EntrevistaNéstor Lorenzo habló en exclusiva con la revista BOCAS de su vida, la Selección y los dos emblemas del equipo: James Rodríguez y Lucho Díaz.Néstor Lorenzo es la nueva portada de la revista BOCAS Foto: Pablo Salgado / Revista BOCAS01.06.2026 07:43 Actualizado: 01.06.2026 07:43
Néstor Lorenzo, el técnico de la Selección Colombia, habló con la revista BOCAS de James Rodríguez y del momento estelar de Lucho Díaz; recordó su vida de barrio en la Argentina, las rutas de bus que hacía con su mamá para entrenar en Argentinos Juniors cuando era niño y la final de la Libertadores que le ganaron al América de Cali en 1985. Recordó a Maradona en la final que jugaron en Italia 90 y la extraña sensación de no haber podido levantar la Copa. Habló de cábalas, de su ya legendaria camisa vino tinto, del arroz con coco y la lechona, de los asados que hace con sus amigos en Bogotá y de los chistes argentinos que no le hacían gracia a Luis Amaranto Perea. Este es el cerebro de la Selección. Confieso que hubo momentos, en esta eliminatoria, en los que sentí ganas de apagar el televisor antes del pitazo final. No por falta de fe —que nunca se pierde del todo, a pesar de todo—, sino por ese miedo antiguo y conocido que todos los hinchas colombianos tenemos incorporado en el chip que nos lleva a creer que lo bonito no dura o que el sueño se va a interrumpir justo en la mejor parte.Néstor Lorenzo es la nueva portada de la Revista BOCAS. Foto:Retrato de VladdoLos empates con Perú y con Paraguay, cuando ya nos sentíamos con un pie en el Mundial, dolieron como duelen las cosas que lo afectan a uno de verdad. Pero también sentí la emoción contraria, y gocé como loco cuando rompimos el hechizo y le ganamos por primera vez a Brasil en una eliminatoria que, con los dolorosos y los gozosos, ha hecho parte de un proceso que tiene nombre propio: Néstor Lorenzo.El mismo proceso que nos llevó de nuevo a una final de la Copa América, esta vez en Miami, así hayamos salido frustrados tras la derrota contra Argentina, sintiendo que otra vez nos faltaron los cinco centavos pa’l peso. O el que nos hizo vibrar con esa Selección que jugaba sin complejos y le ganó un amistoso a España (0–1) nada menos que en el Santiago Bernabéu. O cuando derrotamos en su propio patio a Alemania (0–2); algo nunca visto.Lorenzo llegó en el 2022 con el escepticismo de muchos encima. Ya había sido el asistente de José Néstor Pékerman, pero cuando le tocó echarse encima el peso de una selección que venía aporreada, luego de quedar eliminada del Mundial de Catar, no le faltaron agallas.Y lo que siguió ha sido una de las etapas más sólidas y emocionantes del fútbol colombiano en mucho tiempo. Lorenzo supo construir sobre lo construido —algo inusual en este país—, retomó lo mejor del legado de su antiguo maestro y le imprimió su propio sello: más intuitivo, más directo, más apasionado.Néstor Lorenzo. Foto:Pablo Salgado / Revista BOCASY aunque él se niega a decirlo en esos términos, con los resultados les tapó la boca a más de uno de esos periodistas tóxicos que se creen los técnicos de los técnicos, que pontifican ante un micrófono y que hacen preguntas no para entender, sino para entrampar, como se dice ahora.En esas circunstancias, conseguir una entrevista con el profesor Néstor Lorenzo no es un trámite sencillo. Y menos aún a escasas semanas del inicio del Mundial 2026, así que puedo considerarme un privilegiado. La primera vez que lo vi en persona fue en un avión y, como simple aficionado, le pedí una selfi, a lo que accedió sin ningún misterio. Desde ese momento le sentí la buena onda. Y desde esa vez quería entrevistarlo, pero no me atreví a decírselo. Luego, coincidimos en un par de lugares, y empezamos a pedalear para que se dejara entrevistar. Como no soy periodista deportivo, le dije que la idea no era hablar de tácticas, arbitrajes, rendimiento, fichajes, rivales