Bill Pulte, heredero de una de las mayores constructoras del país y leal guerrero MAGA (Make America Great Again), será a partir de ahora director en funciones de Inteligencia Nacional. Sustituye a Tulsi Gabbard, que anunció hace un par de semanas su dimisión de un puesto en el que nunca acabó de encontrar su lugar. El anuncio del nombramiento de Pulte, que hasta ahora estaba al frente de la Agencia Federal de Financiación de la Vivienda y era presidente de las agencias hipotecarias semipúblicas Fannie Mae y Freddie Mac, lo hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su tablón predilecto: la red social Truth, de la que es dueño. “William cuenta con una vasta experiencia en la gestión de los asuntos más sensibles de Estados Unidos, la seguridad y solidez de los mercados, y la administración de más de 10 billones de dólares en Fannie Mae y Freddie Mac, lo cual representa un aumento sustancial en 12 meses”, escribió Trump, que precisó que Pulte simultaneará ambos puestos. Como nuevo director de Inteligencia, el empresario tendrá a su cargo 18 departamentos, y su cometido más importante será elaborar el informe que cada mañana presentan al presidente. Aunque el actual acostumbra a saltarse esa lectura, y a pedir explicaciones de viva voz o con gráficos sencillos. Antes de entrar en la segunda Administración de Trump, Pulte protagonizó un escándalo al enfrentarse en 2020 con otros miembros de su familia por el control de la empresa PulteGroup, que cuenta con un abundante parque inmobiliario en Florida. Perdió esa pelea, y acabó siendo destituido de su junta directiva. En Washington, donde se ha ganado el sobrenombre de Pequeño Trump, es conocido por ser uno de los más ciegos aliados del presidente. Su gran empeño al frente de la agencia de la vivienda ha sido promover la venta de Fannie Mae y Freddie Mac, empresas bajo control del Gobierno federal desde los primeros compases de la crisis financiera de 2008, a cuyo estallido contribuyeron decisivamente. Pulte se nombró a sí mismo director de ambas, puesto desde el que ha presionado para la venta de sus acciones, aunque no ha logrado avances significativos en esa operación. Presencia constante en el Despacho Oval, Pulte ha sido uno de los mayores defensores de la persecución desde el Departamento de Justicia de aquellos a los que Trump considera sus enemigos; entre ellos, la fiscal general de Nueva York, Letitia James, el exdirector del FBI, James Comey, o, la semana pasada, la columnista E. Jean Carroll, que ganó al presidente, cuando este aún no lo era, un juicio civil por difamación tras acusarlo de una agresión sexual en los años 80 en Nueva York. El caso de James, a la que Pulte trató de hacer responsable de un presunto fraude inmobiliario, fracasó cuando la causa fue desestimada por un juez. El nuevo director de Inteligencia también buscó trapos sucios parecidos a otros enemigos de Trump, como el senador Adam Schiff (California) o la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook. Ninguno de los dos ha sido acusado formalmente, y ambos niegan haber cometido ninguna irregularidad. En Mar-a-LagoEs nieto de William J. Pulte, fundador del gigante de la construcción PulteGroup. Tras ser expulsado de su consejo de Administración, fundó una firma de capital privado y se dedicó a la filantropía. Junto a su esposa, figura como un asiduo donante a las campañas de Trump. Tras la victoria del republicano en 2024, se le vio cenando en Mar-a-Lago junto a Roger Stone, uno de los más antiguos y fervientes aliados del presidente.Entre sus nuevas atribuciones, estará el manejo del presupuesto anual de espionaje de Estados Unidos, que asciende a 100.000 millones de dólares, y cierta influencia sobre qué secretos están listos para su desclasificación (especialmente ahora, que el Gobierno de Estados Unidos está embarcado en la divulgación de material secreto relativo a los ovnis). Se trata, con todo, de un puesto que carga cierta fama de irrelevante en comparación con otros, como los de director del FBI y la CIA. En el caso de Gabbard, su antecesora, esa sensación se vio acentuada por su aparente falta de sintonía con Trump. Antes de entrar a formar parte del Gobierno, fue congresista demócrata por Hawái. Al anunciar su dimisión, se comprometió a seguir en su puesto hasta el 30 de junio. El motivo de su salida, adujo, son los problemas de salud de su marido, enfermo de cáncer. En Washington, se leyó su renuncia como consecuencia de la presión de Trump, de cuyo círculo de confianza nunca formó parte en los 15 meses en los que estuvo al frente de los servicios de inteligencia. Contraria a la participación de Estados Unidos en guerras en el extranjero, uno de sus grandes momentos fue cuando dijo en el Capitolio que no había información de que Irán estuviera a punto de conseguir la bomba nuclear, justificación principal por la que Washington lanzó el 28 de febrero pasado su guerra junto a Israel contra el régimen de Teherán.
Trump nombra a uno de sus más fieles aliados para sustituir a Gabbard al frente de Inteligencia
Bill Pulte, heredero de la fortuna de una constructora, dirige la agencia de financiación de la vivienda, y ha sido un gran defensor de la persecución judicial de los enemigos del presidente










