El 1 de junio el santoral católico conmemora a una de las figuras más brillantes de la Iglesia primitiva: San Justino Mártir. Nacido a principios del siglo II en Flavia Neapolis, una ciudad de Samaria, dedicó gran parte de su juventud a buscar incansablemente la verdad absoluta a través de las corrientes filosóficas más influyentes de su época. La Visitación de la Virgen María: el misterio del encuentro y el canto profético del Magnificat Tras explorar el estoicismo, el peripatetismo y el pitagorismo sin hallar respuestas satisfactorias, el pensamiento de Platón cautivó inicialmente su intelecto. Sin embargo, su vida cambió por completo al encontrarse con un anciano a orillas del mar, quien lo introdujo en las profecías hebreas y en el mensaje transformador de los Evangelios cristianos.
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La conversión y el legado filosófico de San Justino Abrazar el cristianismo no significó para él abandonar la filosofía, sino encontrar su máxima plenitud. Justino comenzó a vestir la túnica de los filósofos griegos para proclamar que la doctrina de Cristo era la única filosofía verdadera y segura, fundando una célebre escuela en Roma para enseñar públicamente estas verdades eternas. Su genialidad quedó plasmada en sus famosas Apologías, dirigidas a los emperadores romanos para defender a los cristianos de las falsas acusaciones. En estos escritos detalló con asombrosa precisión cómo se celebraban los primeros sacramentos, ofreciendo el testimonio escrito más antiguo e invaluable sobre la estructura de la Eucaristía primitiva. El pacificador de la cristiandad primitiva: el martirio y la fe inquebrantable del Papa San Juan I El arresto del pensador ocurrió bajo el imperio de Marco Aurelio, debido a las denuncias de sus rivales ideológicos. Al ser llevado ante el prefecto rústico, Justino se negó firmemente a realizar sacrificios a los dioses paganos, ratificando su fe inquebrantable antes de ser decapitado junto a varios de sus discípulos. La devoción actual hacia este gran intelectual resalta su rol como patrono de los filósofos y los conferencistas. Las oraciones contemporáneas dirigidas a él suelen pedir el don de la sabiduría, la valentía para testimoniar el Evangelio y la capacidad de dialogar con el mundo moderno utilizando la razón. En esta misma jornada, el santoral católico también recuerda a otros hombres santos como San Íñigo de Oña, San Simeón de Tréveris y San Caprasio de Lérins. Además, durante esta primera semana de junio, la Iglesia universal celebrará la memoria litúrgica de figuras destacadas como San Carlos Lwanga y los mártires de Uganda, y al célebre obispo San Bonifacio. Para los fieles que deseen honrar su memoria en la Ciudad de Buenos Aires, se puede encontrar una imagen y pedir su intercesión en la Parroquia San Justo y Pastor, ubicada en el barrio de Floresta. Allí se reúnen comunidades de creyentes que valoran el legado histórico y la profunda entrega espiritual de este admirable mártir de la Iglesia universal. LV/ff










