“Con limón y sal” es una metáfora que en Latinoamérica se adoptó para hablar del vínculo con el deseo. Una analogía donde el sabor aparece recién cuando lo ideal se mezcla con lo imposible. Hace 20 años, el 30 de mayo de 2006, esa noción se volvió disco en manos de Julieta Venegas, que a lo largo de 14 canciones le puso sonido a eso. La degradación de una relación contada en primera persona, donde tema a tema, la protagonista atraviesa las etapas de la separación: desde el síntoma de desgaste hasta el adiós final, cuando todavía queda alguna de Andrés Calamaro para dedicar. Un álbum que no busca culpables y que por eso mismo queda arriesgadamente cerca de lo que el amor realmente es. De ese “que endulza la sal”.
Explorar
Vea los últimos videos, gráficos y noticias
Hace tiempo que el discurso romántico en la música popular se lee de manera extrema: o eternidad o caerse a pedazos. En su cuarto trabajo de estudio, la artista mexicana pincha el globo del cuento de hadas, asume que no fue y, en esa renuncia, queda una ternura a medio armar. “No tenía ganas de escribir canciones felices. No es que tuviera que desahogarme, pero sí tenía ganas de profundizar de otra manera. Creo que es un disco del amor en todas sus caras”, así lo ponía en palabras en 2006, en charla con Humphrey Inzillo.










