La tragedia ocurrida el pasado domingo en la presa de Baños de Cerrato, en Palencia, se saldó con el fallecimiento de una madre de 32 años y una abuela de 52. Ambas perdieron la vida al lanzarse al agua para intentar rescatar a un niño de cinco años, hijo y nieto de las fallecidas, que estaba teniendo problemas para regresar y que finalmente logró sobrevivir gracias a dos pescadores. La principal hipótesis con la que trabaja la Guardia Civil apunta a una "posible influencia de una corriente" que arrastró y separó a las familiares, según indicó este lunes el subdelegado de Gobierno en Palencia, Eduardo Santiago. Alberto Retuerto, presidente de la Federación de Salvamento y Socorro de Castilla y León (FECLESS), subraya a 20minutos que una de las mayores trampas de este tipo de enclaves (embalses, presas...) es su falsa apariencia de tranquilidad. Mientras que en los ríos el movimiento del agua es evidente, en los embalses este peligro es prácticamente invisible desde fuera del agua. "Aparentemente en la parte superficial no hay corrientes, pero sí que las hay en las zonas centrales", señala, al tiempo que asegura que estos espacios, a menudo "no están limitados por boyas" ni señalizaciones. Jessica Pino, responsable del Informe Nacional de la Real Federación de Salvamento y Socorrismo, señala a este medio que, al igual que ocurre en las costas, "muchas veces no vemos las corrientes una vez que nos metemos". A diferencia de un río donde el movimiento es evidente, en los embalses el agua parece estar "en calma" a nivel superficial, ocultando flujos internos, como en el caso de Palencia, donde la corriente desplazó presuntamente a los familiares en direcciones opuestas. Ante esta fuerza de la naturaleza, Pino recuerda que es inútil luchar: "Hay que dejarse llevar hasta que agarremos un objeto que flota o hasta que nos lancen algo". Retuerto incide también en un factor psicológico: el exceso de confianza. El experto advierte que "creamos que el entorno es seguro también es un problema, que estemos acostumbrados a ir habitualmente a esa zona y nunca pase nada". Sin embargo, la naturaleza es cambiante y factores como las épocas de lluvias recientes pueden alterar drásticamente el escenario, ya que los caudales de "los ríos pueden cambiar, van a ir alterando las corrientes y el fondo suele cambiar bastante". Por su parte, Pino indica que el mayor peligro de estos entornos es que son "totalmente desconocidos" y carecen de información sobre sus riesgos específicos. Pino advierte que la percepción visual en una presa suele ser engañosa: "Desde una orilla parece que la otra está mucho más cerca a la vista que cuando nos ponemos a nadar y vemos que realmente no estamos controlando las distancias".La peligrosidad de estos espacios se ve agravada por su carácter "variante", ya que las condiciones de seguridad no son siempre las mismas. Pino explica que los factores meteorológicos alteran drásticamente el entorno: "La profundidad, muchas veces la fuerza de esas corrientes, si ha habido lluvias antes o hay deshielos... hace que no conozcamos entornos porque son variantes". La experta señala que muchas de estas tragedias ocurren en "zonas que realmente sí que tienen como un acceso" pero donde "está prohibido el baño", como es el caso de la presa palentina donde ocurrió la tragedia.Una maniobra "muy, muy peligrosa"Ismael Sanz, miembro del equipo técnico y docente de la Federación Madrileña de Salvamento y Socorrismo (FMSS), doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, advierte que este tipo de sucesos ocurren "con más frecuencia" de lo que la gente se imagina. Según explica a 20minutos, el instinto de protección familiar a menudo anula la percepción del riesgo: "Cualquier mamá o papá o cualquier abuelo o abuela va a entrar al agua a rescatar al pequeño con independencia de su capacidad para resolver la situación". El problema fundamental no es solo el entorno físico, que también lo es, sino que, a menudo, las personas involucradas "no tenían las competencias necesarias para resolver la situación".El experto no duda a la hora de calificar el riesgo de estas maniobras de auxilio: "Realizar un rescate acuático es una maniobra muy, muy peligrosa y no está al alcance de cualquier persona". Sanz señala que, habitualmente, quienes intentan ayudar sin la formación específica acaban siendo víctimas también del ahogamiento: "En ocasiones, las personas que