ni nada de eso. Quería escudriñar un poco a la persona detrás del personaje.Finalmente, después de varios meses, logré sacarle el sí para BOCAS. Quedó de recibirme una vez finalizara el anuncio de la lista preliminar de jugadores convocados para el Mundial. Llegué a la sede deportiva de la Federación Colombiana de Fútbol, en Bogotá, unos minutos después de la conferencia de prensa. Todavía quedaban algunos periodistas, y con el fotógrafo Pablo Salgado tratamos de pasar inadvertidos.Néstor Lorenzo Foto:Pablo Salgado / Revista BOCASAl dirigirnos a su despacho, pensaba que debe haber muchos colegas que hubieran querido estar en mi lugar, cosa que me producía satisfacción, pero también me generó una cierta inquietud, que él se encargó de disipar con una amabilidad que iba más allá de lo protocolario. Había una calidez genuina en su trato. Desde el inicio de la conversación, el profe empezó a hablar con la tranquilidad, la sencillez y la experiencia de un hombre al que el fútbol le corre por las venas, formado en el potrero de Villa Celina, en la periferia bonaerense, donde aprendió que trabajar bien y trabajar mal cuestan casi lo mismo, y donde su madre, doña Luisa, sigue esperando que la llame todos los días.Al hablar con Néstor Lorenzo es inevitable recordar de dónde viene. No se trata de un paracaidista ni de un advenedizo. Empezando porque fue parte del plantel de Argentinos Juniors que le ganó la Copa Libertadores de 1985 al América de Cali. También jugó en las canchas de Europa, en la Serie A con el Bari y estuvo en Inglaterra con el Swindon. Ya de vuelta en la Argentina pasó por San Lorenzo, Quilmes, Ferro y Boca Juniors. Y fue titular en aquella guerrera Selección de Bilardo, con Diego Armando Maradona, en la final de Italia 90... esa final que todavía debe doler, la que perdieron contra Alemania.Pero también es un estratega. El mismo que le dijo a James Rodríguez, en Catar, que si quería jugar en la Selección tenía que irse de allí, aunque eso significara perder dinero. El que construyó un equipo capaz de ganarles a cinco campeones del mundo en un mismo proceso. El que sabe que nadie es indispensable, porque así se lo exige la lógica del fútbol y también, quizás, la filosofía de barrio con la que creció.Esta entrevista llega en un momento muy especial para el fútbol colombiano. Es un diálogo desparpajado con un hombre que respira fútbol, que tiene la franqueza y la disciplina como método, y que debe ser, hoy por hoy, el argentino más colombiano.Después de casi cuatro años en Colombia como entrenador de la Selección, ¿cuándo dejó de sentir que vivía en un hotel y ya sintió a Bogotá como su casa?Creo que lo sentí ya antes. Con José [Pékerman] estuvimos 7 años en Bogotá, del 2012 hasta después del Mundial 2018. Ya tengo muchos amigos bogotanos y del interior, que viven en Bogotá, y muchos amigos argentinos, que también están como expatriados, como yo; que trabajan para distintas empresas aquí y con los cuales hicimos un lindo lazo de amistad.Y cuando llega a Bogotá después de un viaje y vuelve a la casa, abre la puerta, ¿qué es lo primero que hace?Bueno, pues te voy a decir algo, antes, al bajarme en El Dorado y agarrar la 26, me fijo si llueve o no llueve. Eso es típico, ¿no? Típico que nos reciba con nubarrones, pero me siento en mi casa. Hoy, cuando voy a Buenos Aires, voy de vacaciones.¿Cómo organiza la agenda para ver en acción a los jugadores, cómo es ese proceso? Tiene que estar viajando, viéndolos en los equipos. ¿Les avisa que va a ir o va de sorpresa?Sí, cuando voy, les aviso. Si no, no los veo; les tengo que avisar.Y cuando va a verlos jugar, ¿les avisa que va a estar en el estadio?Sí. Son jugadores que no tienen que sentir esa presión. Yo los veo a todos por televisión, por las distintas aplicaciones que tenemos para poder ver todos los partidos; pero cuando viajo les aviso y voy con un tema especial, voy con un tema preparado con los videos de partidos anteriores, de errores y aciertos, y hacemos ahí, cuando nos juntamos, una autocrítica de lo que se hizo bien, lo que se hizo mal. Y después hablamos un poquito, depende con quién, del momento del equipo, de la responsabilidad que tienen en el equipo, que se haga más cargo...