Jean Paul Prates
Ciudad de México / 29.05.2026 13:56:36
El conflicto con Irán ha otorgado a las compañías petroleras nacionales (NOC, por sus siglas en inglés) una ganancia extraordinaria. Los gobiernos están recibiendo ingresos que no veían desde hace años. Pero los acontecimientos recientes no justifican redoblar la apuesta por el petróleo. De hecho, son la advertencia más clara hasta ahora de que la dependencia energética deja a los países expuestos a crisis que no pueden controlar.Durante mucho tiempo, las petroleras estatales han sido el gran elefante en la habitación dentro del debate energético mundial, sometidas a mucho menos escrutinio que sus pares privadas. Como exdirector ejecutivo de una de ellas, eso siempre me ha parecido absurdo.Estas compañías representan aproximadamente la mitad de la producción mundial de petróleo y gas, alrededor de 40 por ciento de la inversión del sector y cerca de dos tercios de las reservas conocidas de hidrocarburos. Economías enteras y millones de empleos dependen de ellas. Sin embargo, muy pocas cuentan con estrategias de transición que enfrenten seriamente el riesgo de una caída en la demanda, la necesidad de reducir la dependencia de los ingresos petroleros y la urgencia de una renovación industrial. Los análisis sugieren que las NOC están destinando cerca de 425 mil millones de dólares (mdd) a proyectos que probablemente no serán rentables en escenarios de menor demanda. Al mismo tiempo, los Estados productores podrían perder billones de dólares en ingresos esperados para 2040 bajo una transición energética de ritmo moderado. Es una pésima planificación empresarial.Los acontecimientos actuales están dejando en evidencia los riesgos económicos de una manera que años de diplomacia climática no lograron. Producir petróleo no protege a un país de la inestabilidad; amplifica su exposición a las fluctuaciones de precios, interrupciones en el suministro e inflación. Los gobiernos más vulnerables suelen ser precisamente aquellos con menor capacidad para absorber el impacto: presupuestos fuertemente atados a los ingresos por hidrocarburos y estrategias de diversificación débiles o incompletas.La ganancia de hoy no es una reivindicación del viejo modelo; quizás sea la última oportunidad para reducir la dependencia de él.Lo digo como alguien que ha pasado toda su carrera en esta industria. La salud de largo plazo de empresas como Petrobras es inseparable de la prosperidad de los países que las poseen. Se los he dicho directamente: no existirán dentro de 40 años si continúan por el mismo camino.Un cambio de rumboLa transición lejos de los combustibles fósiles no será inmediata ni lineal. El petróleo y el gas seguirán formando parte de la matriz energética mundial durante años. Pero la dirección es clara: las energías renovables siguen ganando participación, la electrificación avanza rápidamente e incluso el escenario de Políticas Declaradas de la Agencia Internacional de Energía prevé que la demanda de petróleo se estabilice hacia finales de esta década.
