Bajo un asedio inédito desde Washington, Raúl Modesto Castro Ruz cumple 95 años el 3 de junio, retirado formalmente del poder, pero todavía ubicado en el corazón del sistema cubano; envejecido, pero no irrelevante; convertido por sus partidarios en estandarte revolucionario y, por sus adversarios, en rostro de un fallido experimento social.Raúl —como lo llaman los cubanos de a pie— tendrá un cumpleaños como ningún otro. El hombre que durante décadas manejó los hilos del poder en Cuba —primero a la sombra de su hermano Fidel, luego al frente del Estado y ahora como el “anciano sabio”— apagará las velas del pastel en penumbras y bajo una acusación criminal de la justicia de Estados Unidos.El país que lo vio nacer, que gobernó y ayudó a moldear, padece la peor crisis energética y económica de su era moderna, marcada por apagones de hasta 20 horas al día que mantienen a la isla literalmente a oscuras. Para Raúl, el ocaso de su vida coincide con el invierno más sombrío del comunismo tropical.Hijo de finqueroRaúl nació en 1931 en Birán, un pequeño y tranquilo asentamiento rural en el noreste de Cuba donde sus padres —el inmigrante gallego Angel (Anxo) María Bautista Castro e Argiz y la cubana Lina Ruz González—, eran dueños de la finca Las Manacas, una de las más prósperas productoras de azúcar y madera de la región, y cuya estructura se preserva intacta hasta nuestros días, de acuerdo con datos consultados por MILENIO para esta investigación.Pero no eran ricos de abolengo. Ángel llegó a la isla caribeña siendo joven, reclutado por el Ejército español durante la Guerra de Independencia cubana. Tras la derrota de Madrid de 1898, volvió a su natal Láncara en Lugo, Galicia. A comienzos del siglo XX regresó a la isla “sin un centavo”, según el relato atribuido a Fidel.En Cuba empezó desde abajo: trabajó en el oriente de la isla, y prosperó como contratista y luego como propietario rural. Terminó asentado en Birán, en la antigua provincia de Oriente. Allí formó la familia Castro. Raúl era el menor de los hermanos Juanita, Emma, Agustina, Angelita, Ramón y el primogénito Fidel.Según relatan sus biógrafos, Raúl se perdía de la vista de sus padres de manera constante porque le gustaba irse a los barracones y bohíos donde vivían los inmigrantes haitianos y los trabajadores más humildes de la plantación de caña.Quienes guían las visitas en el museo de Birán recuerdan que Raúl, desde la cuna, desarrolló una enorme lealtad hacia su hermano mayor, Fidel. Una de sus rutinas vespertinas consistía en salir juntos al gran balcón de madera que rodea la casa principal de la finca. Desde allí, los dos niños se dedicaban a gritar saludos a los campesinos y trabajadores que pasaban por el camino real de la propiedad.