¿Fuera del trabajo, sale, comparte espacios con ellos?A lo sumo los invito a comer donde estoy yo, a un hotel o a un restaurante, o me invitan a un restaurante que conocen ahí en la ciudad. Esa es una salida, pero es de trabajo. Es la vez que nos vemos, no es que estamos tres días seguidos con eso. Estamos un día y ya; y salimos para otra ciudad, estamos al otro día en otra ciudad. Son viajes bastante intensos.¿Qué significa Lucho para la Selección?Lucho es el emblema de la Selección. Hoy es uno de los mejores jugadores del mundo, en mi criterio. Está en un nivel muy bueno. Es el único que tenemos dentro de la élite, que serán 30 o 40 jugadores. Él ama el fútbol, él ama la pelota y eso lo hace más fácil para él, y aparte está muy bien, está en un momento bueno. Fue papá hace poco. Está contento, está bien.Usted jugó en Europa en momentos muy distintos de lo que se vive hoy. ¿Cómo era ese proceso de adaptación a un equipo y a una cultura y a un idioma extraños en esa época?Yo creo que la adaptación era parecida, pero como no había tanta globalización, no había redes, no había nada de eso. Tenía el contacto, era más natural, más personal, la relación social tenía que ver. Yo me llevaba un cuadernito y anotaba las palabras que no entendía y las preguntaba para aprender a hablar más rápido.Y, volviendo a los emblemas de la Selección, ¿qué significado tiene James hoy? ¿Qué papel desempeña?James es el capitán del equipo. Es un muchacho que está totalmente comprometido con la Selección desde el primer día. A veces le tocó estar, a veces no, a veces estuvo mejor, a veces peor, pero siempre dio lo mejor de él en su momento. Lo que le pasa ahora es que llegó a un equipo que ya estaba armado. Tuvo pocos minutos y no le alcanzaron los minutos que tuvo para lograr un rendimiento acorde a lo que necesita. Entonces fuimos a verlo, le hablamos, le dijimos que se preparara mejor, que lo que no puede lograr con minutos dentro del campo de juego, lo logre afuera del entrenamiento; por lo menos que mejore la parte física, pero no desde el juego, sino desde ejercicios físicos de transferencia. Él estuvo de acuerdo, está con un profe trabajando allá. Cada día se le ve mejor físicamente y, bueno… vamos a ver cuando venga cómo está. En los partidos que tenemos jugará un rato, vamos a ver…Ahora voy a metérmele al rancho y vamos a hablar un poquito de doña Luisa, su mamá. En alguna ocasión ella dijo que, en su barrio, todos van por Colombia. ¿Qué sintió usted cuando la oyó decir eso tan bonito?Es que ella los aprieta, ella los extorsiona un poquito, ¿viste? Les dice: “Imagino que van por Néstor, ¿no? Imagino que van por Colombia…”. Y el vecino qué va a decir, ¡no tiene otra! Pero nada… hay mucha gente, la verdad, que va por Colombia. Yo siempre volví al barrio, son mis orígenes, mi esencia. Y mi viejo, mi papá, Beto, nos enseñó también así. Tenemos mucha tradición de amistad con la gente de toda la vida, que a lo mejor no la ves por dos años y sabés que está. Les hablas por teléfono y cuando los ves el abrazo que nos damos es como si no te hubieras separado nunca.Néstor Lorenzo Foto:Pablo Salgado / Revista BOCASCuando era joven le tocaba coger tres buses para llegar hasta los estadios, para ir a los entrenamientos, y su mamá siempre lo acompañaba. ¿De qué hablaban en ese trayecto?Mi mamá fue siempre muy consejera, muy de dar consejo. Y de prestar atención. A ella le gustaba que estuviéramos siempre atentos. Alberto y yo, mi hermano y yo. Mi papá trabajaba y ella, que estaba en casa, me acompañaba. Yo tenía 11 años cuando empecé a viajar bastante y era chico. A veces me tenía que ir solo y mi mamá sufría mucho. Después, ya con el tiempo, 12 o 13 años, ya empecé a viajar solo y, bueno… Pero mi mamá siempre, siempre al pie del cañón.