OpiniónEl crítico analiza el impacto y la trascendencia de los 'jingles' que acompañan las campañas presidenciales del 2026.Óscar Acevedo, músico y crítico musical. Foto: Néstor Gómez. Archivo EL TIEMPO29.05.2026 17:40 Actualizado: 29.05.2026 17:40

Los 'jingles' de las campañas electorales no son el factor decisivo que motiva al elector a sufragar por un candidato, pero si generan una recordación que puede inclinar el voto a favor… o en contra. El ejercicio de musicalizar un programa de gobierno puede ser de lo más tedioso y forzado para un compositor de música por encargo.En esta campaña presidencial se repiten aciertos y desaciertos de otras épocas en las que la creatividad brilló por su ausencia. Empiezo por el jingle de Paloma, que abre con un coro muy tropipop similar a los que usan los canales de televisión para anunciar los partidos de la selección Colombia. Hasta ahí la cosa funciona, pero al pasar al verso se convierte en una retahíla donde la redacción del texto dificulta la claridad del mensaje y la dicción del solista se enreda con una terminología ajena al lenguaje común de la música juvenil. El cantante hace maromas para que frases como “no nos roben mas” o “que la ley se cumpla” transmitan un mensaje convocador y esperanzador.El jingle de Abelardo, incluido en un videoclip con coreografías tipo batucada, comienza con un amenazante “tigre que ruge y muerde” cantado por un coro masculino semejante a los de las barras futboleras. El verso que lo sigue es intrascendente y solo sirve de separador para que el coro se repita la mayor cantidad de veces y el votante lo memorice. La letra tiene un mensaje excluyente y nada conciliador, pretende enardecer al elector para infundirle un coraje que lo lleve a votar enfurecido. Los tambores marciales, similares a los de una banda de guerra, son incisivos y están muy alineados con la beligerancia del candidato.El primer verso del jingle oficial de Ivan Cepeda suena muy similar a los cantos de la revolución cubana de los años sesenta, las congas y la clave establecen un ambiente tropical donde las injusticias de la vida son protagonistas y los versos siempre concluyen con las soluciones que Ivan traerá. Sin embargo, la canción se extiende en tantos versos que la hacen poco recordable y contundente.Pero esta pieza pasó a segundo plano cuando Edson Velandia publico su tema titulado 'Las rimas presidenciales', que rápidamente se convirtió en el himno de Cepeda. Aquí entra en juego el humor, factor que las otras campañas nunca tuvieron en cuenta. Velandia juega de manera hábil con rimas simples sobre una base musical monótona, construyendo así un juego de palabras que conquista a cualquiera. Mal que bien, estas músicas van a incidir en la votación del domingo.ÓSCAR ACEVEDOPARA EL TIEMPOacevemus@yahoo.com LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.