De cada cinco turistas que visitan Puerto Rico, al menos dos se adentran en la espesa neblina que cubre los empedrados senderos de El Bosque Nacional El Yunque. Esto equivale a cerca de 1.2 millones de visitantes al año, más que lo que generaría el Choliseo si tuviera un evento “sold-out” todas las semanas.El Yunque no opera con la infraestructura que llegó a tener durante la era del Nuevo Trato en la década de 1930. Entonces, los Cuerpos de Conservación Civil construyeron caminos, gazebos, piscinas, estaciones, torres de observación, cabañas e incluso, un restaurante dentro del bosque. Su desarrollo como atracción turística ha sido casi tan silvestre como su naturaleza, en gran medida debido a las limitaciones presupuestarias que enfrenta su administración.Para 2018, los visitantes de El Yunque generaban más de $35 millones a la economía, según datos del Servicio Forestal. Y eso ocurrió con la mitad de los visitantes que recibe actualmente. Ese cálculo conservador, probablemente, ha aumentado, de forma considerable, con el crecimiento en visitantes y gastos turísticos de los últimos años. Todo esto ocurre mientras algunas de las áreas más emblemáticas del bosque, como La Mina, permanecen cerradas desde hace ya casi una década.Es absurdo que, con tantos visitantes y tanto movimiento económico alrededor de la reserva, el bosque todavía no cuente con fondos suficientes y recurrentes para operar adecuadamente. La aportación de $4 diarios solicitada por el Servicio Forestal para áreas como El Portal y La Mina apenas funciona como un parche ante años de mantenimiento pospuesto por falta de recursos.Retos que superarMás que por una cuota, el acceso al bosque está limitado por sus estacionamientos y la ausencia de sistemas de transporte alternos. Desde hace años, se discute la creación de un estacionamiento en las afueras de la reserva y que permita a los visitantes desplazarse mediante un sistema de trolleys, pero la iniciativa continúa atrapada entre burocracia y luchas de poder, aun cuando podría representar una fuente de fondos para el bosque. Aunque el Servicio Forestal enfrenta restricciones para operar este tipo de sistema, nada impide que un municipio, una alianza público-privada o una organización sin fines de lucro asuma la operación y destine los recaudos al mantenimiento de la reserva. Tampoco existe impedimento para desarrollar mecanismos alternos como un distrito turístico especial, aportaciones estatales o esfuerzos de recaudación de fondos desde el sector privado que se beneficia directa o indirectamente del espacio natural.La colaboración del sector privado no puede ser tímida. En muchos casos, el apoyo actual se limita a solicitar donativos entre clientes y visitantes. Predomina la percepción de que la responsabilidad de conservar El Yunque recae en otros. Casi 10 años después del huracán María, el bosque continúa enfrentando reconstrucciones lentas, accesos limitados y mantenimientos pospuestos. La solución depende, en gran medida, de que todos nos sintamos convocados a proteger y procurar el buen funcionamiento de uno de los recursos naturales y económicos más importantes de Puerto Rico. Exijamos más. Aportemos más.
Opinión | Cuota para visitar El Yunque: Una propuesta “absurda”
Casi 10 años después del huracán María, la reserva natural lidia con reconstrucciones lentas, accesos limitados y mantenimientos pospuestos afectando su potencial, destaca Ricardo Cortés Chico