¿Qué consejo de su mamá sigue aplicando religiosamente?De mi mamá y de mi papá Beto. Siempre decía: “si vas a hacer algo, hacelo bien, porque hacerlo mal y hacerlo bien cuesta casi lo mismo; así que ponele todo para hacerlo bien, ¿viste?” Y es algo que a mí me quedó, porque es verdad: cuando hacés cualquier tarea, te tenés que quedar un poquitito más para que salga perfecta. Por lo menos, si no va a ser perfecto, va a ser excelente. Yo soy muy exquisito en los detalles, en las palabras, en las cosas que hago, porque quiero que salgan lo mejor posible, y cuando te equivocás decís, ‘pucha era casi lo mismo, había que poner un poquito más’. Mi mamá —todavía—, todos los días me da consejos. Si no la llamo, al otro día me reta; me dice, “qué te pasó ayer que no me llamaste, y yo esperándote”. Siempre me da algún consejo, sobre todo de la vida diaria. Lo que me inculcaron fue la honestidad y la vocación de trabajar. No me hubieran podido ver tirado en una cama o en una silla sin hacer nada.¿Qué tiene Villa Celina que no haya encontrado en otro lugar del mundo?Los amigos de la infancia, lo que veo, lo que encuentro hoy cuando voy y veo a mi familia: mi mamá, mis tías, mi hermano. Pero tenía un espíritu barrial, un espíritu muy, muy común en todo lo que es el conurbano bonaerense, donde una clase trabajadora de origen más que nada italiano o español hizo la Argentina, con su trabajo, con construir una vida nueva, luego de venir en distintos eventos migratorios. Uno fue después de la Primera Guerra Mundial; otro, después de la Guerra Civil española. Y bueno, entonces ahí están todas esas generaciones que nos inculcaron mucho espíritu de trabajar. Lo que ahora no abunda tanto… Siempre el mensaje era que si trabajas, te va a ir bien, ¿viste? Había mucha hermandad. Y había mucha solidaridad entre los vecinos, si uno progresaba no se le tenía envidia; se le admiraba, se decía: ‘ese progresó porque trabajó, porque se preocupó, porque dejó cosas de lado’, ¿me entendés? Y ese mensaje me lo daban mi papá, mi mamá, mi tío, mi entorno. Pero hoy yo veo que al que tiene plata se le tiene bronca, se le tiene envidia. Jamás, de chico, me dijeron eso mis padres, y les agradezco porque me educaron como debe ser, ¿no?¿Y qué es lo primero que piensa cuando le digo Leonardo Marano?Marano fue una institución en el barrio, un vecino divino, solidario, que también fue uno de los que trabajaron un montón; le fue bien. Puso su casa de electrodomésticos, y el que tenía en la casa electrodomésticos en el barrio era un tipo casi que poderoso. El primer televisor a color que trajeron a mi casa, cuando yo era adolescente, se lo compramos a Marano, y a cuotas. Era una época que se podía tener crédito porque no había tanta inflación y qué sé yo. Marano siempre ayudó a todo el mundo.Néstor Lorenzo Foto:Pablo Salgado / Revista BOCASSu hijo Juan es su mano derecha. ¿Cómo se hace para que el papá no destroce al asistente, y para que el asistente no le pierda el respeto ni el cariño al papá?Primero, creo él empezó a trabajar conmigo desde que yo me separé de José (Pékerman) y elegí mi camino. O sea, me agarró más maduro. Por ahí, más joven, me habría costado más esa relación, pero hoy veo las cosas desde otro ámbito. Hay dos tipos de relaciones: la personal y la laboral, y yo creo que eso también me ayuda. Y lo mismo con los otros asistentes; con todos me llevo muy bien. Pero soy el más grande acá, soy el más viejito, entonces, como que tengo también la responsabilidad de tener esa paciencia para la toma de decisiones.Y Natalia, su hija, ¿qué piensa ella de todo el mundo mediático del fútbol?Yo creo que lo toma como algo típico. Ya lo vivió de