Abelardo de la Espriella, el candidato de ultraderecha que se volvió rico defendiendo a narcos y lavadores de dinero de Maduro, como Alex Saab; el mismo que se ufana de su misoginia y que ha prometido destripar a todos los que sean de izquierda si llega al poder, puede ser el próximo presidente de Colombia. Y lo más insólito es que quien está ayudando a elegirlo es el propio presidente Petro con sus errores, devaneos y piromanías. Esa es la sensación que me dejó todo lo sucedido este domingo luego de que se conoció la sorpresiva votación de De La Espriella, quien se impuso sobre Cepeda por una amplia diferencia de más de 670.000 votos en primera vuelta. En ese resultado pesan verdades que no se dicen y que van desde un innegable descontento frente al Gobierno de Petro hasta la exaltación de sentimientos más primarios, como el odio por la izquierda y el anticomunismo, muy acendrados en la cultura política que se construyó durante los 60 años de conflicto con las FARC y que son la base de esa petro-fobia que exuda la derecha abelardista.Sin duda, el resultado del domingo tomó por sorpresa a la campaña de Cepeda que tenía todo planeado para ganar en primera vuelta. Creyeron que no necesitaban de los votos de centro ni de centro izquierda y que bastaba con apelar a sus huestes con el fin de traer a los excluidos que ahora se sentían representados en el primer gobierno de izquierda. Pensaban que la subida del salario mínimo y el incremento de los subsidios a los más pobres iban a ser suficientes para atraer a los que nunca habían votado, pero la estrategia les falló. Pese a que Iván Cepeda sacó una gran votación en esta primera vuelta —obtuvo 9 millones 700 mil votos, un millón de votos más que los que puso Petro hace cuatro años—, no les alcanzó para ganar y terminaron segundos, superados por el candidato De La Espriella. No obstante, tras este inesperado revés, al caer la tarde del domingo pasado, todavía seguía abierta la posibilidad de que Cepeda le pudiera ganar a Abelardo en segunda vuelta. Sin embargo, esa ventana prácticamente se cerró a eso de las 8 de la noche, cuando el presidente Petro sacó un trino en el que anunció que desconocía el resultado del preconteo electoral alegando que habían descubierto 800 mil cédulas nuevas en el censo electoral. El reclamo sorprendió porque en todas las mesas de concertación que se habían hecho antes con la Registraduría y los partidos políticos, ese asunto nunca se planteó. Petro había convertido el tema de un posible fraude electoral en su caballo de batalla pero sin mucho éxito ya que nunca se entendió muy bien cómo era que un presidente podía poner en tela de juicio un sistema electoral que le había permitido llegar al poder. Tampoco se sabe de donde sacaron la cifra de las 800 mil nuevas cédulas, porque la que da la registraduría es otra. Desde enero a abril solo hay 251 mil nuevas cédulas, de las cuales 180 mil son de nuevos votantes. Hacer un reclamo tan airado sin tener ninguna prueba, —que tampoco va alterar en mucho el resultado electoral—, revivió el fantasma que la derecha ha venido agitando, según el cual la izquierda de Petro no iba a entregar el poder.El segundo golpe vino después, cuando el candidato del Pacto Histórico Iván Cepeda se sumó a lo dicho por Petro y también desconoció el resultado del preconteo electoral. Un error fatal. Ese momento estelar era la oportunidad para que Iván Cepeda, un político más reflexivo y sensato que Petro, demostrara su independencia del jefe de gobierno y se distanciara de sus desatinos, sin necesidad de levantar la ira presidencial. Era el instante para poner su distancia ante varias propuestas petristas, difíciles de digerir, como la de convocar a una constituyente para reformar la constitución de 1991, un tema espinoso que en Colombia ha sido fuente de violencia. Para sorpresa de muchos, Cepeda no hizo nada de eso y en cambio afinó sus cargas contra Abelardo De La Espriella y lo tildó de fachista -un calificativo que lo define muy bien, a decir verdad-. Sin embargo, cuando se necesitaba un cambio de estrategia y traer a nuevos electores, Cepeda radicalizó aún más su discurso. Así las