Autor: Juan Ignacio Fernández. Intérpretes: Bárbara Massó, Ariel Mele, Gali Dundun. Pelucas: Alejo Moisés. Maquillaje: Adam Efron. Vestuario y Escenografía: Uriel Cistaro. Coreografía: Rodrigo Onasis Arena. Iluminación: Facundo David. Dirección: Jimena del Pozo Peñalva. Sala: Nün Teatro Bar (Juan Ramírez de Velazco 419). Funciones: Miércoles, 21 hs. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: Muy BuenaHay zonas de la historia que pueden resultar poco conocidas para aquellos que no transitamos por esa disciplina de manera cotidiana. El siglo XIX trajo tantas agitaciones en nuestro continente y en Europa que puede resultar extraño encontrarse con alguna perspectiva original para mirar esa historia. Esto sucede en La intrigante. ¿Cuántos conocen la historia de Carlota Joaquina Teresa Cayetana de Borbón y Borbón, infanta de España por nacimiento, y reina de Portugal y de Brasil gracias a su matrimonio con el rey Juan VI? Carlota Joaquina Teresa Cayetana es la protagonista de esta gran historia que se narra en el pequeño espacio escénico de Nün Teatro Bar. Una mujer en un tiempo convulsionado, que fue desplazada por la historia, víctima de complots y hacedora de intrigas que buscaban convertirla en lo que soñó y no logró: ser la reina del Plata. Mientras su esposo la mantenía alejada de la política con la que soñaba, cartas que iban y venían de un lugar a otro alentaban su sueño de poder administrar y ser así reconocida como la legítima soberana de ese enlodado territorio al sur del continente. Manuel Belgrano habría sido, aparentemente, parte de esa aspiración. Jimena del Pozo Peñalva toma algunas decisiones como directora por demás arriesgadasGentilezaJuan Ignacio Fernández es uno de nuestros grandes dramaturgos y un conocedor pleno del lenguaje y de los distintos modismos que fueron modificando el habla a lo largo de la historia. Sabe como pocos cómo recrear el lenguaje desde el punto de vista histórico, jugando con lógicas retóricas y estilísticas de otros tiempos, fácilmente reconocibles para el hispanohablante y el origen más elemental y básico de la comicidad de la propuesta. A esa dimensión discursiva hay que añadirle el exitoso despliegue performático y la puesta en escena.Jimena del Pozo Peñalva toma algunas decisiones como directora por demás arriesgadas, pero que se agradecen. Hay tres intérpretes en escena, pero el espectador verá con claridad solo a dos. El tercero, músico él, estará velado durante toda la hora detrás de un telón. El espectador podrá verlo, intuirlo más bien, reconstruirlo a través de saberes y prejuicios. La música percusiva que él ejecuta va desplegando una sonoridad en apariencia africana y con ella se abre todo un despliegue de nuestra historia colonial y esclavista. Él, el otro de nuestra historia, el excluido, el invisibilizado, es el que la puesta invisibiliza hasta el momento mismo del aplauso, en el que emerge desde detrás del velo. Esta decisión de puesta en escena es arriesgada, porque al tiempo que denuncia, reproduce. Pero en tiempos de corrección política se agradece un gesto de este estilo, que sin hacer demagogia y ofrecer lo “bienpensante” nos exponga como espectadores a una práctica que viene del pasado pero que se replica en el presente. Este ejemplo evidencia cómo en un espacio escénico tan pequeño una dirección inteligente puede hacerlo expandir. ¿Pero qué sucede de este lado del telón? Dos “blanquísimos” actores hacen sus juegos frente a público. Bárbara Massó despliega su talento en este fuerte rol protagónico, haciendo todos los malabares vocales y físicos que el texto, y la dirección de actores, le permiten. En un tono diametralmente opuesto Ariel Mele apuesta a lo contrario: reducir la gestualidad, volverla tímida, por momentos imperceptible. Y con ese gesto (menos es más) logra adquirir un protagonismo superlativo. Captura con su presencia silente el ojo del espectador.La puesta en escena está fuertemente apoyada en la disposición espacial (lo que está frente y detrás de un cortinado semitransparente), en una especie de tarima que en sus desplazamientos ayudará con la comicidad del proyecto y en una puesta de luces deliciosa y precisa que generará una teatralidad muy contemporánea ante un texto y una actuación más tradicional. Parte de la estructura del texto -ciertas repeticiones que van condensando sentidos históricos muy críticos- se apoyará en ese diseño lumínico y es ahí, precisamente, donde se percibe cierta improvisación en una puesta en escena muy precisa. Esa estructura textual que juega con la repetición es acompañada con un diseño lumínico que hace lo propio pero que extrañamente no acaba de acomodarse con el desempeño de la intérprete. La intrigante es una propuesta que sorprende en nuestra escena independiente porque va en dirección contraria a ciertas modas y estilos. En lo escénico hay un trabajo muy riguroso de vestuario, peluquería y maquillaje no tan habitual para este sector artístico que juega más con un lenguaje “naturalista”. El siglo XIX y la colonia aparecen aquí estilizados, y esa estilización es la que genera la distancia necesaria para producir esa lectura crítica de ese modo de entender el poder que tal vez no esté tan ausente en nuestro presente. TeatroEstrenos de teatroHistoria