España se prepara para la llegada del papa León XIV como si se abriera el cielo y el Pontífice descendiera al más puro estilo dios, aunque lo único que se han abierto de momento son las carnes de los madrileños/as con el carajal que hay montado en la ciudad por la llegada del jefe del Estado Vaticano. Tal es el lío en la capital que el alcalde Almeida, con la bendición resignada del Ministerio de Trabajo, en lugar de apostar por reforzar el transporte público con más alternativas o frecuencias, ha hincado la rodilla ante los empresarios para rogarles que permitan teletrabajar a sus empleados, o sea, que los encierren en casa quieran o no y eviten deslucir con sus desplazamientos en masa las cruces, los itinerarios, los salmos y las reverencias al santo padre.PublicidadQué píos y qué ilusionados están nuestros devotos políticos -a izquierda y a derecha, que reivindicar los valores cristianos viste mucho a cualquiera- con la visita a España de León XIV, incluida la presidenta madrileña, recién convertida al catolicismo, al evangelismo o a algo así y según convenga a la caja y a las urnas. Isabel Díaz Ayuso ha tenido el cuajo de verse con el papa en Roma y presentarle Madrid como la puerta de entrada a España, de la diversidad, la multiculturalidad y no sé cuántas hipocresías más. Al Pontífice ha tenido que temblarle hasta el forro del hábito piano al oír a una señora que en cuanto llega a su feudo, el de la cacareada "diversidad", criminaliza a la inmigración como al diablo, no quiere a menores de otros países en su territorio por muy desamparados que estén, carga contra la regularización de extranjeros que ya trabajan en España y milita en un PP aliado de las ultraderechas que triunfan en la Unión Europea con el endurecimiento de su plan profascista y proMeloni, valga la redundancia, para expulsar a campos de concentración a los seres humanos que llegan a Europa huyendo de la guerra, el hambre, la esclavitud, la tortura, la violencia y la muerte. Todo de un cristiano que asusta, sí, pero no se confundan: es el cristianismo "jodidamente" trumpista.La inmisericordia, en lenguaje de León XIV, cotiza al alza y el ejemplo de la primera ministra italiana, con sus cárceles para inmigrantes en Albania, ya es una firme posibilidad para que todos los Estados miembros de una UE que se jactaba de "humanista" claudiquen (otra vez) ante la xenofobia y el racismo. Nada nuevo, es cierto: hace muchos años que Bruselas paga a sicarios en Turquía o Libia para que les contengan los flujos migratorios y de refugiados/as que provocaron los expolios y las guerras espoleadas y/o participadas por la propia Europa y EEUU mientras los humanistas responsables miramos para otro lado.El papa viene a España y visita las Islas Canarias, punto neurálgico de la llegada de inmigrantes a Europa, para poner énfasis y condenar esa deshumanización y marginación masiva que está normalizando la xenofobia por la que sacan pecho los de Vox y otros partidos de su especie, pero que practican sin complejo alguno una mayoría de políticos que se decían "humanistas", "cristianos" y hasta "demócratas". Y esta semana habrá tortazos entre nuestros políticos para besar la mano del jefe de Estado de un Vaticano que también tiene lo suyo con la connivencia fascista, por más que los mensajes de León XIV alegren algo el oído de quienes contemplamos furiosas e impotentes el avance de unos autoritarismos que, como en el siglo XX, berrean que tienen la solución a todos tus problemas, siempre y cuando el problema no seas tú por negro, extranjero, homosexual, feminista o demócrata.