Las historias de marinos sobre paredes de agua que superan cualquier predicción matemática dejaron de ser mitos tras el registro de olas monstruo de hasta 35 metros en el océano Pacífico por satélites de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA). El avance, respaldado por investigaciones recientes, no solo modificó la percepción del peligro en alta mar, sino que permitió comprender cómo la energía de una tormenta puede viajar miles de kilómetros, impactando continentes y poniendo a prueba la ingeniería marítima. Además, el mismo instrumento satelital logró identificar olas fluviales nunca antes monitoreadas desde el espacio, lo que abre nuevas posibilidades para anticipar inundaciones en grandes ríos del mundo.PUBLICIDADEl punto de inflexión llegó en diciembre de 2024, cuando la misión SWOT (Surface Water and Ocean Topography), fruto de la colaboración entre NASA y CNES (Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia), cruzó el corazón de la tormenta tropical Eddie en el Pacífico Norte y registró una altura significativa de ola de 19,7 metros, equivalente a la altura de un edificio de seis pisos. Satélites de NASA y ESA detectan olas oceánicas de hasta 35 metros y olas fluviales, revolucionando la seguridad marítima y el monitoreo global de inundaciones. (Imagen Ilustrativa Infobae)El dato superó cualquier medición previa y validó relatos transmitidos durante generaciones entre marinos y navegantes, que describían muros de agua capaces de desintegrar embarcaciones y desaparecer sin dejar rastro.PUBLICIDADLa tecnología detrás de este descubrimiento marcó una diferencia fundamental. SWOT está equipado con un radar interferométrico en banda Ka, conocido como KaRIn, que permite cartografiar la superficie marina en dos dimensiones con una resolución de 200 a 250 metros, lo que representa una mejora sustancial frente a los altímetros tradicionales, que solo medían una franja bajo la trayectoria del satélite. La capacidad de SWOT para crear mapas bidimensionales y registrar no solo la altura, sino también la longitud y dirección de las olas, permitió observar fenómenos antes invisibles en zonas remotas del océano.PUBLICIDADLos modelos oceanográficos clásicos situaban el límite de altura en 15 metros, pero los nuevos datos muestran que la realidad supera esa cifra