En Puerto Rico existe talento suficiente para desarrollar jugadores con el potencial de llegar a las Grandes Ligas.El talento nunca ha sido el problema.Sin embargo, algo está fallando, y los resultados son obvios.No es un secreto que la presencia puertorriqueña en las Grandes Ligas ha disminuido significativamente durante las últimas décadas. Tampoco es un secreto que, si no corregimos el rumbo, la situación podría agravarse aún más en los próximos años.Las razones son muchas. Son múltiples los factores que han contribuido a esta realidad y numerosas las personas, organizaciones e instituciones que, de una forma u otra, tienen responsabilidad en ella.Lamentablemente, cuando se intenta discutir este tema con seriedad, demasiadas veces la conversación se desvía hacia la defensa de intereses particulares, ataques personales o justificaciones. Se cuestiona a quien levanta la voz en lugar de analizar el problema. Sin embargo, el verdadero asunto no es quién lo dice, sino qué estamos haciendo para resolverlo.Por esa razón, antes de señalar a otros, me incluyo entre los responsables. Como el primer dirigente puertorriqueño en dirigir en las Grandes Ligas, también debo reconocer que quienes hemos ocupado posiciones de liderazgo dentro del béisbol no hemos encontrado todavía las soluciones necesarias para revertir esta tendencia. Todos, de alguna manera, le hemos fallado a nuestros prospectos.Y la realidad es preocupante. Hoy estamos peligrosamente cerca de un escenario en el que Puerto Rico tenga apenas unos pocos jugadores participando regularmente en alineaciones de Grandes Ligas. Lo que hace años parecía imposible, hoy es una realidad.La responsabilidad no recae sobre un solo sector. El Gobierno de Puerto Rico, el Departamento de Recreación y Deportes, el Departamento de Educación, la Legislatura, la Liga de Béisbol Profesional, la Federación de Béisbol, la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI), las academias especializadas, las ligas infantiles y juveniles, las asociaciones de escuchas de MLB, los exjugadores de Grandes Ligas, los entrenadores, los padres y los propios prospectos tienen un rol que desempeñar.Todos somos parte del problema. Pero también todos podemos ser parte de la solución.Lo que necesitamos con urgencia es crear conciencia, asumir responsabilidad y actuar con intencionalidad. No para proteger egos, posiciones o protagonismos, sino para servir a nuestros jóvenes. Para colocarlos en posición de alcanzar sus sueños y desarrollar al máximo su potencial, tanto dentro como fuera del terreno.Nuestros prospectos lo merecen.Y también lo merece el béisbol, una disciplina que ha dado identidad, orgullo y gloria a Puerto Rico durante generaciones.Ha llegado el momento de dejar a un lado los intereses individuales y comenzar a trabajar unidos por una causa mayor que cualquiera de nosotros.Porque el futuro del béisbol puertorriqueño no depende de quién tenga la razón. Depende de quién esté dispuesto a asumir la responsabilidad.
Opinión | El béisbol boricua ante una realidad preocupante
Edwin Rodríguez, primer dirigente puertorriqueño en las Grandes Ligas, señala que todos los sectores de la pelota tienen responsabilidad en la situación actual en Puerto Rico







