El Mundial de Fútbol de Norteamérica se pone a punto: más partidos, más selecciones y un significado económico más amplio. Solamente en México, el campeonato promete reavivar sectores de arrastre para el desempeño como comercio, turismo, transporte y hospitalidad, lo que ayudará a fortalecer una economía que crece por la mínima. Las diversas estimaciones calculan que los 13 partidos locales representarán un impacto de hasta 4.000 millones de dólares, dada la mayor generación de empleos, un boom de consumo y la renovación de la infraestructura en torno al evento. El torneo tendrá un impacto económico positivo, aunque la magnitud varía de forma significativa según los cálculos. Mientras la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) estima un impulso de hasta 0,5 puntos porcentuales en el Producto Interno Bruto (PIB), bancos y consultoras proyectan aportaciones mucho más modestas, de apenas 0,1 puntos directamente vinculados a la competición. Aun así, incluso estos efectos más acotados serán suficientes para mover la aguja en un entorno más que tibio. El PIB arrancó el año con un traspié, al contraerse un 0,6% en el primer trimestre, tras haber cerrado el año previo con una expansión de apenas 0,8%. “Prevemos que la segunda mitad del año será más potente que la primera; que habrá menos atonía”, adelantó Carlos Serrano, economista jefe de BBVA. La institución, que suele ubicarse en la parte más moderada del consenso de mercado, estima que el Mundial podría aportar hasta tres décimas al crecimiento.Por su parte, la consultora Deloitte proyecta que se generarán unos 112.000 empleos temporales y unos 2.250 millones de dólares en derrama económica, directamente atada al consumo de los fanáticos: la mayor parte del aporte con la gastronomía, hospitalidad y transporte como las industrias más beneficiadas. Una inversión en infraestructura cercana a 1.800 millones de dólares completan el pastel.El Banco de México (Banxico) recientemente ajustó a la baja su previsión de crecimiento para 2026 a un anémico 1,1%, en un panorama que incorpora un buen Mundial y una revisión favorable del TMEC, el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Justo a la mitad del torneo, se prevé que las delegaciones se sienten a examinar el acuerdo, aunque las partes han anticipado que esperan que las negociaciones se prolonguen más allá de la fecha clave del 1 de julio, lo que abrirá la puerta a un esquema de revisiones anuales. Un escenario no ideal para México, pero que, en principio, preservará el tratado y sus beneficios para las exportaciones.Esta será la primera Copa del Mundo en dónde jugarán 48 selecciones. México, además, marcará su propia historia al albergar el torneo en tres ocasiones. También será la primera organizada por tres países. El evento traza así un paralelismo entre el espectáculo deportivo masivo y el grado de integración del bloque norteamericano, en un momento decisivo para su relación comercial, política y de seguridad. “Creemos que vendrán señales positivas sobre el proceso de revisión del tratado. Aunque no se termine con la revisión, con que vengan señales claras –en sentido de que el tratado va a continuar y que México mantendrá su acceso preferencial al mercado estadounidense–, eso debe tener mayor incidencia en la inversión”, añadió Serrano. El intercambio de bienes y servicios del bloque asciende a unos 1,8 billones de dólares anuales. Para Jacqueline Ward, ministra consejera de Asuntos Económicos de la Embajada de Estados Unidos en México, el Mundial funcionará también como una “operational stress test” para poner a prueba en el terreno el nivel de cooperación entre los tres países. La expectativa es ambiciosa: que los visitantes disfruten una experiencia similar en servicios, pagos digitales, conectividad y seguridad en toda la región. Los gobiernos insisten en que están preparados, incluso con grupos de trabajo para atender contingencias sanitarias, en medio de un brote de ébola. “La política externa estadounidense reciente ha estado motivada en conseguir resultados tangibles. El Mundial de Fútbol es una gran oportunidad para mostrar resultados en la relación trilateral. Nuestra sociedad es vital”, añadió Ward en un evento en Ciudad de México para destacar el potencial comercial de la justa. Impacto coyunturalEntre el polvo del cemento y la cal, las aceras rotas y los cambios de último minuto que han sufrido estadios, estaciones de metro, calles y comercios de las tres ciudades sedes –Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey– perdura la duda de si el efecto positivo del campeonato será duradero. Para los economistas, se trata fundamentalmente de un estímulo coyuntural. Máquinas encendidas a toda potencia por más de un mes. En contraste, el desenlace de la revisión del TMEC, y más aún, su capacidad para sostener e incentivar a los capitales a abrir sus billeteras, tendrá efectos mucho más duraderos. En esa misma línea, los planes del Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para impulsar proyectos de inversión público-privada y dinamizar la actividad empresarial serán determinantes más allá del torneo. En el primer trimestre del año, el consumo privado empezó a dar señales de debilitamiento en la mayoría de sus indicadores, de acuerdo con Banxico. La caída en las ventas minoristas, el menor dinamismo industrial y la desaceleración del crédito al consumo reflejan un termómetro que se está enfriando. Detrás de este fenómeno, se encuentran una menor creación de empleo, remesas con menor poder adquisitivo y una inflación que apenas empieza a ceder tras repuntar a comienzos de año. A ello se suman factores externos, como las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, sumadas a una inversión interna que continúa mostrando debilidad, lastrando la expansión. La presidenta ha colocado lo económico en el centro de su agenda, consciente de que su proyecto de bienestar depende en gran medida de la fortaleza del empleo, los salarios y las transferencias públicas. Por ello, ha buscado compensar la debilidad de la inversión privada mediante incentivos, esquemas de inversión mixta, simplificación burocrática y tributaria y el impulso de proyectos de envergadura, agrupados en su programa sexenal, el Plan México. El Gobierno confía en que el Mundial funcione como una vitrina global para proyectar una imagen resiliente y competitiva del país. Inversores y empresarios internacionales se darán cita en los estadios y ciudades sede, muchos de ellos en su primer contacto directo con México. El desafío será convertir esa exposición en una oportunidad duradera para atraer turismo e inversión, por partes iguales. Y a dos semanas del pitazo inicial, el resto será historia. “México ha estado a la altura del desafío. México está listo para la Copa del Mundo, para sus 13 partidos, incluido el inaugural”, aseguró esta semana José Pablo Ampudia, gerente Senior de Relaciones con el Gobierno para México de la FIFA.