Mientras el costo de la energía gana peso en el presupuesto de los hogares argentinos y las empresas buscan reducir tiempos de obra, los sistemas de construcción en seco avanzan a nivel local y comienzan a disputar espacio a los métodos tradicionales. Sin embargo, el sector no los ve como un reemplazo de los métodos tradicionales, sino como soluciones que pueden convivir y complementarse.Aunque la construcción tradicional sigue dominando el mercado argentino, los sistemas industrializados vienen ganando espacio en segmentos como las viviendas modulares, los desarrollos logísticos, los parques industriales y la infraestructura vinculada a la minería y la energía. La posibilidad de reducir tiempos de obra y mejorar la eficiencia energética aparece como uno de los principales motores de crecimiento.En este rubro, uno de los segmentos que más crece es el de los paneles aislantes utilizados para techos, cerramientos y construcciones modulares, una evolución de las tradicionales casas prefabricadas. Según datos del sector, el mercado local ya mueve cerca de cinco millones de metros cuadrados por año y mantiene un crecimiento sostenido."Hoy estamos creciendo entre un 10% y un 15% interanual. El consumo per cápita de estos materiales en Argentina sigue siendo bajo comparado con Chile, Uruguay o Brasil, lo que significa que todavía hay mucho potencial de desarrollo", explicó Leandro Bernardi, director de Desarrollo de Negocios en Grupo LTN.La compañía, que fabrica paneles aislantes y soluciones para refrigeración y construcción, participó en numerosos proyectos industriales, y durante la pandemia participó en la construcción de 11 hospitales modulares que se levantaron en apenas dos meses.Uno de sus trabajos más destacados fue su participación en el desarrollo de infraestructura para una obra en la Antártida argentina, a través del diseño, la producción y el montaje del sistema de envolvente térmica de módulos habitacionales en la Base Petrel. “Allí sólo existe una ventana de dos o tres meses para construir y las condiciones climáticas obligan a utilizar sistemas en seco”, explicó. Se trata de uno de los casos más extremos de aplicación de estas tecnologías.El crecimiento del sector también se da en un contexto de mayor apertura comercial y de la llegada de soluciones prefabricadas importadas, especialmente desde China. Sin embargo, Bernardi considera que existen limitaciones logísticas que juegan a favor de la producción local. "Son productos volumétricos y livianos. Transportar un contenedor lleno de paneles implica mover mucho aire y eso encarece los costos", explicó.Según el ejecutivo, si bien comenzaron a aparecer módulos y estructuras prefabricadas importadas, gran parte de la competencia pasa por la calidad de los materiales, la adaptación a las necesidades locales y el servicio posventa. "Una cosa es ver el producto en una foto y otra muy distinta es cuando llega la obra y hay que responder por el material", señaló."Una casa se construye en un año o un año y medio, pero después va a estar habitada durante décadas. Lo importante son esos 30 años posteriores y no solamente el costo de la obra", asegura Bernardi.Menos tiempo de obraUno de los principales argumentos a favor de estos sistemas es la velocidad de ejecución. "Si comparamos una solución tradicional con una basada en paneles aislantes, la diferencia de costo puede rondar entre un 10% y un 15% (más caro), pero la instalación puede hacerse en tres días en lugar de una semana. Cuando uno mira la película completa, esa diferencia en el costo se achica mucho", señaló el ingeniero entrevistado por Clarín Propiedades.Esa reducción de los tiempos se vuelve especialmente relevante en proyectos comerciales e industriales, donde cada mes ganado puede significar una mejora en el retorno de la inversión."Si prometemos una fecha de entrega, tenemos muchas más posibilidades de cumplirla porque trabajamos en entornos controlados y no dependemos tanto de factores climáticos", explicó.La otra gran ventaja que muestran los especialistas es la previsibilidad. "Los sistemas prefabricados permiten planificar mejor, reducir desperdicios y minimizar desvíos en obra", agregó Bernardi. Otro factor que resaltó es el clima. Este tipo de sistemas no queda a merced de las inclemencias del tiempo, ya que gran parte de sus componentes se fabrican en plantas industriales y luego se trasladan para su montaje final.El peso de la eficiencia energéticaPero la ventaja que marcan como superlativa aparece en el uso cotidiano de la vivienda. Según explicó el ejecutivo, alrededor del 40% de la energía de un inmueble se pierde a través del techo, por lo que mejorar la aislación térmica tiene un impacto directo sobre el consumo de calefacción y aire acondicionado. Y en tiempos en los que la factura de los servicios se engrosa mes a mes, es un punto a favor."Argentina durante muchos años no le dio importancia a la eficiencia energética porque la energía era barata. Hoy eso está cambiando. Cada vez más personas empiezan a mirar cuánto les costará mantener una vivienda durante los próximos 30 años", afirmó.A diferencia de lo que ocurre en países como Chile, Uruguay o Brasil, donde la construcción en seco tiene una mayor penetración, en Argentina todavía enfrenta barreras culturales asociadas a la preferencia por el ladrillo y la llamada "casa para toda la vida". Sin embargo, la búsqueda de soluciones más eficientes y la necesidad de controlar costos operativos empiezan a modificar esa percepción.En ese sentido, destacó que la discusión ya no debería centrarse únicamente en el costo inicial de construcción. "Una casa se construye en un año o un año y medio, pero después va a estar habitada durante décadas. Lo importante son esos 30 años posteriores y no solamente el costo de la obra", sostuvo.Construcción en seco y obra tradicional: una convivencia posiblePero lejos de plantear una competencia directa con la mampostería, la construcción húmeda o tradicional, Bernardi considera que ambos sistemas pueden convivir y hasta complementarse. "No creemos que la construcción tradicional desaparezca. Hay obras donde el ladrillo, la piedra o la madera tienen un valor arquitectónico enorme. Lo que sucede es que hoy los profesionales tienen más herramientas y materiales para elegir", explicó.Según el especialista, el principal desafío sigue siendo cultural. "La construcción argentina tiene una fuerte herencia italiana y española asociada a la casa para toda la vida. Pero las nuevas generaciones empiezan a valorar más la flexibilidad, la velocidad de ejecución y la eficiencia energética", concluyó.SN
Las nuevas casas prefabricadas prometen obras más rápidas y mayor eficiencia energética
Mientras el costo de la energía gana peso en el presupuesto de los hogares, la construcción en seco empieza a captar cada vez más atención.Cuáles son sus ventajas, cuánto cuestan y por qué el sector cree que pueden convivir con los métodos tradicionales.











