Como todas las mañanas, la del sábado 20 de agosto de 1949 un joven estudiante de 21 años llamado William Blatty cumplía con el ritual de recorrer las páginas de su diario preferido, The Washington Post, hasta que se detuvo en un artículo firmado por el periodista Bill Brinkley que le llamó poderosamente la atención. Estaba titulado “Sacerdote libera a niño del Monte Rainier presuntamente en manos del diablo”. Era una nota algo extraña para un medio que, día tras día, seguía el pulso político de Estados Unidos. Blatty la leyó de cabo a rabo e hizo algo más, recortó el artículo y lo guardó sin imaginar que dos décadas después sería la base de su novela más famosa y de una de las películas más taquilleras de la historia del cine, El Exorcista.“En la que quizá sea una de las experiencias más extraordinarias de su tipo en la historia religiosa reciente, un joven de 14 años de Mount Rainier fue liberado por un sacerdote católico, luego de ser poseído por el diablo”, afirmaba el periodista. Por tratarse de un menor de edad y debido a su promesa de preservar la identidad del chico, Brinkley nombraba al protagonista de su historia como Roland Doe, utilizando un apellido genérico que se utiliza en Estados Unidos para mantener el anonimato de las personas. Recién en 2021, tras su muerte, se llegó a conocer que el chico en cuestión se llamaba Ronald Edwin Hunkeler, nacido el 1 de junio de 1935 en el seno de una familia alemana que asistía a una iglesia luterana.PUBLICIDADEl anonimato del chico exorcizado no era el único misterio del caso, porque el periodista afirmaba que su información provenía de “fuentes católicas” que le habían asegurado que para liberar al adolescente de su posesión diabólica se habían realizado “entre 20 y 30 exorcismos”. Esas fuentes también le relataron que, durante esas sesiones conducidas por un cura designado por la curia, Roland había “entrado en un griterío, vociferando groserías y frases en latín –un idioma que nunca había estudiado– cada vez que el sacerdote llegaba al punto culminante del ritual”.Lo cierto es que, si el artículo de Brinkley se hubiera publicado en una revista sensacionalista o en alguno de los medios de poca circulación destinados a los amantes del esoterismo seguramente habría pasado inadvertido, pero su aparición en letras de molde sobre el confiable papel de The Washington Post le dio otra entidad. A ningún lector del emblemático diario fundado en 1877 por Stilson Hutchins se le podía ocurrir que allí pudiera publicarse una nota semejante sin haber chequeado bien los hechos y las fuentes, sin que fuera auténtica.PUBLICIDADRonald Hunkeler, el joven poseído, y William Bowdern, sacerdote especialista en exorcismos.