Cuando ya estaba casi vacío el cargador, la ruleta rusa de los penales reservó el balazo para el Arsenal. Y fue campeón el Paris Saint Germain. Bicampeón.Tras el 1 a 1 en los 136 minutos y 15 segundos jugados entre tiempo reglamentario y extra más adiciones, la victoria premió por segundo año consecutivo al mejor equipo, al más generoso con el juego, al que más intentó, el más ofensivo, el de mayor intención de triunfo.Y las estadísticas, que para estas cosas sirven, lo dicen claramente: 72% de posesión el PSG, 28% el Arsenal; 19 remates al arco contra 5; córners a favor 11 frente a 3; pases: 847 versus 311; precisión de pases 93% a 71%; situaciones netas de gol 6 a 3 y, lo más importante, 4 penales acertados contra 3.Hablamos de los siete ítems más relevantes y los siete fueron a favor del club parisino. No hay margen para la discusión. A propósito de los tiros desde el punto penal, ninguno fue atajado, simplemente el Arsenal desvió dos; tirar afuera dos sobre cinco es un porcentaje altísimo. Esto obliga a una pregunta: ¿fueron bien elegidos los ejecutores…?El club del que todos se reían y hacían memes porque gastaba millones y no podía conquistar a la dama más hermosa es ahora el rey del mundo. El que más gana, el que más festeja. Y desde que lo tomó el fondo soberano de Catar -junio de 2011- acumula 42 títulos de campeón entre nacionales e internacionales.Y 9 subcampeonatos. “Ahora el que ríe soy yo”, canta Óscar D’León en su fantástica salsa Llorarás. Algo más: con esta coronación pasa a ser el tercer club más valorado del mundo sólo por detrás del Real Madrid y del Manchester City. Algo han hecho bien los propietarios.Después de tanto insistir y contratar técnicos famosos y jugadores estrella, dieron en la tecla con Luis Enrique (alzó su tercera Liga de Europa), el fabuloso conductor de este ciclo virtuoso de la doble Champions.Llegó con su sencillez, su valentía sin par y su juego a lo Barcelona: tiki taka y al ataque, a ganar siempre. Logró unir al grupo, se libró de Mbappé, un individualista irrefrenable y el PSG comenzó a jugar para el equipo, para el club y para sus hinchas, no para que Kylian engrose sus números personales. Y París empezó a celebrar en grande: en tres años con el asturiano han hilvanado 12 coronas.Y además está el juego, el orgullo de ver a su cuadro jugar bonito y ser el máximo goleador de todos los clubes del mundo. En esta Champions igualó el récord histórico de goleo con 45 tantos.Y en la fase eliminatoria le ha tocado enfrentar a cuatro pesos pesado: Chelsea, Liverpool, Bayern Munich y Arsenal. Imposible reunir más méritos.Era un duelo impredecible: el más goleador (PSG) frente al menos goleado (Arsenal). Y nada menos que los flamantes campeones de Francia e Inglaterra. No obstante, no fue bonito. Tuvo, desde luego, la tensión que siempre ofrece un partido de este nivel.En esta final ha tenido que levantar una situación terrible el PSG: a los 5 minutos, gol del Arsenal. Falló su capitán Marquinhos, al rechazar sobre el hombre (nunca hay que hacerlo), la pelota dio en Trossard y del rebote se fue solo Kay Havertz.El alemán llegó hasta el área chica y fusiló al ruso Safonov con notable definición: estando en posición muy oblicua le pegó bien arriba, la única que le queda al delantero y donde el arquero no la espera.Ir en desventaja apenas iniciarse el partido ante un equipo tan eficiente defensivamente como el Arsenal, que se cierra como una ostra y defiende con los once es una muy mala noticia. El Arsenal fue el que menos goles recibió en esta Copa con apenas 7 tantos encajados (0,47 por juego).Ante tal adversidad, el de Francia luchó con gran personalidad y perseverancia. Vitinha gestionó cien, doscientas