EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.El tango es una música de tristeza y melancolía. Astor Piazzolla fue un genio, pero su llegada sirvió para terminar de “matar” al tango. La mayoría de los intérpretes eran “orejeros”, que tocaban de oído y no sabían leer partituras. Muchas de esas afirmaciones funcionan como verdades irrefutables; auténticas máximas que se fueron repitiendo en torno al tango, esa constelación artística que incluye música, danza y poesía, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.Con la idea de romper con algunos de esos mitos y prejuicios, así como de escribir una historia social de esta expresión artística rioplatense, el escritor e historiador Sergio Pujol (67 años, La Plata) publicó Las edades del tango: de 1897 al siglo XXI (Editorial Planeta). La obra monumental, de más de 600 páginas, analiza los contextos socioeconómicos y políticos que generaron sus condiciones de posibilidad. Además, propone pensar el tango no solo como una expresión artística, sino también como un mirador desde el cual narrar la sociedad argentina.Algo que llama la atención —ya desde el título— es la división histórica en ‘edades’, entendidas como grandes unidades temporales y no como etapas evolutivas. “Había dos vacancias en la bibliografía sobre el tema. Por un lado, no existía una historia que pusiera el acento en lo social y que, al mismo tiempo, diera cuenta del desarrollo artístico del tango. “Por otro lado, todos los libros que existen llegan con suerte hasta Astor Piazzolla”, dice Pujol, docente de Historia del siglo XX en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. “En cuanto a las edades, había que encontrar un criterio de periodización porque se trataba de una tarea titánica de muchas décadas. Yo elegí como punto de partida el año 1897, cuando se publica la partitura del tango El entrerriano. Pero claro que hubo tango antes de esa fecha. Hay que construir un relato de origen porque, como ocurre con muchos fenómenos de la música popular, su nacimiento es indefinible”. La historia del tango de Pujol también puede leerse como una historia reciente de la Argentina. Dentro del capítulo La edad de la ruptura (1955-1982), le dedica varias páginas al tango en tiempos de la última dictadura. “Es un tema que no aparece en ningún libro. Ninguno sobre el tango se preguntó qué pasó durante la dictadura, algo que sí sucedió con el rock y el folclore. Por ejemplo, a través de figuras como Mercedes Sosa, el exilio y las canciones de protesta. Estaba flotando esa idea de que el tango no se mezclaba con la política, más allá de la simpatía por Perón. En realidad, no es así. El tango tiene una relación mucho más profunda de lo que suele pensarse con los fenómenos políticos y sociales”, apunta Pujol, que también es miembro de la Academia Nacional del Tango y de la Academia Porteña del Lunfardo.El autor también cuestiona la idea de que todo tiempo pasado fue mejor dentro del tango. En los últimos capítulos y en el epílogo de Las edades del tango, describe una escena cultural viva y en constante transformación, que recupera elementos de la tradición para construir nuevas formas estéticas y explorar sonoridades contemporáneas. Lo resume en una frase: “El presente del género constituye un escenario diverso, pero no por ello confuso”, dice el investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).“Los músicos que se autoperciben como tangueros y se sienten parte de la cultura del tango son muy conscientes de las raíces del género, han estudiado la evolución instrumental, los estilos de las diferentes orquestas y llegan a la actualidad con la cabeza mucho más abierta que quienes en su momento se opusieron a Piazzolla. Ellos persistían en tocar un tango de los años 40 cuando las condiciones históricas habían cambiado completamente. Los músicos de ahora, de las últimas camadas, se animan a mezclar el tango con el jazz o la música de cámara; son muy estudiosos y hay carreras de música popular en conservatorios y universidades. Saben perfectamente qué es el tango y se atreven a probar fusiones o tocarlo tal como fue hecho”, analiza.Miembro titular de la Academia Porteña del Lunfardo, la Academia Nacional del Tango y la Academia Argentina de Letras, Oscar Conde cree que uno de los grandes méritos del libro de Pujol es abordar “la historia del tango completa”. “Es una historia que llega a nuestros días. Con la aparición del noneto de Astor Piazzolla, el tango cambia de una manera tan dramática que parece dejar de reconocerse como tango. Pujol nos cuenta desde adentro los oscuros años 60 y 70, la reaparición del espectáculo Tango Argentino en los 80 y el resurgimiento de las milongas en Buenos Aires y otras ciudades, además del nacimiento y aparición de nuevas orquestas y creadores jóvenes”.Otros investigadores dividieron la historia del tango en tres grandes períodos: la guardia vieja, la guardia nueva y la vanguardia. “Pujol no se queda en esa división tripartita y va más allá con sus ‘edades’, que permiten entender mejor cómo ocurrieron los procesos históricos”, agrega. “No es un libro académico, sino un ensayo integral para gente culta”. Cantante de tango y docente, Lidia Borda sostiene que el libro adquiere un valor especial en el presente argentino por su capacidad de recuperar la memoria colectiva a través del tango. “Dentro del mundo cultural, el tango es una figura muy reivindicada y ensalzada, pero también bastante desestimada, como si fuera un abuelo al que se le reconocen ciertas virtudes. Que Pujol encarne en el tango una parte de la historia y de la memoria colectiva me parece relevante y necesario”. Según la artista, el libro funciona como una forma de resistencia en una época marcada por “la brutalidad y el barbarismo”, en un país castigado por la desfinanciación de la cultura, la salud y la educación.Cuando comenzó a trabajar con el tema, el historiador se preguntó sobre los orígenes de esta música. ¿Fue en el barrio de La Boca? ¿En Palermo o en los cabarets del centro de la ciudad? Quizá, como todo fenómeno cultural, la respuesta no sea única ni inequívoca. Tal vez lo más importante sea esa convicción de que Buenos Aires y el tango son inseparables, una idea que el autor sintetiza de otra manera: “El tango es una cultura que está profundamente enraizada en esta ciudad. Hay un poderoso pacto de amor que otras ciudades no tienen con su música”.
El libro que cuenta la historia social del tango: desde sus orígenes hasta nuestros días
En ‘Las edades del tango’, el historiador Sergio Pujol reconstruye más de un siglo de su historia. Propone leer al género como un espejo de las transformaciones políticas, culturales y sociales de Argentina















