Una de las ideas más repetidas sobre la domesticación animal sostenía que los perros habían desarrollado cerebros más pequeños muy pronto, casi desde el inicio de su relación con los humanos. Era una de las grandes marcas evolutivas de la domesticación, junto con cambios físicos, de comportamiento y tamaño corporal. Sin embargo, una nueva investigación internacional acaba de poner patas arriba parte de esa cronología.El estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, concluye que la reducción del tamaño cerebral en los perros ya estaba claramente establecida hace unos 5.000 años, en pleno Neolítico tardío europeo, pero no aparece en los llamados ‘protoperros’ paleolíticos que convivían con humanos muchísimo antes. Dicho de otra manera, los primeros cánidos que comenzaron a acercarse a las personas seguían teniendo cerebros muy parecidos a los de los lobos.Los investigadores analizaron escáneres de cráneos de 185 perros y lobos modernos y 22 ejemplares prehistóricos procedentes de Europa y Australia, algunos de hace 35.000 años. Entre los perros actuales estudiaron desde dingos australianos y perros primitivos callejeros (village dog) hasta razas modernas tan distintas como rough collies, pastores australianos, cocker spaniel inglés, carlinos, pequineses, chihuahuas y perros del grupo terrier.Domesticarse no significó volverse más tontosUna de las primeras aclaraciones que hacen los autores es importante porque desmonta la interpretación, extendida, de que tener un cerebro más pequeño no implica automáticamente ser menos inteligente.Thomas Cucchi, investigador del Centro nacional para la investigación científica de Francia y autor principal del trabajo, subraya que la domesticación no convirtió a los perros en animales menos capaces, sino en especialistas extraordinarios en convivir con humanos.Los perros modernos, de hecho, destacan precisamente por habilidades cognitivas que los lobos no comparten, como interpretar gestos humanos, leer emociones y responder a señales sociales complejas. El problema es que solemos medir la inteligencia únicamente desde parámetros humanos y no desde las capacidades que realmente resultan útiles para cada especie.Los autores recuerdan además que el cerebro no funciona solo como una cuestión de tamaño. Cuando el volumen cerebral cambia, también se reorganizan distintas áreas neuronales, y eso puede favorecer determinadas conductas frente a otras.Los primeros perros seguían pareciéndose a los lobosEl hallazgo más llamativo del estudio es que los llamados ‘protoperros’ del Paleolítico superior no muestran una reducción cerebral clara respecto a los lobos de su época.Los investigadores analizaron dos ejemplares especialmente importantes. Uno de ellos procede de Goyet, en Bélgica, y tiene unos 35.000 años. El otro apareció en La Baume Traucade, en Francia, y ronda los 15.000 años de antigüedad.Ambos animales ya convivían cerca de grupos humanos y presentan ciertos rasgos físicos intermedios entre lobo y perro, pero sus cerebros seguían siendo similares a los de los lobos contemporáneos. De hecho, el ejemplar belga de Goyet incluso mostraba un volumen cerebral relativamente algo mayor.Eso ha llevado a los científicos a plantear la hipótesis de que quizá los primeros pasos hacia la domesticación no redujeron el cerebro, sino que inicialmente pudieron favorecer cierta flexibilidad cognitiva para adaptarse a la convivencia con humanos.La relación entre personas y cánidos, según esta idea, probablemente comenzó de manera mucho más gradual y difusa de lo que se pensaba. No habría existido un momento concreto en el que un lobo “se convirtió” en perro, sino un largo proceso de convivencia, aproximación mutua y cambios progresivos.El gran cambio llegó miles de años despuésLa reducción cerebral clara aparece mucho más tarde, en perros del Neolítico tardío que vivieron hace entre 5.000 y 4.500 años en asentamientos humanos europeos.Los restos analizados proceden especialmente del yacimiento de Chalain, en Francia, donde se encontraron perros que convivían con comunidades agrícolas sedentarias. Aquellos animales tenían una altura aproximada de entre 35 y 45 centímetros a la cruz y ciertos rasgos parecidos a algunos perros de pastoreo modernos. Sin embargo, lo realmente sorprendente durante la investigación fue el