chiquita cuando yo jugaba en la Selección o en Boca o en San Lorenzo. Eran clubes populares donde la gente te pide fotos, te pide notas, y ella siempre fue un poquito tímida en ese sentido. Pero, bueno, ella hizo su carrera, su vida y está muy bien. Y le encanta el fútbol. Así que también hablamos mucho de fútbol.Y cuando juega Colombia con Argentina… ¿cómo es el tema familiar?Ahí no hay duda; ahí la familia es colombiana… estamos dando la vida acá. Todo, todo el sacrificio que hacemos de estar lejos de la familia, de estar lejos de la casa… Te dije, yo me siento como en mi casa acá; pero mi mamá está allá, mi hermano está allá, la familia de mi señora está allá. Todo eso involucra un sacrificio. Y si bien es un sacrificio de lujo en cierto modo, porque vivimos bien y gracias a eso podemos darles una mejor vida a ellos, también trabajamos para ganar, y el que tiene que ganar, mientras yo esté acá, es Colombia.Usted es un hombre religioso y que siempre tiene presente a la Virgen. ¿Qué es lo que más le agradece?Todo, todo. Yo creo que la vida no tiene sentido si no le pones una trascendencia. Creo que los resultados tienen que ver con cómo vos tomás todo y cómo fuiste guiado hasta cierto lugar. Yo me encomiendo mucho a Dios, pero sé también que hay una experiencia o un conocimiento en mí que hace que, cuando Dios me inspira, las cosas salgan, pero sin trabajo no alcanza.Ayúdate que yo te ayudaré…Sí me encomiendo mucho y pido siempre la protección, la salud, las cosas más importantes de la vida, que es el amor, las cosas que importan, y si vos tenés en cuenta eso y dejás de lado lo material, lo material después llega solo si tiene que llegar, y llega en el momento que tiene que llegar. Pero yo me enfoco en lo que realmente vale la pena y siempre encomendándome a Dios y a la Virgen.¿Alguna vez le ha rezado, le ha pedido algo a la Virgen de Chiquinquirá?Sí, siempre. En Colombia, siempre, y voy mucho a Monserrate.¿Y va a misa?A veces sí, lo que pasa es que los domingos están todos los partidos del fútbol europeo. A la mañana, a las 7, estoy ya frente al televisor; pero cuando puedo me escapo.Hablando de la fe, ¿qué sintió, como jugador, cuando perdió la final del Mundial con Argentina, en 1990, contra Alemania? ¿Se sintió abandonado por Dios?No; yo siempre agradezco más allá… Porque Dios es el Dios de todos y gana uno solo. O sea, primero sale uno solo, pero ahí ganan muchos. Yo creo que a veces gana el que salió décimo; también gana, crece, se hace mejor. No es ganar ni salir primero nada más. Pero primero sale uno solo, y qué me voy a arrogar el derecho de exclusividad con Dios. Yo no le voy a reprochar nada, y llegar a la final de la Copa América, después de tantos años, de la manera en la que llegamos, cómo jugamos… o a la final de un Mundial... Es un éxito terrible. Hay que verlo como lo que realmente es. Es algo positivo; es algo de un equipo que creció y que llegó ahí, ganándoles a muchos rivales que también son importantes y que quieren ganar y que también rezan. Así que no hay que mezclar…¿Cómo recuerda la experiencia de haber jugado, de haber compartido vestuario con Maradona?Diego era un líder que estaba pendiente de todo, de lo bueno y de lo malo, de las necesidades de cada uno y del grupo. De una práctica de fútbol salía hablando de las jugadas que habíamos compartido, pero que solo él veía; una mente rapidísima y una técnica increíble. Su lectura de juego era la mejor siempre. Dentro y fuera de la cancha era un compañero y un líder total. ¿Y recuerda algo especial de la final de la Libertadores del 85, que le ganaron al América de Cali? (Paradójico que fuera un equipo de Colombia, que hoy es su segunda casa).No jugué. Era parte del plantel, pero era chico y no viajé a Asunción para la final. Pasemos al otro Néstor, a José Néstor Pékerman. Después de tantos años como asistente, ¿en algún momento sintió que no