Una gran cantidad de perros rondan calles, pasajes y diversos espacios de barrios de Quito buscando algo que comer o una persona que les pueda dar amor y refugio.Albergues, fundaciones y casas hogar se han montado con el fin de que estos animales de compañía puedan tener una vida digna. Sin embargo, hay una ser de escenarios complejos para erradicar esta problemática.En ese contexto nace el proyecto de Alain Morocho, un joven de 26 años que utiliza el juguete deseado por muchos niños para desarrollar un trabajo social interesante: alimentar a quienes no pueden pedir ni un pan.PublicidadRozando las faldas del volcán Pichincha, en el barrio de Las Casas, Alain llegó en un pequeño vehículo verde. Su padre, madre y hermana lo acompañaban.Su rostro, nervioso, pero feliz, acariciaba un panorama que se revestía de casas sobre una calle empinada y un parque maltratado donde descansaban o caminaban varios perros callejeros.“En la cajuela tengo el carro”, dijo Alain cuando se le preguntó sobre el juguete adaptado que pocos sabían cómo funcionaba.PublicidadPublicidadCaminó varios metros hacia una zona verdosa y su madre le pasó un envase repleto de croquetas para perro. Puso al carro sobre el piso y llenó unos recipientes, adaptados a la parrilla, con una gran parte del producto.Alain se desentendió del momento, mientras era visible esa tierna escena en la que uno de esos perritos se acercó, olió el carro, lo miró y, con desesperación, se acercó a comer.PublicidadEl reloj sísmico más perfecto del mundo está frente a Ecuador: el enigma de la falla que genera terremotos exactos cada 5 añosEl carrito que alimenta esperanza“Mi proyecto nace hace un año. Antes yo hacía entrega de comida a los perritos, pero lo hacía personalmente. Lo malo de eso es que corría el riesgo de que me mordieran. De ahí mi papá me dio la idea y me dijo: ‘Como eres fan de los RC (Radio Control o Remote Control, en inglés), acércate con el carrito para que cojan un poquito más de confianza’”, recordó.El carro, un Axial SCX, tiene nombre propio. Lo conocen como ‘El Magnífico’, esto por el desempeño que realiza y las maniobras que hace para poder escalar pequeñas montañas en parques y terrenos baldíos, solo para llegar con croquetas a los perritos.“El carrito es importado, yo me lo mandé a traer. Tiene algunas modificaciones porque de fábrica viene todo en plástico y he tenido que modificarle bastante para que soporte el peso, para que vaya más veloz, cambiarle el motor, el guardachoques y llantas especiales. Esas han sido las modificaciones que le he hecho”, describió Alain.Tal cual un Jeep Wrangler Rubicon o un Nissan Patrol, ‘El Magnífico’ es macizo. Al levantarlo pesa lo mismo que un quintal de cemento, pero al verlo andar se transforma en una especie de mesero para los perritos callejeros que ven el recipiente adaptado en la parrilla y se sirven el alimento con toda felicidad.PublicidadEl electricista de alumbrado público siempre tuvo como meta realizar esa labor social. Su deseo era atender a quienes no pueden quejarse o pedir comida.Su carro a control remoto, totalmente gris con vivos y detalles negros en la llanta de emergencia, amortiguadores y parrilla, es su medio de trabajo, pues la idea debe evolucionar y, en algún momento, poder tener los recursos para convertir a Alain ‘El Magnífico’ en un albergue o fundación para canes.“Yo vi una oportunidad para que más personas se unan a esto y las redes sociales me han ayudado porque es ahí por donde incentivo para que se unan a esta labor social”, mencionó.¿Cuánto cuesta adecuar un contenedor para vivir?Rutas de ayuda por los barrios de QuitoAlain termina su jornada a las 15:00, luego se dirige a su casa y saca al ‘Magnífico’. Lo lleva a lugares recónditos de Quito, donde la comunidad de perros abandonados es amplia.“Por lo general salgo unas tres o cuatro veces a la semana a hacer los recorridos. Voy por diferentes barrios, los más humildes. Hemos ido por Las Casas, la Comuna, la Roldós, La Lucha de los Pobres, la Ferroviaria, barrios donde hay bastantes perritos”, señaló el joven.Alain siente un apego muy grande con todos los perritos a los que alimenta. No los nombra porque cree que su hogar, hoy por hoy, es la calle, pero espera que ese futuro se pueda cambiar.“A veces a los perritos les maltratan y nos toca incluso salir a defenderlos de personas agresivas. Le he ido cogiendo bastante cariño a esta labor social”, acotó.Contó de un perro que, presuntamente, tiene casa, pero pasa siempre en la calle. El canino ya ubica el carro de Alain y mueve su cola en señal de agradecimiento.Alain dijo que ese es su canino más famoso porque ya lo reconoce y sabe las horas en que sale a alimentarlo.Sin embargo, esta función no ha sido gratis. Alain y su familia han tenido que invertir para poder ser parte de una solución.“Solo el carro, como vino de fábrica, estaba en $ 850; de ahí el motor en $ 200; de ahí, en accesorios, unos $ 200 más. Sobre los $ 1.000 creería yo que está valorado el carrito y aparte los mantenimientos que debo darle para que no se dañe”, contó.Conozca el día oficial del feriado por el 24 de mayoA corto plazo, el joven quiteño pretende implementar su automotor a control remoto para ayudar a personas adultas mayores o en situación de vulnerabilidad, mientras irá maquinando cómo montar una fundación que rescate, cuide y libere a animales en situación de calle. (I)