cosas, va a ser cada vez más difícil que personas de centro que votaron por Sergio Fajardo y por Claudia López voten por Cepeda en la segunda vuelta porque muchos de ellos temen que Petro y su candidato puedan desconocer el resultado electoral.El triunfador de la noche fue sin duda Abelardo de la Espriella, quien ni corto ni perezoso salió raudo a cuestionar al presidente Petro y a Iván Cepeda por desconocer los resultados electorales. Su discurso lo hizo desde un barco lleno de luces sobre el río Magdalena, en Barranquilla y fue todo un show. Desde ese escenario, se proclamó como el defensor de la democracia y del estado de derecho, una chapa que no le queda, porque hasta sus votantes saben de su talante autoritario, de su arribismo y de su desprecio por todos los valores de la democracia. El irrespeto con que Abelardo De La Espriella trató al presidente Petro y a su candidato, —los redujo a delincuentes que hay que encarcelar— demuestra que no estamos ante un hombre de estado sino ante un advenedizo que se emociona con el poder y que no está dispuesto a reconocer ninguna dignidad política que se le oponga, así haya sido elegida por el voto popular. Creo que este país ha cambiado y que ya no estamos para recetas como las que plantea Abelardo De La Espriella, quien propone una vuelta a la seguridad democrática 2.0. El otrora abogado de Alex Saab no se ha enterado de que en este país, del que tanto denigra, ya no hay guerrillas que se quieran tomar el poder, ni combinación de formas de lucha, sino bandas criminales que están nutriéndose de las rentas ilegales, una realidad que enfrentan casi todos los países en mayor o menor grado. De La Espriella, por haber vivido tantos años en su amada Italia, no sabe que nos hemos vuelto un país más normal, que enfrenta desafíos muy parecidos a los que tienen la mayoría de los países en el mundo, una realidad que demuestra cómo nuestra democracia ha madurado. Prueba de ello es que tenemos por primera vez una derecha y una izquierda fuertes, un escenario que hasta hace poco era impensable en Colombia. Colombia no se merece volver a políticas que son del pasado y que exacerbaron la violencia, la injusticia y la exclusión. Pero tampoco se merece un presidente de izquierda pirómano, que le da por cuestionar sin ningún sustento el sistema electoral cuando su candidato va perdiendo. En las ultimas horas, el mandatario ha anunciado en su cuenta de X que se va a meter de lleno en la campaña, como si el candidato no fuera Cepeda sino él. Eso no es solo una salida delirante que rompe la institucionalidad, sino un irrespeto con su candidato, quien anda intentado bajarle el tono a su pronunciamiento inicial sobre un posible fraude electoral diciendo que “las irregularidades encontradas no son de dimensiones suficientes como para hablar de fraude”. Sin embargo, queda la duda de si esta vuelta a la cordura que intenta hacer Iván Cepeda tiene cabida en este manicomio que está armando el presidente Petro. Al desconocer el resultado electoral del domingo pasado, en el que Abelardo toma la delantera, la izquierda cometió el error de entregarle a la ultraderecha autoritaria, el papel de defensor de la democracia, una equivocación fatal, que no se enmienda tan fácilmente.Tampoco se dieron cuenta que el miedo al comunismo era mayor que el miedo a que volviera una derecha 2.0 y menospreciaron el descontento que hay entre muchos colombianos frente al gobierno Petro. La izquierda debería mirarse al ombligo y preguntarse en qué se equivocó y por qué despreciaron los votos del centro y de la centro izquierda de manera tan olímpica. Y su candidato Iván Cepeda debería deslindarse de los trinos delirantes del presidente Petro. Solo un milagro cambiaría el viento de cola que en este momento tiene Abelardo De La Espriella. Qué vaina.
Los errores de Petro que podrían elegir a De la Espriella
Yo no he votado ni votaré nunca por Abelardo de la Espriella, pero la forma de derrotarlo no es desconociendo el resultado electoral en el que él toma la delantera. La izquierda debería preguntarse por qué despreciaron los votos del centro y del centroizquierda de manera tan olímpica