veces la pelota moviéndola para acá y para allá buscando un hueco que el Arsenal nunca le dejaba.Su dominio fue haciéndose más ostensible hasta llegar la mejor maniobra del encuentro, al minuto 61, pared de Kvaratskhelia con Dembelé, brillante devolución de Ousmane, se iba para el gol el georgiano y el español Mosquera lo bajó de atrás en el área.Indiscutible penal ejecutado con maestría por Dembelé y empate a uno. Ahí se abrió el partido, Arsenal perdió en parte su consistencia defensiva y el Paris Saint Germain tuvo más espacios para generarle peligro. Barcola, ingresado por el extenuado Kvaratskhelia, tuvo el 2-1 en el último instante del suplementario: remató afuera desde la misma posición en que hizo el gol Havertz al inicio.Párrafo para el muchacho del apellido difícil: Kvaratskhelia. Tremendo presente de Khvicha, encara y desnivela, lo que uno le pide a un puntero que costó 80 millones de euros.No que la tire de nuevo hacia atrás. Se tiene una fe tremenda y con Luis Enrique se potenció. Marcó 10 goles y dio 6 asistencias en esta edición. ¡Y lo que desequilibra…! Jugador de equipo, además.Al final, su fichaje fue un regalo. Por no haber clasificado Georgia, el Mundial se pierde a uno de los cuatro o cinco mejores delanteros del mundo, hoy. Fue llevado a París para sustituir a Mbappé: lo superó ampliamente.Mbappé también merece un párrafo propio: es una pata de conejo, pero al revés. Se fue a la mala del PSG sin dejar un euro en compensación (180 millones habían pagado por él en 2017).Y partió al Real Madrid para ganar la Champions, que siempre le fue esquiva. Le salió todo mal: en dos años fuera, el PSG obtuvo dos veces la Orejona, en cambio el Madrid tuvo dos temporadas en blanco.Y envuelto en crisis. En España la llaman “la maldición de Mbappé”, en Francia le dan las gracias al Real “por habérnoslo quitado de encima”, y en la Torre Eiffel, ayer, una multitud le dedicó el título a Kylian con cánticos. En sorna, por supuesto.Es completamente injusto que un zaguero sensacional como Gabriel Magalhaes haya sido quien fallara el último penal. Si ganaba el Arsenal, era jugador más valioso de la final. El fútbol tiene estos recodos traicioneros. Extraordinario gesto el de Marquinhos consolando a su compatriota y compañero de selección. Es lo que hace un gran capitán.Mención de honor para Willian Pacho, figura enorme del campeón, siempre con su serenidad y su eficacia para defender, siempre conservando la vertical, ganando de arriba y de abajo. Una muralla.Lo mismo Hincapié en el bando de enfrente. Impecable, en una sola ocasión se resbaló y lo desbordó Doué. Cien veces hemos escrito que Ecuador tiene la mejor defensa del mundo. Pacho e Hincapié nos hacen quedar bien.Extraordinario arbitraje del alemán Daniel Siebert. No erró un solo fallo en los 136 minutos y 15 segundos, vio de primera el claro penal a Kvaratskhelia, no compró el supuesto penal de Nuno Mendes a Bukayo Saka, amonestó con criterio, adicionó el tiempo justo en cada etapa y, sobre todo, no permitió que se le fueran encima con reclamos, los apartaba.Arbitrajes así devuelven la credibilidad al hincha. Lastimosamente, Siebert no estará en el Mundial. No fue designado.La corriente futbolística iniciada por Rinus Michels en el Barcelona entre 1971 y 1974, continuada por Johan Cruyff y encarnada luego por Pep Guardiola y más tarde por Luis Enrique todos en el mismo Barça, sigue dando éxitos. Los técnicos españoles, hijos del pensamiento holandés, están un escalón por encima de todos. (O)
El mejor de todos es bicampeón
El club del que todos se reían y hacían memes porque gastaba millones y no podía conquistar a la dama más hermosa es ahora el rey del mundo.










