El 31 de mayo de 1906, las calles de Madrid amanecieron engalanadas. Banderas, flores y arcos de triunfo cubr�an el recorrido por el que pasar�a el cortejo nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg.La capital celebraba una boda real que pretend�a simbolizar estabilidad para una monarqu�a acosada por las tensiones sociales y pol�ticas de principios del siglo XX, pero todo se trunc� cuando a las 13.55 horas, una explosi�n convirti� la fiesta en un ba�o de sangre.Desde un balc�n del n�mero 88 de la calle Mayor, un joven anarquista llamado Mateo Morral lanz� una bomba escondida en un ramo de flores contra la carroza real.Atentado de Alfonso XIIIEl azar quiso que el artefacto no alcanzara de lleno su objetivo, porque los cables del tranv�a desviaron el ramo unos cent�metros, lo que salv� la vida de los reyes, que resultaron ilesos. Aun as�, la explosi�n caus� una matanza: al menos 23 muertos y decenas de heridos. El atentado de Morral, nacido en Sabadell fue, hasta el 11-M, el m�s mort�fero en la historia de Espa�a.Para ejecutar el ataque, el catal�n sigui� paso por paso un plan meticulosamente elaborado: hab�a llegado a Madrid 10 d�as antes de la boda, el 21 de mayo. Durante un tiempo, estudi� la posibilidad de atentar en la iglesia de los Jer�nimos, donde se celebrar�a el enlace, pero las fuertes medidas de seguridad le hicieron cambiar de idea. Finalmente, alquil� una habitaci�n en una pensi�n de la calle Mayor, por donde iba a pasar la comitiva tras la ceremonia en la iglesia.Existen indicios de el anarquista ya hab�a colaborado en otro ataque contra el rey un a�o antes en Par�s. Y esta vez, Morral prepar� el magnicidio con una minuciosidad obsesiva. Seg�n declararon testigos de la �poca, us� varias identidades durante esos d�as; practicaba por las noches arrojando naranjas desde el balc�n para calcular la trayectoria; y pidi� ramos de flores diariamente para no despertar sospechas entre los otros hu�spedes, ante quienes fingi� ser un ferviente mon�rquico. Entretanto, compr� en una ferreter�a dos peque�as cajas de metal de diferente tama�o para elaborar el artefacto explosivo, que ocult� en un ramo de rosas rojas.Cuando finalmente lleg� el d�a del enlace, el regicida dijo a los dem�s hu�spedes que se encontraba indispuesto, por lo que lamentaba no poder asistir al desfile y explic� que ten�a que permanecer en su habitaci�n recuper�ndose, por lo que no quer�a ser molestado. Al paso de la carroza de los reyes bajo su balc�n, consum� el ataque.La explosi�n destroz� a quienes estaban alrededor de la carroza: militares, ciudadanos curiosos y miembros del s�quito. El atentado conmocion� profundamente a la sociedad espa�ola, y aliment� el miedo a la violencia pol�tica. Morral hab�a rellenado el artefacto con dinamita y junto a esta hab�a colocado nitrobencina para aumentar su fuerza expansiva, lo que provoc� la masacre.Fotograf�a tomada segundos despu�s del atentado.Eugenio Mesonero RomanosEl vestido blanco de Victoria Eugenia se manch� con la sangre de los heridos mientras Alfonso XIII la ayudaba a cambiar de carruaje hasta el que marchaba por delante del suyo, conocido como el de respeto. Despu�s, el rey orden� continuar lentamente hacia palacio.Por su parte, Mateo Morral consigui� huir a trav�s de una tienda de comestibles que estaba en la planta baja del mismo edificio de la pensi�n. Acto seguido, se dirigi� hacia la redacci�n del semanario sat�rico El Mot�n, donde su director, Jos� Nakens, le dio cobijo esa primera noche en casa de un tip�grafo. "No nos encontramos ante un pobre obrero o alguien que venga de la extracci�n trabajadora", explica Juli�n Vadillo, profesor de historia contempor�nea en la Universidad Carlos III y en el IES Elisa Soriano Fischer. "Estamos hablando de un intelectual, de una persona avanzada, culta", reflexiona. Mateo Morral proven�a de una acomodada familia de Catalu�a, ya que su padre era due�o de una f�brica textil. El anarquista