Cuando la cobertura de su medicación del PAMI cayó del 100% al 50%, Graciela (78) pasó de consumirla regularmente a suspenderla por tramos o comprarla en seis cuotas, hasta que finalmente tuvo que dejar de tomarla. Su caso, que ha sido mencionado en otras oportunidades en este medio como ejemplo del deterioro progresivo de las condiciones de vida de los jubilados, es uno en casi dos millones: a la pregunta sobre cuántos afiliados dejaron de acceder de manera automática a la cobertura plena de medicamentos y pasaron a depender de un subsidio social o de trámites de excepción, el Gobierno respondió ante el Congreso que “se estima que alrededor de 2,2 millones de afiliados se encuentran imposibilitados de acceder al subsidio por razones sociales por no cumplir con la Resolución 2026-428 del organismo”. Según sus cálculos, de esos 2,2 millones, 1,6 millones eran afiliados que usualmente consumían estos remedios.
Para Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, la cantidad real de personas que habitualmente necesita de esos medicamentos es imposible de medir. “Se trata de un universo móvil, no hay un número estático sobre cómo evoluciona, porque son tratamientos en general de corta estadía. Hay medicamentos para hacer quimio, rayos, que después cambian conforme avanza el tratamiento. Hay drogas de mantenimiento, hay drogas de mantenimiento que no se las considera oncológicas, otras que sí”, explicó en diálogo con PERFIL. “Es un gran caos y una gran mentira. El gran mentiroso es PAMI, siempre”, opinó.