quería irse por el mismo camino y hacer las cosas distintas…?El enfoque global siempre fue el mismo, y a mí José me orientó en ese sentido. En todo lo demás, que podían ser enfoques parciales o puntos de vista distintos en lo táctico, en lo técnico, en las decisiones, yo daba mi opinión. Si yo le digo a todo que sí, no le sirve. Yo les digo lo mismo a los muchachos, ellos son muy libres de decir lo que opinan, así esté en contra de mi opinión, y yo tomaré la decisión final.Claro…Pero eso se dio de una manera natural. Con José, que me conoce de los 14 años en Argentina, porque me dirigió en Argentinos Juniors, y yo aprendí mucho de él sin duda. Pero, bueno, un día dije ‘me voy a largar solo’.¿Y en algún momento hubo algo que hiciera Pékerman que usted haya dicho: ‘no, esto sí yo no lo hago ni loco’…?No, no… él siempre fue muy medido en sus decisiones y en todo, y siempre bastante lógico. Él pensaba mucho antes de tomar una decisión; yo soy un poquito más…Impulsivo…Impulsivo e intuitivo… En el sentido de dejarme llevar a veces y después, bueno, no, no…Cuando llegaron con Néstor Pékerman a Colombia la primera vez, ¿hubo algún prejuicio o leyenda sobre el país que haya visto y dijera: ‘no, esto era pura carreta, me metieron mucho cuento antes de venir a Colombia’?No, no, no… Creo que las cosas te van sorprendiendo a medida que vas caminando. Lo que a mí me gustó es el cariño de la gente, la predisposición que tiene el colombiano para con el argentino. Más allá de que a veces nos hacen algunos chistes, yo sé que nos quieren y nosotros también. Creo que hay una muy buena relación y a mí siempre me hicieron sentir cómodo; porque los amigos argentinos me guiaron por esos caminos, por los lugares donde con los colombianos teníamos una convivencia bárbara, jugamos al fútbol, hacíamos de todo.¿Hay algo que ha aprendido en Colombia que no hubiera podido aprender en Argentina?Hacés cada pregunta… (risas). Hoy está todo muy globalizado. Hoy no es tan simple, hoy estamos todos casi en lo mismo… No sé, me hubiera gustado aprender a bailar bien salsa.Yo soy colombiano y no sé bailar salsa…Mi mujer es maestra de danza, imagínate. Baila salsa mejor que una colombiana, pero yo no, yo soy duro, y para colmo, siendo un poquitito famoso, te da vergüenza, ¿viste?¿Hay alguna costumbre argentina que no perdona aquí en Colombia?El mate. La reunión con amigos. Nosotros nos juntamos, estamos acá todos hasta las cuatro de la tarde y a veces en la noche nos juntamos a comer un asadito y a ver el partido. O sea, decís, estás trabajando. Con la gente de trabajo en otro ámbito y, sin embargo, nosotros somos muy unidos en ese sentido.¿Cuál es el plato colombiano que no se pierde?Me encanta el arroz con coco, con camarones… Todos los platos costeños me gustan mucho. Esa comida es muy rica, y después la lechona también. Me gusta mucho la lechona; bien hecha está buena.La lechona del Campín es buenísima.Te lo iba a decir también. Es buenísima.¿En qué ciudad de Colombia, fuera de Bogotá, le gustaría vivir?Medellín me gusta. De Barranquilla, el clima no me gusta tanto, pero estoy acostumbrado a vivir momentos hermosos en Barranquilla con la gente, con todo. Así que me gusta mucho también, y me gusta Villa de Leyva, pero no sé si para vivir. Y todo el Eje Cafetero me encanta cuando vuelvo… pero no sé si me quedaría a vivir ahí. No sé. Medellín es una ciudad que es más parecida a las grandes ciudades, ¿no? Tenés todo, la gente y el clima…Usted llegó a Colombia y la gente lo veía como con escepticismo, y les tapó la boca a más de uno con su trabajo…No, no, no, pero no es tapar la boca…Lo digo yo, no usted. Porque, de verdad, dejó callado a más de uno después. Pero usted ha tratado de mantenerse lejos de todo eso. ¿En qué momento dejó de ver lo que dicen de usted en los medios?Yo le digo al cuerpo técnico que si hay algo que me tienen que decir, porque involucra algo muy personal o muy agresivo, que me digan; pero si no, si son pavadas o mentiras, que no me intoxiquen, porque la verdad que te hace mal. Yo no manejo mucho las redes, pero tengo un poquito más activo el Instagram, y en Instagram me aparecen cosas que digo: “¡puta, cómo pueden decir esto!” Gente de acá de Colombia que tiran en contra de la Selección. Yo no lo puedo creer, ¿viste? O que inventen cosas para desestabilizar un proceso. Pero bueno… hay de todo.