Audio generado con IA de Google
/
Luego de la primera vuelta de 2022, el progresismo quedó descorazonado. Parecía claro que serían cuatro años más sin que la izquierda pudiera gobernar en el corazón del mundo. Gustavo Petro, encabezando con el 40.3 % de los votos, entregó un lamento sin hilo y sin tono. Las candidaturas de Rodolfo y Fico, sus rivales en la derecha, sumaron 52.1 % y la ventaja llegaba a los dos millones y medio de votos sobre el candidato del Pacto Histórico. Parecía imposible.
Pero Rodolfo abandonó esa boleta ganadora que se había encontrado en una rifa insospechada. El difunto quería ser un simple fanfarrón y se asustó al notar que era posible vencer con la farsa. Eso posibilitó la victoria de Petro. Además, una parte significativa del centro decidió darle una oportunidad a la izquierda, era hora de la alternancia democrática y el cambio volvía a ser una fórmula esperanzadora. Petro sumó más de dos millones y medio de votos entre primera y segunda vuelta. Fue una hazaña. Mientras tanto, Rodolfo le restó 400 mil votos a la derecha. No creció ni en el consulado de Miami.
En buena medida, la primera vuelta del 2026 fue un calco de lo sucedido el domingo. El mapa geográfico es el mismo, las costas y el sur votan a la izquierda y el centro del país a la derecha, con la excepción de Bogotá, que ha sido bastión del Pacto, al menos en las elecciones nacionales. Esa foto se consolidó desde el plebiscito por la paz hace 10 años. También los números de los bloques de izquierda y derecha, nuestro nuevo “bipartidismo”, se repitieron casi exactos. Cepeda sacó el mismo 40 % de Petro en 2022, las dos candidaturas de derecha repitieron su 51 % y Fajardo, representando el conjunto vacío de centro, consiguió su mismo 4 %.













