El país necesita especialistas motivados, formados en condiciones dignas y capaces de brindar atención de calidad.31 de mayo, 2026 - 09h50Desde mi experiencia como médico en el sistema público de salud, he podido constatar una realidad que rara vez se expone en el debate nacional: la formación de especialistas en el Ecuador se da en condiciones de precarización laboral, explotación encubierta y contradicciones normativas que lesionan tanto los derechos de los médicos como la calidad de la atención que reciben los pacientes. No se trata de una percepción aislada ni de un lamento gremial: es un problema estructural que exige ser visibilizado, comprendido y corregido.La primera contradicción está en el marco normativo. La Ley Orgánica de Salud, el Código de la Función Pública y la Ley de Carrera Sanitaria son severos, incluso punitivos, con el personal médico. Imponen obligaciones estrictas y sanciones para el incumplimiento, pero rara vez se aplican con igual rigor al personal administrativo, que debería ser el encargado de garantizar los recursos, la planificación y la organización hospitalaria. Así, el peso del funcionamiento del sistema recae sobre médicos residentes y posgradistas.El problema se agudiza con los posgrados. En teoría, el posgrado médico debería ser un proceso formativo, una residencia clínica en la que el médico aprende bajo la tutela de especialistas experimentados, con un balance razonable entre teoría y práctica. En la realidad ecuatoriana se ha convertido en un esquema de trabajo intensivo no remunerado. El posgradista debe cubrir guardias hospitalarias, atender pacientes, elaborar documentación, solicitar exámenes y cumplir con todos los procedimientos asistenciales propios de un médico en funciones plenas. Sin embargo, esas horas no son reconocidas como trabajo. PublicidadEsto se agrava con la figura de la “doble guardia”. Muchos posgradistas que tienen contratos laborales en los mismos hospitales deben cumplir su guardia de trabajo habitual y, al mismo tiempo, cumplir con la guardia exigida por el posgrado. En los hechos, estos son dos turnos distintos que implican las mismas responsabilidades médicas, pero que solo son reconocidos como uno. Esta práctica constituye explotación laboral, porque el residente hace el trabajo sin recibir la remuneración correspondiente. El impacto de esta precarización es enorme. En un turno de 24 horas, un residente puede llegar a cubrir hasta 20 camas en hospitalización o decenas de pacientes en emergencias. Los estándares internacionales y las recomendaciones de organismos especializados señalan que un médico, para brindar atención segura y de calidad, no debería atender a más de seis pacientes hospitalizados de manera simultánea. Sin embargo, en Ecuador, por falta de personal y de planificación, se exige a los residentes hacer lo humanamente imposible.PublicidadPublicidadEl impacto sobre la salud mental de los posgradistas es otra arista silenciada. La sobrecarga de guardias, la presión académica, la falta de descanso adecuado y la precariedad económica generan burnout, depresión y, en casos extremos, riesgo de suicidio. En Ecuador, el seguimiento de la salud mental de los posgradistas es prácticamente inexistente. Se los utiliza como un recurso más, sin considerar que son seres humanos con derechos y con límites fisiológicos y psicológicos.PublicidadEl argumento de que “todos pasamos por eso” es frecuente entre médicos especialistas ya formados. He escuchado colegas decir que si en su época tuvieron que soportar dobles guardias y precarización, las nuevas generaciones también deben hacerlo. Esta lógica de perpetuación del maltrato es profundamente dañina. El posgrado médico en Ecuador no es hoy un espacio de formación especializada de excelencia, sino una zona gris en la que se confunde la vocación con la explotación. Es urgente que el Estado asuma su responsabilidad y corrija estas inequidades. El país necesita especialistas motivados, formados en condiciones dignas y capaces de brindar atención de calidad. Para lograrlo, debemos dejar de mirar a los posgradistas como una mano de obra barata y comenzar a tratarlos como lo que realmente son: médicos en formación que constituyen el futuro de nuestro sistema de salud. (O)PublicidadGalo Guillermo Farfán Cano, médico y máster en VIH, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?
La otra cara de los posgrados médicos
El país necesita especialistas motivados, formados en condiciones dignas y capaces de brindar atención de calidad.















