Todavía no sabemos por qué, pero la presidenta decidió iniciar una pelea con Estados Unidos y darla desde un lugar del ring: la esquina de la soberanía. Ahí, arrinconada, suelta sus golpes sin tomar en cuenta los que le caen. Envalentonada con el tema soberano, Sheinbaum cree que este basta para enfrentar la embestida de un Gobierno, el estadounidense, decidido a cobrarse afrentas con los cárteles de crimen organizado en México y sus redes políticas. Redes que actualmente están en el partido de la presidenta. Hay una estrategia política llamada rally’round the flag, que consiste en unir a la población nacional en torno a sus líderes cuando hay una amenaza que viene del exterior. Normalmente produce resultados inmediatos y uno de sus efectos es inmovilizar a la oposición, pues prácticamente la obliga a apoyar la causa nacional. Ante las acciones del Gobierno estadounidense, Sheinbaum decidió alertar sobre la amenaza foránea, pero también se enfiló en contra de nacionales. En lugar de llamar a la unidad, decidió defender a sus compañeros de partido, no al país. Más aún, la emprendió contra una gobernadora de oposición. Prácticamente la acusó de estar al servicio de la CIA —lo cual ha de haber encantado a los estadounidenses—, pero también a los panistas que por fin encontraron la manera de asomar la cabeza y contar con una causa para tomar la calle. Maru Campos es creación exclusiva de Claudia Sheinbuam. La presidenta jamás ha llamado a la unidad nacional. Al contrario, fomenta la división y el encono y obtiene respuestas en el mismo tono.El discurso de la soberanía suena bonito y puede durar mucho, pero soluciona poco. La presidenta cree que tiene un problema judicial o de política local. Pero no es así. La crisis que tiene es con el gobierno de Estados Unidos y no parece que se haya dado cuenta. La famosa cabeza fría presidencial ha dado paso a la conducta rijosa y nacionalista. Es evidente que el gobierno de Trump es diferente a todos los demás que hayamos visto. Su clara vocación injerencista y sus amenazas no dan respiro. La presidenta no tiene siquiera embajador en aquel país, el recién nombrado apenas va para allá y su especialidad es la financiera. Llegará en medio de una crisis en la que le será imposible aportar algo.En Estados Unidos una célebre leyenda adjudica a Bess Truman, esposa del presidente Harry S. Truman, la posesión de una “libreta negra” en la que anotaba las críticas y agravios de periodistas y políticos contra su esposo. Había un temor fundado de figurar en la libreta negra de doña Bess, cuya venganza oscilaba desde la “ley del hielo” hasta la marginación de los círculos de poder. El actual gobierno estadounidense cuenta con su propia libreta negra y toma nota de todo. Basta ver al subsecretario Christopher Landau—que fue un simpatiquísimo embajador— convertido en un vigilante implacable del gobierno mexicano que no deja pasar ni un tuit de los diputados de Morena. Por eso llama la atención que los legisladores morenistas recurran a la abierta provocación a los estadounidenses con sus vítores a Raúl Castro y a Fidel, sus ataques a la CIA y, como colofón, la reunión del presidente de la Comisión de Justicia del Senado de la República, Javier Corral, con un evadido de su justicia como lo es el senador Inzunza. La foto de Corral y el sinaloense quedará en la memoria gráfica de la narcopolítica. Sola y sin la cabeza fría que le acompañó en el primer tramo de la relación con los estadounidenses, la presidenta suelta golpes soberanos, pero inútiles, mientras la etiqueta de narcopartido cubre a Morena.