BEIJING (AP) — Chen Jiao tiene un trabajo curioso: transformar a visitantes para que se parezcan a emperatrices de la antigua China, en un contexto en el que los jóvenes exploran un resurgimiento de la cultura tradicional.Es una de los cientos de maquillistas que trabajan en estudios de Beijing cerca de la Ciudad Prohibida, que en su día fue el hogar de los emperadores de las dos últimas dinastías de China: la Ming y la Qing.Cada día, los visitantes llegan para vestirse con túnicas bordadas y adornarse con colgantes de jade y perlas, y protectores de uñas de oro como los que se usaban en la China imperial. El maquillaje se aplica con cuidado, y el cabello se peina y se decora con borlas y horquillas.El costo promedio es de 300 yuanes (45 dólares), aunque los precios pueden superar los 1.000 yuanes (más de 150 dólares).Una vez arregladas, las personas van a las murallas y al foso que rodean la Ciudad Prohibida para posar para fotos y videos que comparten en redes sociales. Al mezclar ecos de tiempos antiguos con la modernidad, algunas combinan sus ropajes históricos con calzado deportivo y gafas de sol.

“Puede ponerse muy concurrido durante las temporadas altas, especialmente en los días festivos y los fines de semana”, comentó Chen.