“Es sumamente importante venir porque los femicidios que pasaron pudieron haberse evitado y la Justicia no está actuando. Me preocupa que el día de mañana esa mujer sea mi hermana, mi prima o mis amigas. Creo que todas las mujeres argentinas conocemos a alguien que sufrió violencia”. La que habla frente al Cine Gaumont es Celeste, una adolescente de 15 años. Casi la misma edad que tenía Agostina Vega, la nena encontrada asesinada en Córdoba tras permanecer desaparecida varios días, en un caso que escaló la indignación e hizo que hoy muchas mujeres sintieran la necesidad de salir a las calles de todo el país en el undécimo aniversario de Ni Una Menos.

Once años después de aquella primera movilización, la Plaza del Congreso en Buenos Aires se colmó de mujeres, disidencias, pero también de muchos hombres, niños, familias enteras para pedir que de una vez por todas paren los femicidios. Los asesinatos de Agostina pero también de Dulce María Candia y Noelia Romero, ocurridos en los últimos días, encendieron aún más un fuego que ya ardía. La jornada estuvo atravesada por la emoción, la bronca y la convicción de que, frente al avance de los discursos negacionistas y el desmantelamiento de las políticas públicas contra la violencia de género, la presencia en las calles sigue siendo una herramienta irremplazable.