¿Cuál ha sido el día más feliz como técnico de Colombia?El día que le ganamos a Uruguay en la semifinal de la Copa América fue un día muy lindo y me hizo acordar cuando el gol de James en el Maracaná; yo era asistente ahí, y también viví esos momentos lindos. Y después, bueno, cada partido que le ganamos a un equipo de esos campeones. Les ganamos a cinco campeones del mundo en el proceso…Y a Brasil…A Brasil, por primera vez en la eliminatoria. A Argentina, Uruguay, España, Alemania. O sea, les ganamos a Japón, a México, a Estados Unidos. Les ganamos a todos los campeones de Confederaciones, pero eran amistosos…¿Y cuál ha sido el momento más difícil, más doloroso en todo este proceso?Los dos momentos en que yo me sentí mal, o que digo que no salieron las cosas, fue con Perú y Paraguay, y fueron dos empates en realidad. Con dos equipos que nos habían ganado la eliminatoria pasada y todo, pero dos empates que, como veníamos tan bien, y pensamos que ya ahí clasificábamos… fueron empates con sabor a no poder resolver ciertas situaciones y eso te deja como mirando al sudeste.¿Qué le dice a un jugador cinco minutos antes de salir a un partido importante?Siempre doy un mensaje. Cada partido tiene una palabra que lo identifica de acuerdo con el proceso en el que está el equipo. Así que, qué sé yo… a lo largo de tantos partidos he dicho muchas cosas, pero hay cosas que son repetitivas; pero como no siempre juega el mismo equipo, tenés que decirles que son cosas o tácticas o motivacionales o de trabajo en equipo. Por ejemplo, yo digo que el equipo tiene que jugar todo con la misma intención para recuperar o para atacar o para tener la pelota; todos tienen que estar en la misma intención. No puede haber uno que esté distraído o uno que esté atacando y el otro defendiendo, porque ahí ya no hay sincronización. El equipo necesita estar sincronizado. Esa es una de las frases que decimos siempre, pero justificada con el apoyo táctico, cómo está parado cada uno. Un poquito la frase de Kennedy cuando dijo: «No preguntes qué hace tu país por vos, sino qué vas a hacer vos por tu país». Yo quiero que el que juegue esté totalmente involucrado con el equipo en cada situación, o sea, que esté pensando: ‘¿qué estoy haciendo por el equipo?’Hablando de eso, de las cosas motivacionales, ¿cuál le parece que es hoy por hoy el mejor entrenador del mundo? ¿O cuáles le gustan más…?Lo que pasa es que un técnico o líder es el que hace mejores a los otros, y sin duda es una responsabilidad más grande estar al frente de un equipo grande, o al más grande del mundo, como el PSG o el Bayern… Pero también tenés a los mejores jugadores del mundo, claro, entonces sacarles ese poquitito de más es lo que logran ellos… Sacarle ese poquitito de más a una figura internacional es muy difícil; es más difícil que hacer un poco mejor o medianamente mejor a uno que tiene una base más baja, que tiene un piso más bajo. El jugador tiene un piso y un techo, claro, y la tarea nuestra es llevarlos al techo; sacarle lo mejor a cada uno; ese es el líder, el entrenador que hace mejor al otro. Y, bueno, Guardiola, Luis Enrique son de los que me gustan. También me gusta como dirige Arteta. También Roberto Martínez, el de Portugal, es muy bueno, y lo hizo bien en Bélgica… Hay muchos entrenadores muy buenos. Ancelotti, cómo gestiona un grupo, cómo consigue también que el jugador fluya en lo que sabe hacer… Mourinho mismo… No es solo entrenar o hacer un trabajo en el campo, sino gestionar personalidades, egos, espíritus, y eso también los hace grandes a ellos.