A medida que se acerca el primer aniversario de la confirmación de la condena y la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner, el kirchnerismo acelera una campaña que busca trascender la discusión judicial y convertirse en una definición política de cara al futuro de un peronismo que pretenderá volver al poder el próximo año. La consigna “Cristina Libre” que repiten sus seguidores no se limita al reclamo por la detención de la ex presidenta. Es también un mensaje para morigerar las condiciones de esa prisión y, a la vez, un llamado de atención a la propia interna que hoy atraviesa la oposición a Javier Milei. En el entorno de CFK sostienen que el problema no es sólo la condena sino las condiciones bajo las cuales cumple la prisión domiciliaria. Sus abogados mantienen una ofensiva permanente para modificar restricciones que consideran arbitrarias. La discusión recrudeció después de que se difundiera una fotografía de la ex mandataria reunida con varios economistas en su departamento. Tras aquella imagen, la Justicia endureció controles y limitó aún más las posibilidades de recibir visitas. Actualmente, más allá de sus hijos, sus abogados y su médico, sólo puede recibir gente cuatro horas a la semana con previa autorización judicial previa. También continúa la discusión por el uso de la tobillera electrónica, una medida que rechazan por considerarla injustificada. “Está claro que no existe peligro de fuga que sería la justificación lógica de su uso”, repiten en su entorno. Y agregan con ironía: “El que se puede fugar es Manuel Adorni”.