tratan de rescatar a sus seres queridos (incluyendo mascotas), fallecen junto a quien se ahogaba previamente", indica.A su juicio, el factor determinante de este tipo de incidentes es la elección de zonas de baño que carecen de vigilancia profesional. "Las estadísticas muestran que entre el 80% y el 85% de las muertes por ahogamiento en España ocurren en zonas donde no hay socorristas", asegura Sanz, que indica que el problema principal está en bañarse en lugares que no disponen de socorristas, pues son los profesionales que previenen las situaciones de riesgo y que están capacitados para realizar rescates acuáticos y maniobras de soporte vital básico. La recomendación, por tanto, es acudir siempre a zonas acuáticas vigiladas, pese a que Sanz advierte que, a menudo, esta realidad está vinculada a una cuestión socioeconómica. "El poder adquisitivo está también detrás del ahogamiento... las personas con menos recursos disponen de menos oportunidades de aprendizaje de las competencias que previenen el ahogamiento y, además, quien no dispone del dinero o los recursos para acceder a una piscina o una zona vigilada se expone a un riesgo de ahogamiento infinitamente mayor", señala.Desconocimiento sobre el medio acuáticoAnte este escenario, Ismael Sanz considera que la educación es la principal herramienta de prevención. Para el experto, la educación acuática preventiva debería integrarse en la educación curricular de la población escolar, ya que actualmente "existe un desconocimiento absoluto sobre cuál es la peligrosidad del medio acuático y cuáles son las medidas mínimas esenciales para evitar el ahogamiento". La población, según sus palabras, se encuentra en una situación de "abandono crónico absoluto" por parte del sistema educativo nacional y territorial, pues poco o nada se habla sobre seguridad acuática y prevención de ahogamientos en los centros educativos españoles.En este sentido, Jessica Pino insiste en que estas tragedias son fruto de una "responsabilidad compartida" entre el ciudadano y la administración. Pino demanda la implementación de un Plan de Seguridad Acuática nacional que establezca la educación como pilar fundamental: "Que desde bien pequeñitos se les eduque a algo muy básico: que sean autónomos en el agua". Retuerto, por su parte, insiste en que ante el calor actual y la falta de vigilancia en muchas zonas, "la primalidad es la prevención", lo que implica acotar estrictamente dónde nos bañamos y mantener una "vigilancia constante" de los menores y de las personas vulnerables.Sanz recoge esta idea y apunta a que esta supervisión debe ser "sistemática y mantenida en todo momento", puesto que los niños pueden alejarse en apenas unos segundos. Como medida práctica, recomienda que, al igual que se lleva una nevera o sombrilla a las zonas de baño, se porte siempre "un material de flotación que pueda ser entregado o arrojado, incluso atado a una cuerda", permitiendo auxiliar a alguien desde la orilla o desde una posición segura sin necesidad de entrar al agua y reduciendo los riesgos del rescate..El presidente de FECLESS señala que el año pasado fallecieron 22 personas en Castilla y León, lo que la convierte en la "comunidad de interior con más ahogados, incluso teniendo más ahogados que Asturias o Cantabria". La gran mayoría de estos incidentes, como el de Palencia, se concentran en "espacios acuáticos naturales no vigilados".Un artículo del propio Ismael Sanz remitido a este medio subraya que el ahogamiento sigue siendo una de las principales causas de muerte accidental en el mundo y recuerda que cualquier entorno acuático es peligroso si no existen medidas de prevención o vigilancia adecuadas. El experto insiste en que muchas tragedias ocurren en espacios acuáticos aparentemente seguros (piscinas infantiles y familiares, playas con aguas tranquilas, etc.) y advierte de que, en situaciones de emergencia, los rescates improvisados por familiares o testigos pueden resultar en accidentes con varias víctimas.Entre sus principales recomendaciones destacan la de elegir siempre zonas de baño vigiladas por socorristas, mantener vigilancia constante sobre los menores dentro y fuera del agua, evitar bañarse tras consumir alcohol o drogas y respetar la señalización y las advertencias de seguridad. Sanz también reivindica la enseñanza temprana de la natación y de conocimientos básicos de seguridad acuática como herramienta clave de prevención.