Cuando sonó la bocina en Oklahoma City, Victor Wembanyama chilló de alegría. Luego lloró desconsoladamente durante un par de minutos. En su tercera campaña en Estados Unidos, el sueño de toda una vida se materializaba con tan solo 22 años: luchará por su primer anillo de la NBA después de destronar al MVP Shai Gilgeous-Alexander y sus Oklahoma City Thunder de la mano de sus jóvenes e irreverentes San Antonio Spurs, que se citan a partir del miércoles con los New York Knicks. La emoción que sobrecogió sobre la pista al pívot francés, llamado a marcar época en el baloncesto mundial, emergió de nuevo en la sala de prensa tras una pregunta sobre Gregg Popovich, su exentrenador de 77 años que seguiría comandando el barco desde la primera línea de no haber sufrido un derrame cerebral en noviembre de 2024. “No sé qué significará esto para él, pero ha pasado por tantas cosas a lo largo de su trayectoria, en especial ahora desde que es El Jefe, cosas que no podemos ni imaginar. Por eso quiero llamarle, verle, conversar”, comentaba Wemby, MVP de la eliminatoria con promedios de 27 puntos, 11 rebotes y casi tres tapones por encuentro. El astro anotó 22 tantos y siete rebotes en el séptimo y definitivo choque (103-111) de una magnífica final del Oeste entre dos equipos capaces de ganar más de 60 partidos este año. A pesar de sus problemas de salud, Popovich ha seguido estando muy presente en el desarrollo del jovencísimo grupo texano que se ha plantado en las Finales de la NBA en su primera aventura en los playoffs. Con movilidad reducida y dificultades en el habla, el técnico con más victorias en la historia de la competición ha liderado el consejo de sabios que ha rodeado en todo momento el grupo que lidera Mitch Johnson, su heredero en el banquillo. En los entrenamientos del equipo, también en los partidos de casa, el hombre que ha llevado a la franquicia a los cinco títulos de su historia observaba atento junto a un elenco de leyendas envidiable: Tim Duncan, David Robinson, Manu Ginóbili, Tony Parker…“Tener a Pop, Manu, Tim o David en el gimnasio, cerca del programa, es un regalo para nosotros. Esperamos poder apoyar al grupo de todas las maneras posibles sin entrometernos en su camino”, contaba a ESPN R.C. Buford, CEO de la franquicia y mano derecha de Popovich desde que ambos aterrizaron en 1994. Entre todos, han ejercido de mentores de un proyecto capaz de transformar en dos temporadas un equipo que perdió 60 partidos en el estreno de Wembanyama hasta dominar el Oeste como en los mejores tiempos.A pesar de su inexperiencia, los Spurs han apeado a los vigentes campeones, que este curso han perdido en total ocho partidos contra ellos. El base De’Aaron Fox, incorporación de verano para apuntalar con algo de veteranía el quinteto titular, tiene 28 años. El resto no pasa de los 25: el escolta Stephon Castle es un diablo a sus 21 años; el alero Devin Vasell un seguro de vida a sus 25; el ala-pívot abierto de 24 Julian Champagnie, una ametralladora desde el triple. Por si fuera poco, el novato Dylan Harper, de tan solo 19 años, aporta la chispa definitiva como sexto hombre del equipo, completado con jugadores veteranos como Luke Kornet, brillante en sus dos acciones defensivas clave en el último cuarto, Harrison Barnes, Kelly Olynyk y Bismack Biyombo. “Pop ha jugado un papel importante toda la temporada, y es algo increíble. No todo el mundo puede contar con la presencia cercana del mejor entrenador de todos los tiempos, así que intento aprovecharlo al máximo”, ilustraba otro rookie de la plantilla, Carter Bryant. El exentrenador, que ostenta oficialmente el cargo de presidente de operaciones de baloncesto de la franquicia, le escribe mensajes después de cada partido, y los dos hablan tres veces cada semana. “Cuando él habla, todo el mundo escucha”, recordaba Wembanyama, que también mantiene contacto permanente con el técnico y varios exjugadores del equipo, una tónica que se extiende al resto de la plantilla.En las semifinales de conferencia, después de que el francés fuera expulsado en el cuarto partido contra los Minnesota Timberwolves, Popovich se acercó al aeropuerto a recibir al equipo: allí apartó a la estrella del grupo para mantener una conversación aparte. El golpe de teatro funcionó. Igual que hace unos días, después de la derrota en el tercer asalto contra los Thunder en San Antonio. El septuagenario entró en el vestuario y la bronca fue esta vez para todos sus pupilos, incluidos el cuerpo técnico y el director general del grupo. La reacción fue inmediata y varios jugadores agradecieron luego el rigor y la franqueza del líder a la sombra. “Es duro, pero a la vez alentador. Sin duda, sigue siendo él mismo. Está afilado, sigue siendo Pop, no ha perdido el ritmo”, valoraba en The Athletic el alero Keldon Johnson, de 26 años y el jugador de la plantilla que más tiempo le ha disfrutado como entrenador. “Tener a Pop cerca es genial, y más cuando todo está en juego. Nadie sabe más de eso que él en nuestra organización. Es alguien con quien puedes hablar sobre cualquier cosa, no solo baloncesto”, concluía Stephon Castle.