Este martes, los lectores de medios en medio mundo se levantaron con la noticia de una llamada en la que el presidente estadounidense, Donald Trump, perdía los estribos con su homólogo israelí, Benjamín Netanyahu. "¿Qué coño estás haciendo? (...) Estás jodidamente loco", eran algunos de los fuertes términos con los que Trump se dirigía a Netanyahu, a vueltas con la invasión de Israel del Líbano. El explosivo reporte lo publicaba el medio Axios y llevaba la firma de su periodista bandera, Barak Ravid. Ante semejantes informaciones, es natural que los medios de comunicación reproduzcan la información, y también que se elucubre sobre si este choque entre ambos mandatarios implica realmente un cambio de política de Trump con Israel. Y, al mismo tiempo, el texto ha sido recibido con cierto escepticismo, porque empieza a cumplir un patrón: todas las grandes filtraciones sobre las negociaciones de alto el fuego y acuerdo de paz con Irán, y otras tantas de menor calibre, vienen siempre primero en Axios. Y siempre, también, con un clarísimo objetivo para la Administración Trump. Pongamos, por ejemplo, solo la última semana. 23 de mayo: Axios publica una exclusiva de que Trump está "50/50" sobre el acuerdo de Irán, y que la decisión se tomará "el domingo". El domingo daban incluso detalles: "Exclusiva: qué incluye el acuerdo de Irán que Trump está por firmar". Lo llamaban "se ha llegado a un principio de acuerdo". Analistas y público diseccionaban los puntos clave del presunto pacto. Dos días después, ni acuerdo, ni detalles y lo que es más, se intercambian ataques entre EEUU e Irán, mientras Israel continúa su renovada ofensiva en Líbano. 28 de mayo, otra vez: "EEUU e Irán han llegado a un acuerdo, a la espera de la firma de Trump". Y aquí estamos. Esto es solo una muestra, pero para cualquiera que haya seguido a Ravid y sus informaciones en Axios, especialmente desde el 7 de octubre, son claras sus buenas fuentes en la Casa Blanca, y también que no duda en publicar cualquier detalle que le ofrezcan. También es claro que la Administración Trump lleva tiempo agitando la promesa de que un acuerdo con Irán que ponga fin a la guerra y reabra Ormuz está "al caer". Pero no cae. La información de Axios no es necesariamente mentira (las negociaciones están teniendo lugar, la llamada y los insultos son verosímiles), pero es necesario entender la filtración —porque lo es— en un contexto en el que hay mucho en juego con la opinión pública en la guerra de Irán. Tanto por los mercados (a cada publicación sobre un presunto acuerdo, los mercados suben y el precio del petróleo se relaja) como por la percepción política. Ahora mismo, Trump sufre para salir de una guerra en la que es innegable la presión de Israel. Al lograr convencer a Estados Unidos de que lancen una guerra a gran escala contra Irán, extremo al que las administraciones estadounidenses anteriores siempre se negaron, y no lograr el objetivo último de acabar con la amenaza iraní, Netanyahu ha gastado todo su capital político histórico. Durante décadas, se ha vendido como 'Mr. Irán', el hombre que, si le hicieran caso, tenía la solución. No ha sido así. Trump, por su lado, no para de publicar mensajes en redes sociales de que esto se va a acabar. 29 de mayo: "Entro en la Situation Room, para sellar definitivamente el acuerdo". 1 de junio: "Las negociaciones continúan, a gran velocidad". Mismo día: "Irán realmente quiere sellar un acuerdo, y será uno bueno para EEUU". Y, como la cuestión de Líbano es clave para las negociaciones, pues los iraníes siguen insistiendo en un acuerdo que incluya a Hezbolá, tampoco para de publicar mensajes al respecto. 1 de junio: "Mantuve una llamada muy productiva con el primer ministro israelí, Bibi Netanyahu, y no se enviarán tropas a Beirut; las tropas que ya estuvieran de camino han recibido la orden de regresar". Unas horas después, insiste: "Hoy he hablado con Bibi Netanyahu y le he pedido que no lanzara una gran incursión en Beirut, Líbano. Dio media vuelta a sus tropas. ¡Gracias, Bibi!". Netanyahu respondió públicamente con un mensaje que ignoraba la petición de Trump: "He hablado con el presidente Trump y le comuniqué que si Hezbolá no deja de atacar nuestras ciudades y civiles, Israel atacará objetivos terroristas en Beirut. Esta postura se mantiene inalterable". Le comunica. No negocia. Y es más, mantiene los ataques sobre Líbano. Y entonces se publica la filtración. Cuando se necesita que la imagen sea que las negociaciones siguen teniendo lugar, cuando se necesita que parezca que EEUU controla al otro protagonista de la guerra, Israel, o que al menos, tiene la fuerza para intentar hacerlo. Pasó con la negociación en Gaza, y ya había pasado en Líbano. Cuando EEUU llegó al alto el fuego con Irán de hace casi dos meses, informó a Israel que incluía Líbano, y Netanyahu respondió con la peor ofensiva aérea que ha sufrido el país de los últimos años. A pesar