dicen que los Milei jamás perdonan estas desobediencias, mientras que en el entorno de la senadora dicen “Bullrich es Bullrich, tiene criterio propio”, cuando quizás la definición correcta, haciendo honor a su propia historia política, sería: “Bullrich es bullrichista, siempre”. Quizás por eso no suene inocente que su jugada solo deje expuesta la vulnerabilidad política del líder, pero no la de su proyecto.
La objeción de conciencia de Patricia Bullrich desautorizó a los hermanos Milei
El rechazo de la senadora al retiro del pliego de la candidata a jueza Michelli pone en evidencia que desde lo alto del poder se toman decisiones sobre cuestiones institucionales basadas más en cuestiones personales que por antecedentes profesionales