¿Cuál es el factor que hace que un futbolista sea indispensable para las convocatorias?No, no tiene que haber nadie indispensable; yo no creo. Cuando llegué, que James estaba en Catar y no jugaba tampoco, lo fui a ver, fue al primero que fui a ver y le dije: “Si vos querés jugar en la Selección, tenés que salir de acá”. Porque era un medio en el que él no estaba cómodo, no jugaba, estaba distanciado del técnico, no jugaba, ¿viste? Y le digo “tenés que irte y jugar”, y se fue a Grecia a jugar y se perdió un montón de plata por el cambio, claro, pero el tipo hizo todo para poder estar en la Selección. Y yo les decía a todos, a todo mi entorno, yo tengo que preparar el equipo sin James. Si James está, es la frutillita del postre y del equipo, pero el postre hay que prepararlo igual, y así jugamos sin él un tiempito, hasta que él estuvo bien.Independientemente del resultado, de cómo nos vaya en el próximo Mundial, ¿qué le gustaría que dijera la gente sobre Néstor Lorenzo?Ojalá digan que llevó a la Selección a lo más alto, al nivel más alto del mundo en cuanto a rendimiento y a posicionamiento. Ojalá que podamos lograr el objetivo que tenemos. Y como persona, que fui un tipo honesto, que trabajó con el corazón; que es lo que hago, que es lo que hacemos todos.Una pregunta tonta: ¿cuántas camisas color vino tinto tiene?Tengo varias; pero la que uso en los partidos siempre es la misma.Ah, la de los partidos es siempre la misma…Sí, la misma. Si no, ¿qué gracia tiene?Se pierde la magia…Bueno, tampoco es un calzoncillo roto. Es una camisa que uso una vez por ahí cada tres meses.¿Lee algo que no tenga que ver con fútbol?, ¿qué le gusta leer?Un poco de todo. Hoy estoy más con cuentos que con novelas, por el tiempo, por el seguimiento, por la continuidad que le doy a la lectura y a seguir un relato. Estoy más con cuentitos, pero siempre fui de leer, de distraerme un poquito con la lectura.¿Algún autor predilecto?De toda la vida, muchos. Por supuesto, me gustó mucho García Márquez con su realismo mágico. Me gustó en su momento, de joven, leí mucho a Paulo Coelho, El peregrino de Compostela, y todas esas cosas que eran ideales para la edad que teníamos, tipo Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach; recuerdo haberlo leído a los 17 o 18 años. Y después un poco más, los cuentos y los poemas de Borges. Y una vez que ya leíste un poquito, lo puedes empezar a entender y lo valoras mucho.¿Qué película ha repetido muchas veces y no le aburre nunca?Hay muchas. Me gusta mucho el cine italiano, pero el cine italiano de antes, y un poquito de ahora; me gustó mucho Cinema Paradiso. O Malèna; me parece una película extraordinaria. Después, bueno, algunas sagas como la de El Padrino…¿Cuál es su especialidad en la cocina?Las carnes asadas y las pastas. Vengo de familia italiana…Y ya para terminar, si le dicen que tiene tres días libres sin teléfono, incomunicado del mundo exterior, ¿a dónde le gustaría ir?Al clima ideal para mí, porque me gusta mucho el sur argentino, por ejemplo, a orillas de un lago o de un río, pero tienes que ir en verano porque si no te mueres de frío. Tener una carpita ahí, pescando trucha, no tiene precio. Muy lindo el contacto con la naturaleza, con la vida misma. No me iría a meter entre la gente.Los argentinos son reconocidos por su humor…Acá no nos entienden muchas veces. Lucho Perea (Luis Amaranto Perea) decía que cuando llegamos él no entendía nuestro humor y miraba para todos lados. Él era bastante serio y ahora es más jodón que nosotros; ya con tres años con nosotros está zafado…Néstor Lorenzo es la nueva portada de la Revista BOCAS. Foto:Retrato de Vladdo Sigue toda la información de Bocas en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













