Francia y Europa han perdido a uno de sus intelectuales de mayor calibre, testigo y observador atento de los siglos XX y XXI. El sociólogo y filósofo Edgar Morin, teórico del “pensamiento complejo”, figura de la resistencia antinazi durante la II Guerra Mundial, murió ayer a los 104 años, según ha informado este sábado su esposa. Morin se mantuvo en activo, publicando libros, casi hasta el final.Un gigante de la reflexión teórica transdisciplinar y ecléctica, políticamente identificado con la izquierda -aunque abandonó pronto, decepcionado, el Partido Comunista-, fue autor de una obra muy extensa, conocida mucho más allá de Francia. Su trabajo se situó a contracorriente de la sociología tradicional y se presentó como una reflexión sobre el ser humano a partir de los datos de la ciencia.El nombre de nacimiento del filósofo desaparecido, de ascendencia judía en parte sefardí, era Edgar Nahoum. Llegó al mundo el 8 de julio de 1921 en París. El alias Morin lo adoptó para despistar a la Gestapo cuando se enroló como voluntario en las fuerzas de la resistencia y luego decidió conservarlo para siempre.Amante de Machado y de Serrat, Morin explicó que la caída de Barcelona en enero de 1939 lo marcó de manera indelebleEn su monumental y denso libro de memorias, Les souvenirs viennent à ma rencontre, que publicó en el 2019, Morin realizó su propia reflexión sobre la muerte, que le acechó varias veces, incluida una agresiva hepatitis que sufrió durante una estancia en Estados Unidos. “Yo también partiré hacia el país donde crece la flor de naranjo”, escribió.Ganador del Premio Internacional Catalunya en 1994, el sociólogo fallecido estuvo muy ligado a España y a América Latina, con inmumerables viajes y largas estancias, por ejemplo en Sitges. Amante de Machado y de Serrat, Morin explicó en varias ocasiones que la caída de Barcelona a manos de las tropas franquistas, en enero de 1939, lo marcó de manera indeleble porque fue el presagio de la tragedia que se abatiría sobre Europa poco después. Con 15 años, había enviado ya paquetes de ayuda para los anarquistas de la columna Durruti.La lucidez de Morin a una edad muy anciana impresionaba. A sus 101 años publicó un libro extraordinario, De guerra en guerra, en el que abordó todos los conflictos en los que había sido testigo, desde la II Guerra Mundial hasta la invasión rusa de Ucrania. El autor destacó la “histeria” de todas las guerras, las mentiras constantes y la criminalización absoluta del enemigo, comparando lo ocurrido en Ucrania con las guerras de la ex Yugoslavia, Argelia o el conflicto israelo-palestino.Edgar Morin y Stéphane Hessel, en una imagen de 2012. PropiasEn el 2025 publicó su último libro, otro ensayo titulado Y a-t-il des lessons de l'histoire? (¿Hay lecciones de la historia?), en el que condensó las conclusiones sacadas a lo largo de su vida. “El resultado de una acción puede ser contrario a su intención primera”, escribió, citando casos como la Revolución Francesa, cuando la aristocracia convocó los estados generales para recuperar influencia y acabó dando la victoria a la burguesía.Morin sostuvo que, para bien o para mal, “un solo individuo puede cambiar el curso de la historia mundial”“Lo improbable puede suceder”, afirma en otra lección. Podría verse como una verdad de perogrullo, aunque luego la razona brillantemente al explicar “el destino increíble de la revolución rusa”, ese triunfo el marxismo, impulsado por una minoría y en un país que no era el ideal imaginado por Marx y Engels. La paradoja de 1917 se repitió en 1991, con el hundimiento de la Unión Soviética, la instauración de un capitalismo salvaje y la vuelta a la práctica religiosa, tan denostada por el régimen anterior. Morin, excomunista desencantado, lo califica como “el fracaso histórico más absoluto”.Lee tambiénEl libro destaca que “la nación es una invención reciente”. Durante milenios lo que contaba eran los imperios y las ciudades, y aún hoy “tres naciones imperio dominan el mundo y lo controlan”: China, Rusia y EE.UU. Según Morin, lo que caracteriza a las guerras es “la robotización que se impone al ser humano”, ya desde la educación militar, para que los soldados realicen gestos automáticos y se conviertan en “autómatas obedientes”. El escritor admite que, para bien o para mal, “un solo individuo puede cambiar el curso de la historia mundial”. Se detiene en Robespierre, Churchill, De Gaulle, Gorbachov y Juan Carlos I, e indaga en el fenómeno de la megalomanía de Mussolini, Hitler, Stalin y Mao.Morin empezó a publicar, de muy joven, sobre su experiencia como oficial aliado en la Alemania bajo ocupación. Fue el ensayo L'an zéro de l'Allemagne. El autor fue muy pronto consciente de que había que superar el rencor y apostó por la reconciliación francoalemana, lo cual no era para nada una obviedad en aquellos momentos.En 1962 salió L'esprit du temps, convertido en un clásico sobre el análisis de la cultura de masas, lectura obligada en las facultades de periodismo. Su obra filosófica principal fue La Méthode, en seis volúmenes, publicada entre 1977 y el 2004.Pese a su condición judía, era muy crítico con Israel y, en su último libro, escribió que “otra lección a sacar de esta historia es que no es suficiente haber sido perseguido para no convertirte en perseguidor”. Sus palabras fueron claras e implacables: “Así, por un nuevo vuelco de la historia, el pueblo que más sufrió persecuciones, ofensas y matanzas, y finalmente un plan de exterminación que, sin la derrota alemana, se hubiera logrado, este pueblo perseguido se ha convertido en una nación dominadora, colonizadora y perseguidora”.Macron define a Morin como “pensador del siglo, defensor de la naturaleza y de los pueblos; era el humanismo hecho persona”Entre los múltiples homenajes del mundo político y cultural destaca el texto del presidente Emmanuel Macron en su cuenta de X. El jefe de Estado define a Morin como “soldado de la Resistencia, militante y libre, escritor y pensador del siglo, defensor de la naturaleza y de los pueblos”. “Edgar Morin era el humanismo hecho persona -añade Macron-. Con su bondad, su curiosidad, no cesaba de iluminarnos. Pensamiento complejo, vida fecunda, espíritu universal. Dirijo a sus allegados las condolencias de la nación”.Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)