El centrocampista portugués y sus colegas celebran un triunfo que convierte al PSG en un conjunto de época
“¡Aquí estamos!”, dijo Willian Pacho, “con un equipo muy resiliente”. El defensor ecuatoriano, un tipo inmutable, sobrio, intimidante, señaló que si el PSG logró la Champions por segunda vez consecutiva fue gracias a su capacidad de adaptación al desastre.
Sobrevivió el Paris Saint-Germain a una temporada que comenzó sin pretemporada. Sin preparación física específica después de la final perdida en Nueva Jersey, al cabo del Mundial de Clubes. Se amoldó el equipo de Luis Enrique a un calendario inaudito, futurista, destructor de voluntades y de músculos. Pacho dio fe cuando en plena fiesta se congratuló porque acababan de imponerse al Arsenal jugando deformados, forzados a improvisar con tres centrales contra la costumbre y el adiestramiento, sin Marquinhos, el capitán, sin Vitinha, el estratega, sin Dembélé, el Balón de Oro, y sin Kvaratskhelia, el futbolista más determinante de la plantilla en los últimos dos años. Con media cuadrilla acalambrada metieron a Arsenal, el equipo con la plantilla más larga del planeta, en su campo. Lo rindieron por primera vez en toda la temporada.