de que, según JD Vance, los israelíes habían prometido al menos "contenerse" con Líbano durante las conversaciones EEUU-Irán. No fue hasta días después que Tel Aviv aceptó negociar con Líbano. Con las filtraciones de la cercanía del hipotético acuerdo de paz, Tel Aviv redobló su invasión del sur de Líbano, cruzando por primera vez el río Litani, y sus amenazas sobre Beirut. "Es un gilipollas" Y la pregunta que se hacen los periodistas es: se filtran las duras palabras, ¿pero esas palabras se traducen en alguna reducción de apoyo militar, logístico, político o de cualquier tipo a Israel? Pasó algo similar con Rusia, cuando se filtraba lo "molesto" o "exasperado", "frustrado" que estaba Trump con Putin. Eso no cambió la política real, que era la de alejarse progresivamente de Ucrania (para evitar abandonar una causa que es todavía muy popular en el electorado estadounidense) hasta que ya no se produzca ningún envío directo de ayuda militar e, incluso, se retrase o bloquee la que compra directamente en Europa. ¿E Israel? De momento, tampoco. Y no es algo exclusivo de Trump. A casi ningún presidente estadounidense le ha caído bien Netanyahu en lo personal. En 1996, cuando Bill Clinton ocupaba la Casa Blanca, en una de sus visitas Netanyahu debió dar tal sermón al presidente, que cuando se fue, el estadounidense refunfuñó a su equipo: "¿Quién coño se cree que es? ¿Quién es la puñetera superpotencia aquí?" (sic), según se filtró más tarde a la prensa. En un momento dado a lo largo de su relación como jefes de gobierno, un exasperado Clinton llegó a golpearse la cabeza con el teléfono de frustración durante una llamada sobre los asentamientos ilegales en Cisjordania, una anécdota recogida por un corresponsal político del New York Times, Mark Landler, en su libro Alter Egos A Barack Obama, durante una cumbre del G20 en Cannes, se le escapó a micro abierto una conversación con Nicolas Sarkozy. El entonces presidente francés se lamentaba sobre Netanyahu en fuertes términos —"No lo soporto más, es un mentiroso"— y Obama respondía: "Tú estás harto de él, pero yo tengo que tratar con él todos los días". Joe Biden, a quien le tocó lidiar con el Israel de las sistemáticas masacres en Gaza, también mostró signos de frustración. A finales de diciembre de 2023, la impotencia del estadounidense era tal que directamente colgó una llamada que estaba manteniendo con Netanyahu, espetándole un "esta conversación ha terminado" —según filtró entonces el propio Axios. Dos meses después, NBC News informó que Biden se había referido repetidamente a Netanyahu como "un gilipollas", en conversaciones privadas con asesores y donantes. Esas críticas, que a lo mejor se le hicieron a Netanyahu en privado, nunca se convirtieron en una política estatal estadounidense, ni Estados Unidos dejó de armar generosamente a Israel, ni dejó de protegerlo ante la creciente presión diplomática y política. Es por eso que hay que poner en contexto esta llamada de Trump, cuyo objetivo no es cambiar sus políticas ni implica realmente que acabe la ofensiva israelí de Líbano. Netanyahu tiene también sus propias dinámicas internas, con el país a punto de entrar en elecciones y los miembros de su gabinete jugando a ver quién dice el comentario más salvaje sobre "destruir Líbano", y tiene cierta confianza de que puede todavía estirar el chicle con Trump y EEUU. Está por ver, sin embargo, si esta política de Estado de EEUU sobrevive una generación, y si realmente empezaremos a ver cierto distanciamiento. A finales de año lo contaba el propio Trump. Explicó cómo está cambiando la percepción de Israel entre los políticos y la sociedad de Estados Unidos. Hasta hace unos años, los israelíes "tenían un control absoluto del Congreso", dijo, en referencia a la manera en que demócratas y republicanos votaban a favor de cualquier iniciativa que beneficiara a Israel. Incluso habló de la tradicional fortaleza del "lobby" israelí y aseguró que este era tan omnipresente y eficaz que ningún político se atrevía a hablar mal de Israel. "Pero ya no es así", dijo. Y añadió: "Es posible que estén ganando la guerra, pero no están ganando en el ámbito de las relaciones públicas, y eso les está haciendo daño". Opinión Más allá de lo que sucede en el Congreso, los estadounidenses están abandonando a gran velocidad su viejo e inquebrantable compromiso con Israel. De acuerdo con la encuesta más reciente, tras los atentados de Hamás de hace dos años, un 47% de los estadounidenses apoyaban a los israelíes, frente a un 20% que apoyaba a los palestinos. En solo dos años, y por primera vez en la historia reciente, más estadounidenses apoyan a los palestinos (35%) que a los israelíes (34%). Este cambio se debe sobre todo a dos razones. La primera es partidista: los demócratas están abandonando en masa a Israel. La segunda es generacional: los jóvenes de ambos partidos ya no sienten un compromiso especial con ese país.