En Parar la oreja. Notas para una política de la escucha, su reciente libro publicado por la editorial Tenemos las máquinas, el crítico cultural argentino se detiene en tratar de pensar (por la escucha social, a partir de ella) algo de este ruido, aturdimiento, aceleración, dispersión, saturación, irritación, agotamiento que produce el “gobierno de la atención” (de la disputa por ella), este “experimento neofascista en curso” del proyecto libertariano que encabeza el actual presidente Javier Milei. Tanto en las 47 breves notas del apartado “mutan los tonos”, como en algunas otras páginas en las que agrupa reflexiones bajo los títulos de “Parar la oreja, entrenar la escucha”, “Escenas de escucha y desobediencia”, “Vocabulario” y una “Coda” en la que aborda “la escritura como laboratorio y pedagogía”, lo que está todo el tiempo presente en este libro es la importancia de encontrar “contraseñas para el futuro”, índices de reorientación que funcionen como reverso de eso inarticulado que marca los “tonos de la época”. Pero ese trabajo por “desmalezar el ruido” no es nunca el de un yo, nos dice Giorgi, ya que “el sujeto de la escucha” siempre implica un campo relacional, capaz de hacer sentidos. “Poner el cuerpo”, en un mundo en el que estos están cada vez más virtualizados (y “muteados”), más empobrecidos y con serias dificultades para “hacer lazo”, es al mismo tiempo entrenar esa predisposición a la escucha para la comprensión de lo que pasa, y la indagación de los sitios, los vínculos, las prácticas en donde tal vez se esté habitando otro tiempo, ese que habilita la hospitalidad, desaceleración, desobediencia, desvío, interferencia, fuga hacia una capacidad de gestar “zonas heterogéneas de encuentros” donde se pueda explorar nuevamente un tipo de trama común “que interrogue lo público”, en momentos en que “la vida pública” se vuelve objeto de los “ataques más brutales por parte de las ultraderechas”.
La literatura como escuela de la escucha social
En Parar la oreja. Notas para una política de la escucha (Tenemos Las Máquinas), el crítico cultural reflexiona sobre el ruido, la aceleración y la saturación que atraviesan la experiencia contemporánea bajo el avance de las ultraderechas. En esta entrevista, piensa la literatura como un laboratorio sensible capaz de leer las mutaciones de la lengua pública y reivindica la escucha como práctica política frente al agotamiento social y la fragmentación de los vínculos.