tamaño de sus cerebros.Los investigadores calcularon que aquellos perros neolíticos tenían cerebros un 46% más pequeños que los lobos contemporáneos. El volumen cerebral resultaba comparable al de razas actuales pequeñas, incluyendo carlinos, pequineses o incluso algunos chihuahuas.En términos generales, cuando se comparan todos los perros modernos y neolíticos con lobos antiguos y actuales, los perros muestran cerebros aproximadamente un 32% menores.Por qué se redujo el cerebro sigue siendo un misterioLa gran pregunta sigue abierta. Los científicos todavía no saben exactamente por qué la domesticación acabó favoreciendo perros con cuerpos y cerebros más pequeños.Una posibilidad tiene que ver con la energía. El cerebro consume enormes cantidades de recursos metabólicos, así que en las aldeas neolíticas con comida limitada quizá sobrevivían mejor los animales más pequeños y menos costosos de mantener. Otra hipótesis apunta al comportamiento. Los autores sugieren que esos cambios neurológicos pudieron favorecer perros más vigilantes, desconfiados ante cambios ambientales y especialmente atentos a estímulos del entorno, algo útil para actuar como sistemas de alarma en asentamientos humanos.Porque no hay que dar por supuesto que esos perros tenían como función ser mascotas. Aquellos perros probablemente cumplían múltiples funciones dentro de las aldeas neolíticas, entre vigilancia, limpieza de residuos, ayuda en la caza e incluso fuente ocasional de alimento.De hecho, en Chalain aparecieron restos de perros mezclados con otros animales consumidos por los habitantes del asentamiento.No todos los perros modernos son igualesEl estudio también muestra enormes diferencias cerebrales entre los perros actuales. Los perros de trabajo, como algunos grandes perros de guardia y defensa, de guardia y protección de ganado o razas seleccionadas históricamente para tareas físicas complejas, tienden a presentar volúmenes cerebrales mayores. En cambio, las razas toy muestran los más pequeños.Los investigadores analizaron ejemplares pertenecientes a 44 razas distribuidas en 17 grupos evolutivos y siete grandes funciones reconocidas por el Kennel Club Americano, incluyendo perros de trabajo, pastoreo, caza, terriers, perros de compañía y razas toy.Los mayores volúmenes cerebrales aparecieron en perros de trabajo, mientras que los más reducidos correspondían a razas miniatura. También observaron diferencias interesantes en los dingos australianos, cuyos cerebros resultaban significativamente mayores que los de muchos perros primitivos modernos.La domesticación fue mucho más complejaEl trabajo encaja con una idea que cada vez gana más fuerza entre paleontólogos y genetistas, y es que la domesticación del perro no fue un proceso lineal ni rápido.Durante mucho tiempo se pensó que la aparición de los perros implicaba automáticamente un conjunto de cambios físicos y conductuales muy definidos. Pero los resultados sugieren que algunos rasgos asociados hoy a la domesticación aparecieron mucho más tarde. El ejemplo más significativo a la luz de este último hallazgo es el hecho de que los ‘protoperros’ no presentaran la reducción cerebral típica de los animales domesticados, lo que indicaría que el vínculo entre humanos y perros empezó antes de que existiera un perro plenamente doméstico tal y como hoy lo entendemos.También nos recuerda que el perro actual no es simplemente “un lobo domesticado”, sino el resultado de decenas de miles de años de convivencia, selección y adaptación mutua entre dos especies que siguen evolucionando juntas.Referencia: Brain size reduction in dogs was already established at least by the Late Neolithic of Western Europe, 5000 years ago. Thomas Cucchi et al. The Royal Society (2026)
Los perros empezaron a tener cerebros más pequeños hace al menos 5.000 años
Los primeros ‘protoperros’ convivían con humanos hace 35.000 años, pero todavía conservaban cerebros similares a los de los lobos.
Investigación certifica que cerebros caninos se redujeron 46% solo en el Neolítico tardío (5.000 años atrás), no al inicio paleolítico (35.000 años): protoperros mantenían cerebros de lobo. Descubrimiento derriba 70 años de consenso: domesticación requiere milenios para cambios neurológicos, remodelando cronología de evolución por selección artificial.