hab�a estudiado en Francia y Alemania, para trabajar despu�s como bibliotecario de la Escuela Moderna, una instituci�n pedag�gica, revolucionaria para la �poca, profundamente anticlerical y defensora de una ense�anza racionalista, encabezada por Francisco Ferrer, "el personaje m�s perseguido, odiado y vilipendiado por parte de los sectores m�s conservadores de esa sociedad", recuerda �ngel Herrer�n, catedr�tico de historia contempor�nea en la UNED.Se puede decir que Morral era un continuador de la llamada propaganda por el hecho que hab�an protagonizado los anarquistas de finales del XIX, y cuyos partidarios cre�an que un atentado espectacular pod�a desencadenar una revoluci�n social.En aquellos a�os, varias figuras pol�ticas y din�sticas de primer orden hab�an sido asesinadas por anarquistas: el presidente franc�s Carnot, la emperatriz Siss�, C�novas del Castillo, presidente del Gobierno, el rey Humberto I de Italia, o el presidente McKinley, de Estados Unidos.Tambi�n hay que recordar que Alfonso XIII no ten�a descendencia en ese momento. "Morral es capaz de sacrificar todo por cumplir su objetivo", destaca Herrer�n.Aquella estrategia, sin embargo, empezaba ya a mostrar signos de agotamiento. La violencia indiscriminada generaba rechazo incluso entre amplios sectores populares cercanos al anarquismo. Herrer�n explica que numerosos militantes empezaron a ver esos atentados como contraproducentes. "Mucha gente no entend�a esa violencia", afirma, porque "no solo mor�an dirigentes pol�ticos; tambi�n gente que no ten�a nada que ver con esa lucha".Mateo Morral consigui� salir de la ciudad tras el atentado, pero el 2 de junio, cuando com�a en un mes�n cercano a Torrej�n de Ardoz conocido como Ventorro de los Jara�ces, fue reconocido. El marido de la tendera avis� al guarda jurado de una finca cercana, Fructuoso Vega, que tras requerir su documentaci�n, le detuvo para llevarlo al cuartelillo.SUICIDIO O EJECUCI�NLa versi�n oficial dice que, de camino, Morral le peg� un tiro y despu�s se suicid�. Estudios bal�sticos y forenses m�s recientes, realizados a partir de las fotograf�as de su cad�ver, apuntan a que el anarquista fue en realidad ejecutado, bas�ndose en evidencias como que el orificio del pecho de Morral es incompatible tanto con un disparo a corta distancia como con la pistola Browning que, presuntamente, llevaba oculta.Despu�s, las autoridades intentaron demostrar la existencia de una conspiraci�n anarquista organizada. La polic�a detuvo a numerosos republicanos y militantes libertarios, entre ellos Francisco Ferrer y el periodista Jos� Nakens. Sin embargo, nunca pudo probarse la existencia de una trama jerarquizada.El proceso judicial, que tuvo lugar en 1907, conden� a nueve a�os de reclusi�n a Nakens y otros dos militantes anarquistas, acusados de haber ayudado a escapar a Mateo Morral. Por su parte, Francisco Ferrer y otros tres imputados quedaron en libertad al ser absueltos. Al cabo de un a�o, los condenados obtuvieron el indulto, gracias en gran parte a una intensa campa�a medi�tica impulsada por los propios escritos de Nakens, en los que describ�a las duras condiciones carcelarias. Ferrer, sin embargo, no corri� mejor suerte: se�alado como instigador de los disturbios de la Semana Tr�gica de Barcelona (1909), acab� siendo ejecutado."Ni mucho menos hab�a una organizaci�n como tal�, afirma Juli�n Vadillo. "Eso era algo que desde las instituciones se intent� vender, la idea de una Internacional Negra que dirig�a todos los atentados". Herrer�n coincide: "No hac�a falta que alguien dijese 'vete y mata al rey'. La idea estaba en el ambiente. Ahora se habla mucho de los lobos solitarios, pero eso ya lo inventaron los anarquistas".Como el joven anarquista que intent� acabar de un plumazo con la monarqu�a en Espa�a el 31 de mayo de 1906, lanzando un ramo desde el balc�n de una pensi�n, cuya fachada sigue intacta observando el paso de madrile�os y turistas 120 a�os despu�s.