Gerramolino es un edén escondido. Una finca que esconde cierto misterio que los paseantes no alcanzan a descifrar. Apenas es visible desde el camino que circula en paralelo a la ría de La Rabia, a donde se asoma en medio del Parque de la Naturaleza de Oyambre. Cuentan que, en sus orígenes, animales exóticos disfrutaban en libertad del jardín hasta que acababan sus días en el zoológico de Londres.

La finca de Comillas, a menos de dos kilómetros del centro de una villa marinera tradicional lugar de veraneo de cierta élite burguesa de pedigrí, va a ser catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Lugar Cultural. No se sabe exactamente cuándo se construyó. Una fotografía de 1880 ya muestra la casa terminada. A día de hoy las imágenes del recinto son escasas. El lugar sigue protegido y reservado.

La importancia reside en su jardín histórico, un vergel de estilo inglés con evocación romántica que aloja una villa de aires victorianos con cierta inspiración oriental. La fachada principal está cubierta de celosías de madera por donde trepan enredaderas. Todo muy poco común al tradicional patrimonio arquitectónico cántabro. Una arquitectura muy singular con una estética diferente al del resto de construcciones comillanas de la época, que seguía una corriente propia del modernismo catalán.