Hace más de 1.000 años, los caciques panameños se encariñaron de unas brillantes piedras verdes translúcidas. Tanto valor le dieron a esas piezas que incluso fueron enterrados con ellas. Y no era para menos. Un análisis reciente ha confirmado que eran esmeraldas... que llegaron desde más de 700 kilómetros de distancia.Según dicen los arqueólogos de la Universidad Tecnológica de Panamá en un artículo publicado en la revista Latin American Antiquity, las gemas fueron recuperadas de El Caño y Sitio Conte, dos sitios de entierro de la élite ubicados a lo largo de la costa del Pacífico y que datan de entre los años 800 y 1000 después de Cristo.Ocho esmeraldas halladas en el Gran CocléLas ocho esmeraldas encontradas formaban parte de sepulturas ricamente amuebladas de los gobernantes de la región del Gran Coclé, algunas de las cuales contenían miles de artefactos, incluyendo dientes fosilizados de megalodón, espejos de pirita y oro.Las piedras preciosas se encontraron, por ejemplo, engastadas en un colgante de cobre con forma de araña, en un felino dorado y en un colgante de cobre con forma de mujer. Llegaron desde Colombia tras recorrer las complejas redes comerciales que conectaban las sociedades de Centroamérica y Sudamérica.Un colgante de cobre con forma de mujer hallado en Panamá también contaba con una esmeralda Universidad Tecnológica de PanamáPara descubrir que eran esmeraldas colombianas, los investigadores utilizaron diversas técnicas no destructivas como fluorescencia de rayos X, espectroscopia infrarroja y fotoluminiscencia para analizar cinco de las piedras verdes de Coclé recuperadas en Panamá.Una vez analizadas, los especialistas las compararon visualmente con otras 22 esmeraldas conocidas de Ecuador y Colombia. Las piedras panameñas tenían características químicas consistentes que las vinculaban con el Cinturón Esmeralda Occidental, donde se encuentran las famosas minas de Muzo, y del Cinturón Esmeralda Oriental, cerca de Chivor.Lee tambiénLas esmeraldas panameñas representan, por lo tanto, el yacimiento de esmeraldas más septentrional de la América precolonial. Pero estos, según desgranan los autores del estudio, no se intercambiaron directamente entre los habitantes de las regiones mineras colombianas y los cacicazgos de Coclé.Lo más probable, dicen, es que estas esmeraldas llegaran a Panamá mediante un intercambio indirecto, en el que los objetos pasaban por varias manos a lo largo de las comunidades costeras y fluviales, en lugar de ser transportados a su destino final por comerciantes especializados.Algunas de las piedras probablemente llegaron a Panamá como piezas terminadas, mientras habrían sido perforadas y talladas por artesanos locales. Algunas piezas muestran rastros de intentos fallidos de perforación (un trabajo extremadamente delicado) que dañaron el cristal.Además de su valor simbólico, probablemente también cumplían funciones políticas más amplias, posiblemente asegurando alianzas y sirviendo como tributos. Hacia el año 1000, sin embargo, las esmeraldas y otros bienes extranjeros de prestigio, como los espejos de pirita, desaparecieron del centro de Panamá. Este hecho pudo coincidir con la pérdida del poder comercial y la influencia del cacicazgo Coclé, así como con el fin del uso de los cementerios de la élite.Periodista