John C. Reilly destaca la empatía y autenticidad como pilares de su carrera artística y personal (REUTERS/Aude Guerrucci)En su paso por Wild Card with Rachel Martin y NPR Podcasts, el actor John C. Reilly compartió cómo la empatía y la autenticidad guiaron su carrera, desde los escenarios de Chicago hasta títulos como Ralph el Demoledor y Hermanastros. “Tu singularidad es tu valor”, afirmó Reilly, recalcando que nunca buscó ser uno más entre los galanes de Hollywood, sino destacar a través de interpretaciones honestas, capaces de conmover a cualquier público.PUBLICIDADPara Reilly, la empatía es el fundamento de su vida y oficio. Según detalló al programa, sentir lo que otros viven, ofrecer autenticidad y comprender las emociones ajenas son virtudes en el arte y en la vida. Su visión fue moldeada por experiencias personales y familiares que, junto al legado recibido, valora. El actor de 'Ralph el Demoledor' afirma que su singularidad y honestidad le permitieron conectar con públicos diversosEl actor considera que el sentido vital no está predeterminado, sino que se construye día a día con una actitud abierta ante el misterio de la existencia y la vida después de la muerte.PUBLICIDADReilly evocó su infancia en una familia numerosa de Chicago, siendo el quinto de seis hermanos. “Era el hijo intermedio. Por eso, muchas veces podía pasar desapercibido y disfrutar cierta libertad, mientras mis hermanos mayores tenían toda la atención y el menor era el mimado”, recordó. En ese entorno de barrio, sintió que las artes eran un refugio y el lugar donde halló su vocación.Su primer acercamiento fue el teatro musical cuando tenía ocho años y participaba en actividades de un parque local. “Recuerdo a aquel profesor que nos pedía imaginarnos como tiras de tocino en una sartén. Ahí sentí que había encontrado a los míos: otros que querían soñar y jugar”, relató. PUBLICIDADReilly rememora su infancia en Chicago y cómo el teatro musical fue su primer refugio creativo (REUTERS/Phil McCarten)Esa sensibilidad se convirtió en parte central de su identidad: “La música me enseñó a ser actor, porque en mi barrio no había Shakespeare ni Ibsen, todo tenía que tener música. Aprendí improvisación, libertad y a expresarme desde el corazón”.La diferencia física y artística respecto a sus colegas se transformó en motor: “No me veo como Brad Pitt o Tom Cruise. Mi valor es precisamente mi unicidad. Para cualquiera, no solo para los actores, la singularidad es el mayor activo”.PUBLICIDADDurante la entrevista con NPR Podcasts, Reilly admitió que la envidia le había afectado en otros momentos, especialmente cuando comparaba su trayectoria con la de colegas. “Aprendí que cada uno sigue su propio camino. Solo compites contigo mismo. Si buscas imitar el éxito ajeno, dejas de atender a tu propia creatividad. Ser uno mismo y amar a los que te rodean es el reto”.La familia y el entorno de barrio inspiraron a John C. Reilly a expresar emociones genuinas en la actuación (REUTERS/Yara Nardi)Ponerse en el lugar de los demás es una de las ideas que guía la vida y la carrera de John C. Reilly. “Creo que comprendo la empatía mejor que cualquier otra emoción”, aseguró. Para el actor, interpretar personajes implica conectar profundamente con experiencias ajenas, una capacidad que considera esencial para construir actuaciones auténticas.PUBLICIDADSin embargo, admite que esa sensibilidad tiene un precio. “A veces desearía ser menos sensible. Pero poder sentir lo propio y lo ajeno es tanto un don como una carga”, reflexionó, al describir el lado más complejo de una cualidad que ha marcado gran parte de su trayectoria.En diálogo con Rachel Martin, Reilly describió el nacimiento de su espectáculo de vodevil, Mr. Romantic, como una respuesta a la falta de empatía que percibe en la sociedad. “Nació para abordar la falta de empatía. Durante 90 minutos solo hablamos de amor y partimos de lo mejor de cada uno”, explicó.PUBLICIDADEl espectáculo va más allá de la música: busca crear un encuentro donde el público pueda sentirse reconocido. “En cada función intento enamorarme de alguien del público, conectar de verdad. Siento que la sinceridad puede haber pasado de moda, pero el público la aprecia mucho cuando la encuentra de nuevo”, afirmó.La envidia profesional, según Reilly, se combate valorando el propio camino y evitando comparaciones con otros actores (REUTERS/Benoit Tessier)Reilly confesó que el contacto directo durante la función —mediante intercambios improvisados entre canciones— resulta reparador tanto para los asistentes como para él. “Siempre funciona. Es impresionante la necesidad de las personas de sentirse apreciadas. Durante ese tiempo, nos unimos y se crea un espacio donde creer nuevamente en lo humano es posible”, contó.PUBLICIDADLa inspiración de Mr. Romantic reside en “el poder de la conexión”, más allá del entretenimiento: “Me di cuenta de que lo que puedo ofrecer es justamente conectar, devolver algo de lo que el público me dio”.El tema de la trascendencia y la familia cobra fuerza en la conversación. “No creo que nada esté predestinado. Creamos nuestro destino”, sostiene el actor, para quien vivir significa aceptar la incertidumbre y abrirse a posibilidades infinitas. PUBLICIDADPara ilustrarlo, mencionó: “Aunque digan que mañana lloverá, siempre mantengo esperanza en ese 10% de que igual se puede salir”.Para John C. Reilly, el contacto directo y la improvisación en el escenario son claves para crear un espacio humano y reparador (REUTERS/Benoit Tessier)Consultado sobre la vida después de la muerte, Reilly dijo: “Siento que hay algo que permanece, un eco que sigue después”. La muerte de su papá, cuando tenía 28 años, consolidó esta convicción: “Pienso en mi padre todos los días, aunque hayan pasado décadas. La noche en que falleció soñé que lo veía entre una multitud despidiéndose. Mi hermana y mi tía tuvieron sueños similares y ese misterio, esa energía vital, no puede desaparecer; somos ‘seres eléctricos’, algo nuestro sigue adelante”.Para John C. Reilly, el sentido del legado está unido a la familia y a los lazos que trascienden el tiempo. “Si pudiera quedarme en algún momento, sería junto a mis padres, especialmente mi padre en su barco, su lugar de libertad. Ahora soy yo quien navega, y ahí lo siento presente”.